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Nota - Recorriendo América II - por Osvaldo Rodríguez

Recorriendo América

Todavía tengo frescos los recuerdos del hermoso viaje que hicimos en agosto del ' 94 entre La Falda y Miami en un Ford ' 46, Victorio Strazza, Horacio Reggi y yo. Pasaron casi cuatro años y siguen brotando, a pesar del tiempo transcurrido pequeños detalles que se encuentran guardados en los misteriosos vericuetos de la memoria.
El comentario anterior se debe a que hoy, agosto de 1998, Horacio y yo, ya que esta vez Victorio no pudo ser de la partida, estamos de regreso de un viaje aún más increíble; unimos las ciudades de Ushuaia, en Tierra del Fuego, con Anchorage, Alaska, en esta oportunidad a bordo de un Ford 1934, recorriendo más de 27000 kms. de tierras americanas a través de todo tipo de rutas y paisajes.
¿Cómo surgió este nuevo viaje?, realmente no lo recuerdo con exactitud, pero la realidad es que lo pudimos hacer sobre todo gracias a nuestras esposas que nos tienen una paciencia realmente formidable.
Buenos Aires, octubre de 1995, estábamos alojados, mi esposa, mi hija y yo en casa de Horacio, habíamos viajado con motivo de un casamiento a Buenos Aires y charlando una noche, medio en serio, medio en broma surgió la idea de hacer otro viaje de aventuras, decidimos hacerlo en el Studebaker 37 que le había regalado a él en marzo del mismo año y que hasta ese momento era refugio de gatos y comadrejas, encontrándose en un estado tal de abandono que costaba imaginarlo en las condiciones en que quedó después de la restauración, realmente hizo un trabajo admirable.
Fueron pasando los meses, empiezo con los preparativos, los que se basan en su mayor parte en recabar información con respecto a la factibilidad del proyecto y a la fecha más conveniente de llevarlo a cabo. Convenimos en salir el día 31 de marzo de 1997, mientras tanto, en marzo del ' 96 se le presenta a Horacio la compra de un sedan Ford 1934 que está en perfecto estado, ya casi listo para viajar y con los papeles en orden, decide adquirirlo y me hace partícipe de la adquisición, lo compramos en u$s 6000 pagaderos en 10 cuotas iguales.
Junio, 1996, Horacio llegó a La Falda a traer el auto, yo sólo lo conocía por fotos, está muy lindo y anda a la perfección, solamente tiene una vibración un poco molesta pero ya vamos a ver si lo podemos solucionar.
Pasan los meses y a Horacio se le presentan algunos inconvenientes laborales, debemos postergar la salida por un año, o sea que la nueva fecha sería el 31 de marzo del ' 98.
Todo marcha bien hasta que nos informan que nuestro club, la Asociación Cordobesa de Autos Antiguos, tiene dispuesto realizar la salida anual el día 4 de abril y precisamente con destino La Falda, y no aceptan el hecho de que no estemos presentes. Decidimos postergar nuestra partida hasta el 8 de abril.
En la fiesta fuimos los principales homenajeados, recibimos innumerables muestras de apoyo y el presidente de la Asociación, Ignacio Centineo, nos hizo entrega de una suma de dinero, equivalente a 1000 litros de combustible, como colaboración para el raid.

Martes 7 de abril, Buenos Aires, 5:56, en un avión de Aerolíneas Argentinas partimos rumbo a Ushuaia, donde nos encontraríamos con el auto ya que para evitar manejar hasta Tierra del Fuego más de 3000 kms., lo enviamos en camión. Un tiempo espléndido nos acompañó durante el vuelo a demás el personal de cabina fue muy amable, lo que nos hizo casi pasar por alto el peor desayuno del que tenga memoria, consumimos únicamente café ya que lo demás era incomible.
Llegamos a las 9:30, tomamos un taxi y nos dirigimos a la oficina del representante de la compañía de cargas, Norberto Pavlov, nos atendió de maravillas y después de charlar un rato, nos preguntó si ya habíamos hecho reserva de hotel, al contestarle negativamente, nos ofreció alojamiento en una casa de su propiedad, por supuesto le aceptamos el ofrecimiento que más allá de su generosidad, nos hizo sentir muy bien recibidos en tan lejana región de nuestra patria.

Miércoles 8 de abril, tal como lo habíamos planeado hoy es el día “D”, día de partida hacia nuestra lejana meta, son las 8:00 y recién está aclarando. Desayunamos en la confitería de nuestro anfitrión y nos dirigimos a la oficina de turismo donde nos atiende el Director de Turismo de Ushuaia muy atentamente y nos contacta con la gente del Tren del Fin del Mundo para que nos cobre tarifa de residentes, u$s 10 en lugar de los u$s 26 para los turistas.
El emprendimiento es particular, se invirtieron u$s 6.000.000 en ponerlo en marcha, realmente lo han dejado perfecto, está todo en magníficas condiciones, de una prolijidad acorde con el turismo de la zona.
Al llegar a la estación nos reciben muy bien, nos habían dicho que el tren partía sólo si se reunían mas de 6 pasajeros, íbamos con la duda de sí se hiciese el viaje o no, al rato nomás de estar comenzó a llegar gente en varios micros y no solo se realizó sino que tuvieron que poner en marcha otro equipo. Los trenes están compuestos por una máquina a vapor con 6 ó 7 vagones, todo de trocha angosta.
El paseo es muy interesante, se pasa por lugares pintorescos con cascadas y arroyos cristalinos, el tren se detiene en varias oportunidades para que los pasajeros desciendan, aprecien el paisaje bien de cerca y puedan sacar fotos y filmar. Nos acompaña una guía que da las explicaciones del recorrido en varios idiomas, nos enteramos que en épocas de funcionamiento del penal este medio de transporte era usado por los penados para llevar madera de los bosques aledaños al presidio tanto para ser usada en construcciones o como leña. También nos señala las plantas de calafate, las que eran usadas para sellar las juntas de los maderos de las naves o sea “calafatear” las mismas.


Terminado el recorrido, nos están esperando de un canal de TV local para hacernos un extenso reportaje. A las 14:30 estábamos citados con Jorge Bustos, habíamos fijado esa hora como límite ya que queríamos seguir viaje hacia Río Grande, lo esperamos en el lugar concertado hasta las 14:45 pero no llegó a tiempo, nos tenía que traer el decreto donde el Concejo Deliberante declaraba de interés de la ciudad nuestro raid.
Nuestra primera parada fue para realizar una visita al museo de la cárcel, resultó interesante dada la cantidad de historias que guardan sus muros y de los personajes que estuvieron recluidos tras sus rejas, nos imaginamos lo difícil que habrá sido la vida para esas personas en ese clima tan hostil y en épocas en las cuales no existían las mínimas condiciones no ya de confort sino de lo indispensable para poder soportar sus condenas.
Ya en la ruta nuevamente, nos detenemos a cargar combustible y nos alcanza Jorge, venía a traernos el decreto, exhausto tras la carrera que hizo tratando de ubicarnos, le agradecimos su preocupación y su gentileza y reemprendimos la marcha.
Nuestro destino de ese día nos lleva por hermosos caminos bordeando en un momento los lagos Escondido y Fagnano, éste último de unos colores sorprendentes. Llegamos ya anocheciendo, paramos a preguntar una dirección y se nos acerca el Director de Asuntos Institucionales de Río Grande, Julio Voynes, inquiriendo sobre nuestros propósitos, enterado de ellos, nos ofrece alojamiento y cena, aceptamos de buen grado y nos llevan al albergue municipal, sencillo y limpio, para la cena nos lleva el encargado de Prensa de la Municipalidad, Juan Carlos Esquivel, a un buen restaurante y pizzería, concurre con su esposa e hijas y pasamos un momento muy ameno, enterándonos de datos del lugar que de no ser por esa circunstancia no habríamos tenido acceso. Río Grande nos sorprendió por su prolijidad y limpieza, así por su iluminación nocturna.

Jueves 9 de abril, nuestro segundo día de viaje comienza temprano, los primeros 100 Kms. son de asfalto hasta San Sebastián, donde se encuentra la oficina de migraciones chilena, el trámite nos demora bastante ya que por ser Semana Santa, hay mucha gente tramitando el paso. Sigue un camino de ripio en buen estado, llegamos al ferry a las 13:00 hs.., el puerto se llama Laguna Azul, embarcamos luego de una corta espera, en la nave conocimos a un par de americanos que se sorprendieron por nuestro raid, ellos están escribiendo sobre la pesca con mosca en el sur y organizando tours desde EE.UU. con todo incluido, son de San Francisco y nos comprometimos a visitarlos cuando pasemos por allá.
Atravesamos el Estrecho de Magallanes, y seguimos adelante, en un pequeño pueblo, O’Higgins, compramos 20 lts. de combustible, nos cobran u$s 15.-, muy caro ya que en el sur la nafta cuesta u$s 0,38 el litro, seguramente no nos hubiese hecho falta pero ante la duda, es mejor que sobre.
Llegamos a Río Gallegos alrededor de las 18 hs., nos alojamos en un hotel regular y salimos a caminar, no hay mucho para ver, entramos a un pequeño restaurante, comimos entre los dos, 6 empanadas, una coca, una botella chica de vino y 2 cafés, u$s 20.-, bastante caro, tanto por la comida como por el lugar.
El auto anduvo excelente, aunque con mucho consumo de combustible, el primer día, gastó 25 lts los 100 kms., Horacio le reguló el carburador, le calibramos las gomas y el consumo se redujo en forma considerable.

Viernes 10 de abril, nos levantamos temprano y ponemos rumbo oeste hacia El Calafate, eso nos aparta de nuestra ruta pero, según dicen, vale la pena hacer esos kilómetros de más. Llenamos el tanque y le ponemos unos litros en el de reserva, tomamos la ruta, es de asfalto y muy buena, pasamos frente al único surtidor en los 310 kms., no recargamos, grueso error, al rato se nos vació el tanque principal, acudimos al auxiliar y seguimos viaje.
Al mediodía nos detenemos en Río Bote, un minúsculo caserío en donde nos atienden de una manera tal que nos resulta sorprendente, almorzamos bacalao con papas al natural y pejerrey con puré, de postre damascos en almíbar, tomamos una botella de vino blanco, aparte nos vende 7 litros de nafta, ya que estábamos muy justos con el combustible y nos cobran por todo, incluída la nafta u$s 15.- Realmente un precio ridículo, era todo casero y, la atención que nos brindaron, Juan, uno de los últimos pulperos de la Argentina y su familia, la quisiéramos recibir en algunos de los hoteles con varias estrellas en los que paramos habitualmente.
Alrededor de las 15:00 llegamos a El Calafate, no hay nadie por sus calles así que decidimos hacer el tour al glaciar ese mismo día, son 80 Kms. de ripio bastante pasable. El camino es de lo más pintoresco ya que casi en su totalidad vamos bordeando el Lago Argentino, el más grande del país.
Después de un poco mas de una hora de viaje, al salir de una curva, divisamos a la distancia la figura imponente del glaciar, iluminado por los rayos solares, es difícil de describir su majestuosidad, la que nos resulta aún mayor en la medida que nos acercamos.
Ingresamos al parque propiamente dicho y caminamos por las pasarelas que nos permiten apreciar de cerca la gran masa de hielos eternos y los desprendimientos constantes que originan oleadas de distinto tamaño. El glaciar Perito Moreno tiene la particularidad de ser el único en el mundo que avanza en lugar de retroceder.
No era de sorprender que no hubiera nadie en la ciudad ya que parece que todo el mundo estuviese por aquí, en la zona del parque del glaciar.
De regreso a El Calafate, nos dirigimos al hospedaje que teníamos reservado por intermedio de una persona conocida y nos informan que por error se había ocupado, la misma dueña nos consiguió en una casa vecina, una linda habitación con baño privado muy confortable u$s 30.
La Radio local se entera de nuestro viaje y nos citan para hacernos un reportaje, en un hotel - posada muy bueno, creo que el mejor de la zona, dispone de un gran espacio que le permite contar en sus instalaciones con una cancha de golf.

Sábado 11 de abril, salimos temprano, nuestra primera parada es en Río Bote para saludar al amigo Juan, nos invitó con un par de grapas, sacamos un par de fotos y nos despedimos con la esperanza de pasar algún día nuevamente por el lugar.
Los próximos 300 Kms., hasta la ruta 3 son de ripio en buen estado pero de una soledad impactante, en todo el trayecto solamente nos pasaron dos vehículos y nos cruzamos con otros dos, no hay viviendas próximas al camino, únicamente se divisan algunos cascos de estancias alejados de la ruta. Llegamos al asfalto sin problemas, almorzamos en Comandante Piedrabuena y seguimos viaje otros casi 300 Kms., el auto anda muy bien, ya anocheciendo nos detenemos en Fitz Roy, un pequeño pueblo donde cenamos mal atendidos, preguntamos por un hotel y cuando ponemos en marcha el auto nos damos cuenta que la dínamo no carga.
Al llegar al hotel, no salimos huyendo por el problema mecánico, trataré de describirlo, el sereno o encargado nos recibió en el bar con anteojos ahumados a la luz de una lámpara de 2 wats, el edificio se encontraba en una calle de tierra, en su parte externa, pintada por última vez cuando lo construyeron, calculo hace 70 años, había dos surtidores de nafta antiguos en desuso, la habitación que nos dieron, sin cerradura, tenía humedades y agujeros en los revoques, uno de los baños era kilométrico, el otro era prácticamente una letrina sin llave, pero de todas formas dormimos mas de ocho horas de un tirón. Todo, tanto el hotel como su personal parecían sacados de una película de Hitcotch.
Domingo 12 de abril, nos levantamos bien temprano para alejarnos lo más rápido posible del lugar, la dínamo se arregla sola a los pocos kilómetros, la ruta es muy aburrida, sólo algunos desniveles rompen la monotonía, desayunamos en Caleta Olivia y seguimos, pasamos por Comodoro Rivadavia, Trelew y terminamos nuestro día en Puerto Madryn, hermosa ciudad turística que cuenta con un gran puerto de aguas profundas, gran cantidad de importantes comercios y hoteles de todo tipo, paramos en uno bastante bueno u$s 30.- con desayuno. Salimos a caminar por la costanera, la temperatura es agradable y cenamos en un muy buen restaurante los clásicos mariscos de la zona.

Lunes 13 de abril, después de un buen desayuno, retomamos nuestro rumbo, viajamos un par de horas por la desierta Patagonia y llegamos a Sierra Grande, pueblo de 4000 hab., que supo albergar alrededor de 20000 en sus buenas épocas cuando la mina de hierro que se encuentra en el lugar estaba en su apogeo. Hoy está desactivada ya que según nos informan la explotación dejó de ser rentable dado el bajo precio del mineral en otros países, Brasil entre ellos.
Otro de los motivos, también según nos cuenta un antiguo empleado era que la mina podía operar con 600/700 personas pero en la época del proceso llegó a contar con una dotación de 1600, lo que hacía que diera pérdidas ya que había mucho personal sobre todo en las escalas superiores, de grandes ingresos.
La visita a la mina es muy interesante, nos proveyeron de ropa adecuada, botas de goma, casco minero y linterna especial, ingresamos al sector preparado para el turismo, descendemos unos 30 mts. y recorremos alrededor de 1 km. en medio de una oscuridad total. En total existen 90 Kms. de galerías pero solo unos pocos están habilitados al público.
Almorzamos en el pueblo muy bien en una parrilla diente libre, el menú incluía cordero, morcilla, chorizo y con postre y bebida pagamos u$s 20.-, el restaurante es de un cordobés de Villa María, el que de paso nos ofreció un camión Ford T, o lo que quedaba de él por u$s 1800.
De nuevo en camino, con el auto marchando a la perfección, pasamos por San Antonio Oeste, Río Colorado, y llegamos a Bahía Blanca bastante tarde, nos alojamos en un hotel mediocre u$s 45 con un desayuno tan mediocre como el hotel.

Martes 14 de abril, empezamos mal, la dínamo no funciona, la cambiamos pero lo conectamos mal, seguimos sin carga hasta Tres Arroyos donde un electricista nos soluciona el problema en un par de minutos.
Seguimos viaje sin inconvenientes, la ruta es muy transitada, la lluvia nos acompaña por segundo día consecutivo. En ningún momento nos detiene la policía de caminos. Entramos a Buenos Aires tratando de evitar el tránsito intenso ya que estamos sin ventilador y tememos que el motor recaliente.
Alrededor de las 21:00 llegamos a la casa de Horacio con una pequeña falla del motor, pero llegamos al fin.

Miércoles 15 de abril, día de taller después del road test que le hicimos en estos primeros 4000 Kms., bien se merecía el auto una revisión. Manolo, el mecánico de Horacio nos facilitó el espacio para trabajar y él mismo hizo unos ajustes mientras el carburista nos limpiaba el carburador, cambiaba bujías y calibraba el distribuidor, quedó perfecto, listo para la gran travesía.

Jueves 16 de abril, Buenos Aires nos despide con lluvia, tomamos la ruta 9 hasta Zárate, cruzamos el complejo Zárate - Brazo Largo y recorremos kilómetros y kilómetros de campos inundados, el tiempo malo nos acompaña con fuertes lloviznas de a ratos, llegamos a Colón, allí la aduana argentina nos cuestiona el auto diciendo que por ser un auto antiguo no puede abandonar el país, después de algunas deliberaciones, nos permiten cruzar la frontera, sin tomar ninguna nota de nuestra salida ya que por ser frontera del Mercosur, se entra y sale con muy pocos requisitos. Una vez del lado uruguayo, en Paysandú, nos dirigimos hacia Tacuarembó y desde allí a Rivera - Santana do Livramento, ciudades hermanas sólo separadas por dos avenidas de doble mano separadas por un cantero central que permite pasar de un país a otro con solo cruzar el cantero.
Hoy hicimos 730 Kms. en 13 horas, teniendo en cuenta un par de paradas en la ruta y el tiempo que perdimos en la aduana argentina, no estuvo nada mal.
Paramos del lado brasileño en el hotel Jandaia, 3* muy bueno con desayuno, cenamos en el mismo, tiene un restaurante de primera con pisos entablonados, muy buena decoración, maitre, varios cubiertos y yo con el jean de 10 días de caminos de tierra.

Viernes 17 de abril, después de hacerle honor al abundante café da manhá del que no perdonamos nada, nos dirigimos a la oficina de migraciones, están juntas las de Brasil y Uruguay, el trámite es de una sencillez inusual y la atención excelente.
Salimos a la ruta debajo de una copiosa lluvia, desde Bahía Blanca nos persigue el mal tiempo. Ahora tomamos neto rumbo Este, a lo lejos se divisan cielos azules.
El auto, nos lleva por campos con grandes sembradíos de arroz, a una velocidad de unos 85/90 kms/h sin problemas, la calculamos con reloj ya que apenas salimos se rompió el velocímetro y no pensamos perder tiempo en repararlo. Nos dirigimos hacia Porto Alegre con el tiempo en franca mejoría, pasamos al borde de la ciudad con la idea de llegar a Torres alrededor de las 19:00, apenas anochecido pero unos 5 Kms. antes de Capao de Canoa el motor se detiene abruptamente con todos los síntomas de una falla eléctrica, no podía haber elegido peor lugar para detenerse, ya había oscurecido, la ruta es la interbalnearia con un tránsito intenso y muy veloz, además no hay un milímetro de banquina, intentamos solucionar el problema, mientras lo hacíamos se detiene un patrullero para ver que nos pasaba y llama por radio a un auxilio, éste de entrada no pudo hacer nada pero nos remolcó unos 500 mts. hasta un sitio más seguro e iluminado, allí íbamos a cambiar el distribuidor pero a sugerencia del mecánico, cambiamos solamente el rotor y se solucionó el inconveniente.
Decidimos seguir hasta Capao de Canoa y nos alojamos en un hotel bastante bueno, u$s 30. sin desayuno ya que por estar fuera de temporada no lo sirven.

Sábado 18 de abril, podríamos haber salido temprano pero nos dejaron encerrados en el hotel hasta las 8:00 que llegó el encargado no pudimos salir, lo único que pudimos hacer fue acomodar el interior del auto saltando por una ventana a la cochera.
Seguimos por la interbalnearia hasta Torres donde termina, desde allí tomamos la BR 101 hacia el norte, el tránsito es muy intenso sobre todo de grandes camiones. En Torres intentamos comprar un rotor para repuesto, no lo tienen pero nos indican que en Araranguá hay un coleccionista que seguramente nos podrá proveer uno. La persona se llama Alveri de Sá y nos atiende muy bien, tiene alrededor de 50 vehículos en perfecto estado, en su mayoría Ford, estuvo en Córdoba con motivo del Rally Confraternidad, así que veo una patente del evento en su taller con nuestro emblema, imaginen la satisfacción de encontrar algo así tan lejos de casa. Alveri nos consigue un rotor en buen estado, por supuesto nos lo regaló y se mostró muy interesado en participar en un futuro rally en Córdoba.
Después de comer algo liviano en la misma estación de servicio de de Sá, continuamos rumbo norte con la idea de pasar la noche del sábado y el domingo en Camboriú. Pasamos por Laguna y Florianópolis sin novedad, los últimos kilómetros son interminables ya que hay una congestión de tránsito infernal lo que hace que marchemos muy lentamente con una temperatura elevada entre medio de inmensos camiones.
Por fin llegamos al destino de ese día, me asombra lo cambiada que está la ciudad, hay gran cantidad de edificios en construcción, la mayoría con departamentos que no bajan de los 200 mts. cuadrados, todos de gran categoría y frente al mar.
Nos ubicamos en un departamento de un ambiente bastante pasable a un par de cuadras de la playa por u$s 32.- los dos días. La dueña es porteña, hace 20 años que vino y se quedó radicada aquí, tiene varios departamentos y los alquila por temporada.
Salimos a caminar por la costa y nos tienta un Rodizio de pizza que tiene mucho público, la pizza es excelente con una masa muy fina y liviana, había de queso, palmitos, pollo, queso con panceta, tomate, arvejas, choclo, banana con canela, chocolate blanco y chocolate negro, a esta dos últimas no me les animé, nos cobraron u$s 12,50 con bebida incluida.

Domingo 19 de abril, nos tomamos el día libre, salimos temprano y caminamos mucho por la playa, es una jornada espléndida con el sol brillando a pleno hay bastante gente en la costa, tomando sol y en el agua, almorzamos y nos fuimos a dormir un rato la siesta. Retornamos a la playa y contratamos un paseo en banana, subimos con cuatro chicos brasileños, arranca la lancha y yo en la primera caída no puedo volver a subir al artefacto, evidentemente no estoy en estado, pero al menos lo intenté, el que maneja la lancha me sube a ella y hago el paseo por el mar de una manera mucho más cómoda. Se caen varias veces y me alegro de no haber ido con ellos ya que si me caía mar adentro no se cómo hubiese hecho para subirme nuevamente.
Después de un baño reparador en el departamento salimos a cenar algo liviano y retornamos temprano para alistarnos a empezar la semana bien descansados.

Lunes 20 de abril, nos encuentra la temprana hora en la ruta pero a los 3 ó 4 kilómetros nos detenemos otra vez con todos los síntomas de una falla eléctrica, hacemos varias pruebas, armando y desarmando el distribuidor y al final logramos ponerlo en marcha, fallando pero en marcha, retornamos a Camboriú e intentamos conseguir un rotor ya que teníamos la convicción que ese era el problema, no lo conseguimos y recurrimos a los oficios de un mecánico dental el que lo repara con acrílico y aparentemente nos solucionó el inconveniente.
La BR 101 nos lleva hasta Pizarras donde llegamos fallando nuevamente, nos alojamos en un hotel mediocre con las habitaciones que daban a la calle, lo que fue una ventaja ya que pudimos trabajar en el auto hasta, creímos, arreglarlo definitivamente.

Martes 21 de abril, salimos muy temprano, a las 5:30 con las primeras claridades, la ruta nos espera para hacer muchos kilómetros recuperando el tiempo perdido en la víspera, el auto marcha perfecto por unos pocos momentos ya aparece nuevamente la falla, nos detenemos en la playa de una estación de servicio desierta a causa de la hora, armados de paciencia y dispuestos a hacer todo tipo de intento para efectuar la reparación. Después de varios intentos descubrimos que el problema estaba en el condensador.
La dificultad con este tipo de vehículos es que por lo general los mecánicos saben menos que nosotros, o sea que tienen que investigar a ver de que se trata, así que en adelante vamos a tratar de arreglarnos por nuestra cuenta.
Después del cambio de condensador todo anduvo tan bien que al final del día terminamos con 650 kilómetros en nuestro haber. Nos detenemos a pernoctar en Mongagua, pequeña población costera cercana a Santos en una posada confortable, u$s 35.- con desayuno. La cena consistió en una exquisita pizza que consumimos en un local lindero al hotel, el sitio era muy simple pero la atención de primera.

Miércoles 22 de abril, empezamos el día con un sencillo desayuno que va contra nuestras expectativas de saborear un suculento desayuno tropical, el jugo que lo acompaña es de un color y sabor indescifrables, de todas maneras salimos alimentados. Tomamos la BR 116 rumbo a San Pablo pero como no nos interesa entrar a la ciudad, nos trasladamos por una ruta alternativa que nos lleva directo a Guarujá pasando lateral a Santos para así tomar la ruta costera hacia Río de Janeiro por un camino más largo y sinuoso pero infinitamente más pintoresco ya que a su paso se atraviesan poblaciones y bahías de una belleza sin igual, tanto así que si me preguntan sobre cual es la mas bella, me sería imposible inclinarme por alguna de ella en particular ya que cada una tiene un encanto diferente.
Entrando a Guarujá, una pequeña falla de carburación nos detiene en pleno centro, lo desarmamos, limpiamos ya que está bastante sucio y seguimos viaje con la satisfacción de haberlo reparado nosotros mismos.
El clima nos acompaña y nos permite tomar un baño en el cálido océano. Nos detenemos a almorzar en un coqueto restaurante donde nos encontramos con un par de americanos radicados en la Florida que desean hacer negocios con Argentina exportando autos de colección de las líneas Porche, Alfa y otras europeas de valor, nos dan sus datos y quedamos en comunicarnos con ellos a la vuelta.
Nos detenemos a pernoctar en los alrededores de Ubatuba en una posada muy buena, u$s 35.- c/des., ya es de noche pero una hermosa pileta rodeada de palmeras nos invita a tomar un refrescante baño antes de dirigirnos a un restaurante cercano donde nos regalamos un par de caipirinhas que preceden a una liviana cena, entre natatorio, posterior partida de pool, caminata y cena, nos acostamos bastante más tarde que de costumbre.

Jueves 23 de abril, se cumplen los primeros quince días de nuestra partida, hasta ahora solo tuvimos problemas menores. Nos levantamos muy temprano, y ponemos proa al norte, el auto marcha perfecto y la ruta se desliza entre montañas, vecina al mar que nos tienta permanentemente debido a las altas temperaturas, el único contratiempo es la gran cantidad de lombadas (lomos de burro) que hacen aún mas lento nuestro viaje, pero el paisaje bien vale la pena.
Pasamos por diversas y pintorescas poblaciones, entre ellas por Caraguatatuba, hermosa ciudad turística con una costanera fuera de lo común por su amplitud y un puerto de importancia.
A media mañana se nos corta la correa del ventilador, el calor es abrumador, por suerte encontramos un lugar seguro y sombreado, es un poco complicado cambiarla porque debemos aflojar las patas del motor y levantarlo pero en un rato nomás solucionamos el inconveniente. Apenas pasado el mediodía entramos a un pueblo costero con una linda playa de la que somos los únicos bañistas, almorzamos muy bien, por supuesto, tradicional pescado y seguimos viaje, cuando el reloj marca las 17:30, llegamos a Río, con el Corcovado a la vista, nos encaminamos al puente Río - Niteroi, el que bordeando la ciudad nos permite dirigirnos directamente a Buzios, según los carteles estamos a 120 Kms. Pero en realidad, no se si por error en la información o por error nuestro, recorrimos casi 200 para llegar a las 21:00, la demora se debió también a que los primeros kilómetros fueron muy lentos debido al intenso tránsito y al desastroso estado del camino.
En Río das Ostras, localidad turística, nos detuvo la policía y exigía el “carnet do motorista” a Horacio, a pesar de que conducía yo, el agente lo pretendía a toda costa y se enojó bastante, hasta que su compañero le advirtió del error. Nunca había visto un auto con dirección a la derecha.
Ya en Buzios, la Posada del Bosque nos brinda un confortable alojamiento por u$s 35.- c/des.. Le consultamos al propietario por un buen sitio para cenar y nos indica que en el centro a solo 6 cuadras hay varios sitios para hacerlo. Caminamos unas 15, preguntamos nuevamente y nos aconsejan tomar el ómnibus o hacer el viaje en taxi, por lo que resolvemos volver a buscar el auto a la posada, pensamos que el posadero, o no debe saber contar o tiene un complejo de distancia de estar alejado del centro.
El pequeño centro comercial es muy bonito y diferente, muy concurrido por turistas en su mayor parte argentinos, comemos algo en un bar al aire libre que concentra buena parte de la movida del lugar, es bastante tarde y el cansancio empieza a hacer efecto, por lo que retornamos a nuestro alojamiento dejando “el ruido” para otro día.

Viernes 24 de abril, comenzamos el día revisando bien el auto, las tuercas de los palieres se habían aflojado algo, nos lo advertía un ruido característico al arrancar, al intentar ajustarlas, una de ellas zafó, no teníamos repuesto pero la ajustamos lo mejor posible y continuamos viaje con la idea de comprar un par de tuercas en el primer pueblo. No fue tan sencillo ya que ese tipo de rosca no es común en Brasil, de todas maneras no era preocupante por el momento.
A media mañana, nos cruzamos con una camioneta moderna que al vernos pega la vuelta y nos hace insistentes señales para que nos detengamos, es Jason Vogel, periodista del diario O’Globo que nos hace un reportaje y nos informa que en Porto Seguro, 700 kms. más adelante hay un encuentro de Fordinhos, con 22 participantes de varias localidades, en su mayor parte de Sao Paulo y Curitiba.
Hacia allá nos dirigimos con la idea de llegar al día siguiente, sábado por la tarde. El problema que tenemos en esta región es que el sol se pone muy temprano, a las 17:30 es el crepúsculo y a las 18:00 ya es totalmente oscuro, y nos vemos obligados algunos días a viajar de noche, algo que no teníamos planeado.
La zona que atravesamos es agrícola con construcciones de tipo chalet a cuatro aguas en dos o tres plantas con la superior totalmente abierta para ser usada como sala de estar muy aireada y ventilada, también para formar una cámara de aire entre el techo superior y el de la vivienda en sí, que ayuda a bajar la temperatura en estas tórridas praderas.
A las 19:30 llegamos a Vitoria, capital de Espírito Santo, ciudad moderna de 265000 habs, nos ubicamos en un hotel antiguo y mediocre sobre la costanera pero que tenía una linda pileta que calmó los calores pasados en el día. Hoy tuvimos problemas con la bomba de nafta a causa, precisamente, de la temperatura, pero recurrimos al clásico paño mojado y lo solucionamos.
La costanera está concurrida y muy vigilada, nos da la impresión de ser segura y s vamos a recorrerla, cenamos en un pequeño restaurante italiano al aire libre y presenciamos un par de partidos de fútbol playero, uno de varones y otro de mujeres que concentran una apreciable cantidad de público entusiasta, donde pasamos un grato momento mezclados entre ellos y viviendo sus pasiones.

Sábado 25 de abril, nos levantamos a tiempo para ver salir el sol en el horizonte a través de las palmeras que bordean la costa, es un momento especial el que no sé cuando volveré a ver ya que esto se ve en este momento y lugar, habrá otros similares pero exactamente igual jamás. Desayunamos y nos ponemos en camino, los 25 grados de temperatura nos auguran un día tórrido con un pronóstico de alrededor de 40, pero de acuerdo al gerente del hotel, es una época buena para viajar ya que “está fresco”.
Nuestra meta, Porto Seguro, en donde se encuentran los Fordinhos está a 600 kms. y nos proponemos llegar en el día. A las 11:00 ya llevamos recorridos 240, o sea que si todo anda bien, el objetivo sería cumplido.
La ruta es muy buena, pero como casi todos los caminos de Brasil, adolece de una total falta de señalización, además son muchas las curvas y desniveles los que hacen más lento nuestro andar.
Alrededor de las 17:00 ya en el desvío que nos lleva directo a nuestro destino, nos cruzamos con una caravana de Ford A que se dirigía a Eunápolis , sobre la ruta principal, donde los esperaba una batea para llevarlos de regreso a casa, vinieron andando pero se vuelven en camión. Nos detenemos a charlar y nos citamos para más tarde, me dicen que están alojados en el hotel Vela Branca, lo tenemos registrado en la guía Cuatro Rodas con una tarifa de u$s 180.- la doble por lo que decidimos que no contarían con nuestra compañía sino que solamente los iríamos a visitar.
Ya en Porto Seguro, buscando alojamiento, conocemos a un muchacho guía que nos acompaña a una posada del otro lado de la bahía, en Arraial Da’juda, lugar al que se accede solamente por balsa, el sitio es sumamente pintoresco y diferente, la posada muy confortable y cuenta con todas las comodidades, TV, aire, pileta, todo rodeado de una profusa vegetación, todo por u$s 23.- c/des y mosquitos incluidos, ya están preparados para esto último y proveen de repelente.
El sector es indescriptible, son todas calles de tierra en desnivel con posadas inmersas entre árboles y arbustos, existe un pequeño centro comercial donde se encuentran bares y sitios para comer, además de locales de ventas de artesanías, todo con un aire tenebroso en el que da la impresión de que estamos fuera de lugar ya que rechazamos en varias oportunidades consumir distintos tipos de productos que nos ofrecen, y no precisamente dulces regionales. Evidentemente no encajamos en el sitio, al menos en esta época ya que somos los únicos tipos “normales” dando vueltas por la zona.
Después de pegarnos una ducha y cambiarnos, volvemos a Porto Seguro, para lo cual contratamos al guía para que nos indique el camino de ida y de vuelta, son 4 ó 5 kms de tierra totalmente poceados, con lomos de burro, sin iluminar y sin señalizar, por lo que pensamos que nos iba a ser muy difícil llegar, al menos de noche.
En el centro nos encontramos con parte del contingente de los Ford y nos indican que en el hotel están los restantes, hacia allá vamos, el Vela Branca es espectacular, posee un gran terreno, es un hotel-parque al que se entra por una calle con servicio de guardia que impide el paso de personas extrañas, no se como nos dejó pasar a nosotros. Allí nos reciben, Médice y de Asevedo, el primero, presidente del Club que nuclea a los Fordinho y el segundo, hombre de Sao Paulo, viejo conocido ya que en oportunidad del conflictivo Rally Confraternidad ' 92 estuvo en Córdoba.
Nos atendieron de una manera espectacular, y después de compartir una buena cena y hacernos obsequio de un par de remeras y gorras alusivas al encuentro, quedamos comprometidos a mantener contactos para ver las posibilidades de participar juntos en futuros encuentros, poniendo un manto de olvido a viejos malos entendidos.
Durante la cena nos presentan al gerente del Vela Branca y se muestra consternado por el hecho de que no estemos alojados en su hotel, le explicamos que es por un motivo económico ya que nos habíamos informado de la tarifa por la guía 4 Rodas, nos invita a que cambiemos de alojamiento ofreciéndonos un costo de u$s 90.- con el 40% de descuento, un precio realmente especial teniendo en cuenta la categoría del mismo, de todas maneras preferimos quedarnos donde estamos, no por el precio sino porque por una sola noche no valía la pena el cambio.
Médice, antes de despedirnos efusivamente, se ofrece para colaborar con nosotros en caso de cualquier tipo de inconveniente que tengamos dentro del territorio del Brasil, esto escrito así, suena un poco frío, pero estando tan lejos de casa nos hace sentir que viajamos acompañados y seguros ya que sentimos la calidez y sinceridad del ofrecimiento.
De regreso a nuestra posada, nos detenemos en las cercanías del embarcadero en un sector netamente turístico donde hay decenas de puestos y locales con ofrecimiento de todo tipo de artesanías, ropas, bebidas y comidas regionales, hay una gran cantidad de turistas que circulan por el lugar meneándose al pegadizo ritmo de las lambadas que brota de distintos equipos de sonido ubicados convenientemente en los puestos que ofrecen cassettes y compact-disc como souvenir.

Domingo 26 de abril, para nosotros un día más, me levanto muy temprano y me dirijo a la, creo, cercana playa, según el guía de la tarde anterior, la posada se encontraba a 100 metros de ésta, posiblemente así sea pero a 100 metros de diferencia de altitud y medidos con un elástico, de todas maneras el recorrido de unos 600 ó 700 mts me permite disfrutar a esa temprana hora del canto de pájaros de infinitos colores, difíciles de describir, que se hallan en las ramas de los árboles que forman parte de la vegetación exuberante.
Aparte de los pájaros, nada quiebra el silencio matinal, lo que me permite disfrutar del paseo y observar la zona con detenimiento, el sitio es diferente a los lugares turísticos a los que estamos acostumbrados, las viviendas, en su mayor parte, posadas, están sumergidas entre los árboles, éstos cubiertos de plantas trepadoras, las calles con desniveles muy pronunciados y no muy prolijas en cuanto a limpieza. Llegando a la playa, en una pila de residuos, compartían el festín unas cinco gallinas con su prole y tres hermosos pavos reales, haciendo caso omiso al apartheid.
La playa tiene el fondo rocoso y se forma una laguna antes de la rompiente en la que el agua toma una temperatura tan alta que en algunos momentos, a pesar de que me gustan las aguas cálidas, resulta desagradable.
El retorno al hotel es cansador ya que la pendiente parece más pronunciada a causa del calor reinante a pesar de ser muy temprano todavía. Vamos al pequeño y abigarrado centro, o como se llame el sector con pequeñas y desoladas tiendas multicolores, es cerca del mediodía y el calor apenas se soporta a la sombra, al sol, la transpiración brota de debajo de las uñas.
Por la tarde volvemos a la playa, después de una refrescante siesta, son las 16 hs. y no hay nadie, caminamos un buen rato y regresamos para, al atardecer ir a cenar algo al inexplicable centro del enigmático, para nosotros, poblado.
Mientras comemos unos ricos brochettes, se nos acerca un argentino hippie ya mayorcito, compartimos un par de cervezas y nos cuenta parte de sus rollos, declara tener 44 años pero parece de 55, según él, ya hace cinco que no se droga pero no nos quedó en claro si se refirió a cinco años o a cinco minutos ya que su estado era bastante lamentable.

Lunes 27 de abril, después de desayunar en el quincho de la posada, con los ojos impregnados por el verde que nos rodea, no nos queda otra opción que continuar nuestro viaje, en el embarcadero, a pesar de ser muy temprano, la actividad es intensa, abordamos la balsa y retomamos la ruta, apenas recorridos un par de kilómetros nos detenemos a ajustar los palieres, fallamos en el intento ya que las roscas, tanto de las tuercas como de los ejes no están bien, preguntamos por una tornería y estábamos a 150 metros de una muy completa. David, el tornero, tiene mucho oficio y nos hace un buen trabajo, aunque protestando ya que uno de los palieres estaba tan mal que hubo que soldarle la tuerca, un trabajo no muy ortodoxo pero con el que obviamos desarmar el diferencial, engorrosa tarea tratándose de un Ford, que nos iba a demandar un par de días para hacerlo. Estuvimos demorados unas tres horas solamente y aparentemente todo quedó arreglado, el tiempo nos lo iba a decir, de todas maneras teníamos el repuesto para solucionar el problema, si esta reparación no daba resultado.
Hoy por suerte no hace tanto calor, el auto marcha a la perfección pero nosotros estamos sensibilizados con los ruidos, tanto así, que después de andar un rato, sentimos un sonido diferente, un golpe sordo que nos preocupa mucho, ya estábamos imaginando algo grave cuando advertimos que habíamos dejado un taco de madera suelto en el techo y eso había sido la causa de nuestro sobresalto.
Al rato, escuchamos otro ruido diferente y vemos rodar algo por el camino detrás nuestro, intentamos hallarlo pero fue imposible por lo densa de la vegetación, no podemos detectar que es lo que era ya que no encontramos fallas mecánicas pero una revisada exhaustiva nos lleva a descubrir que era una de las bocinas, la damos por perdida con la convicción de que el auto se está desarmando poco a poco.
Nuestro viaje continúa y pasamos por varios poblados típicos de esta zona del nordeste brasileño, el paisaje nos depara sorpresas a medida que vamos andando, la tierra rojiza y una vegetación alucinante nos acompañan en esta etapa del camino. Vemos varias víboras aplastadas por vehículos, de un tamaño respetable, no tenemos ninguna intención de detenernos y mucho menos aún de internarnos en la floresta.
Alrededor de las 19:00 llegamos a Valencia, antigua ciudad costera donde nos ubicamos en un hotel muy confortable u$s 32.- c/desayuno, hacemos las averiguaciones correspondientes en cuanto a un lugar bueno para cenar y nos recomiendan con acierto un acogedor restaurante donde degustamos una excelente moqueca de camarones acompañada de ensaladas, piráo, papas fritas, porotos, arroz y elaborada con aceite de dendé rojo, clásico de la zona y de un sabor muy particular.

Martes 28 de abril, nos despide de Valencia el mejor desayuno que tomamos hasta aquí, aparte de todo lo clásico, dulces, manteca, huevos, fiambres, panes, quesos, masas, y unas bananas fileteadas y cocinadas con azúcar, exquisitas.
Salimos a la ruta, “tudo bem”, después de unos kilómetros, un puente nos permite llegar a la isla de Itaparica, lugar turístico de nivel internacional donde los balnearios se suceden sin cesar, la recorremos del extremo sur hasta el norte, donde se encuentra el puerto en el que operan los ferries que unen la isla con la ciudad de Salvador, capital del estado de Bahía, primera capital del Brasil y cuna de la cultura y de las costumbres de este gran país que estamos recorriendo en este “loco“ viaje.
El trayecto de la jornada es corto ya que viajamos 110 kms por tierra y 25 por mar, en una hora de barco, de haber ido todo por tierra hubieran sido casi 300 de ruta.
En el viaje se nos acerca un joven brasileño de unos 35 años, muy entusiasmado con nuestro carro, es socio del Club Off Road de Bahía, se ofrece a contactarnos con el presidente de la Federación Bahiana de Automovilismo, la que nuclea a aficionados de todas las categorías, Vicentinho, nuestro nuevo amigo, lo llama desde el ferrie por celular y Roberto Becerra, el arquitecto, argentino, entusiasta presidente de la Federación, con 15 años de residencia en Salvador, nos cita en la playa de estacionamiento del Shopping Iguatemi, hacia allí nos dirigimos guiados por Vicentinho. Mientras esperábamos a Roberto, nos sorprenden los saludos ruidosos de un cordobés de Jesús María, el que al ver los carteles del auto se arrimó a charlar con nosotros, terminó siendo amigo de un vecino de La Falda.
Roberto resulta un tipo macanudo con muy buena onda, después de charlar un rato, nos acompaña a un hotel casi sobre la playa, es sencillo y económico, u$s 32.- c/desayuno, llueve torrencialmente y no podemos aprovechar la playa. Quedamos citados para ir por la tarde a un periódico a hacer unas fotos para un reportaje y luego a un city tour. Nos dirigimos, luego del diario y con su auto, al edificio donde vive, mientras va a hacer unos trámites lo esperamos al lado de la piscina, ésta se encuentra rodeada de jardines con una vegetación enmarañada y poblada de pequeños animales e insectos que con sus sonidos causan la impresión de estar inmersos en una jungla a pesar de que estamos en el centro de una de las zonas mas paquetas de Salvador. El edificio cuenta también con canchas de papi-futbol, tenis, sala de sauna y salones para fiestas, además de un bar en las cercanías de la piscina donde tomamos un par de cervezas mientras esperamos a nuestro anfitrión.
De regreso, nos lleva primero a probar una comida típica de Bahía, se trata de una especie de bollo preparado con mucha elaboración, sobre la base de harina de feijao, muy batida que toma la forma de una albóndiga grande, la que, frita en aceite de dendé, rojo y muy sabroso, se torna crocante por fuera y tierna por dentro, se sirve recién frita, abierta al medio y rellena con distintos elementos, la nuestra era con camarones secos y a pedido, sin picantes, muy rica. Esta comida es elaborada y ofrecida por típicas mujeres bahianas con sus impecables vestimentas blancas, muy prolijas con tocados del mismo color, en una especie de tinglado que concentra a una gran cantidad de vendedoras que ponen un toque de color al lugar. Cabe destacar la simpatía y amabilidad de estas vendedoras.
Después de la degustación, nos dirigimos a una agencia de lanchas y motos que se inauguraba, ¿qué hacíamos allí?. Resulta, que Roberto estaba invitado y nos llevó a nosotros. Les tomamos y comimos todo, en buena parte gracias a los buenos oficios de Horacio que se las ingenió para servirnos y servir inclusive al dueño de casa ya que los mozos nos tenían olvidados.
Nuestra siguiente etapa nos llevó al Pelourinho, la parte antigua de la ciudad y corazón de los orígenes del Brasil y el alma de Bahía, en este sector de la ciudad se encuentra la casa de Amado y se hicieron las filmaciones de Doña Flor y sus dos maridos. Hoy es martes, Terça Feira, día de fiesta en el Pelourinho, pero lamentablemente está de duelo por la muerte de un personaje político muy importante, futuro gobernador y probable candidato a la presidencia del país, así que nos tenemos que conformar con dar una vuelta con el auto, sin bajarnos ya que nos recomienda la policía que no lo hagamos, porque el ambiente está pesado y no ofrece demasiada seguridad. En los sectores donde hay gente, la calle está alfombrada por latas vacías de cerveza.
Después de la casi frustrada excursión, regresamos al hotel, donde nos despedimos con el sentimiento de que dejamos un amigo a pesar de que nos conocimos hace apenas unas horas. Queda pendiente la firme promesa de organizar una caravana de 4 x 4 desde Bahía hasta Córdoba.

Miércoles 29 de abril, a las 07:00 estamos saliendo a la ruta, nos esperan largos días de camino por delante y si por mí fuera, encuentro justificativo en cada lugar para estar un día más, Horacio es inconmovible y continuamos viaje. Nos alejamos de la costa, los primeros kilómetros son muy buenos y se recorren con facilidad, pero de repente el paisaje cambia abruptamente y de una densa forestación tropical pasamos a un semidesierto cuya única vegetación son cactus que no creíamos hallar en estas latitudes, la ruta se torna en un momento intransitable y por unos 30 ó 40 kilómetros está totalmente destruida; tierra, pozos y un tránsito intenso, hacen bajar nuestro promedio drásticamente ya que circulamos a 5 ó 10 kms por hora, con gran dificultad, tratando de conservar en buen estado el vehículo.
Alrededor de las 17:00, con 500 kms recorridos a pesar del tiempo perdido por los malos caminos, arribamos a Petrolina, en donde nos aconsejan pernoctar ya que la próxima población se encuentra muy alejada y hay peligro en algunos de los caminos.
Buscamos asesoramiento sobre la ruta a seguir al día siguiente y nos encontramos con tres opciones, la ruta del Este, de noche es muy peligrosa, tanto así que los micros viajan en convoy con una patrulla adelante y otra atrás por seguridad, de día, se podría ir pero no es aconsejable; la ruta del centro es la más peligrosa de todas, tanto por los asaltos como por el estado del camino y por último la del oeste, un poco más larga pero segura. Después de recopilar estos datos, nos ubicamos en un hotel céntrico, muy cómodo por u$s 36.- s/desayuno y salimos a caminar un rato y a cenar en esta linda ciudad, en nuestra caminata nos encontramos con un grupo de jóvenes y niños practicando capoeira, una especie de lucha al aire libre muy interesante. De regreso al hotel, nos enteramos del triunfo de Argentina sobre Brasil en el campeonato mundial ’98.

Jueves 30 de abril, con todo el viaje planificado, salimos a la ruta, eligiendo, creemos, la única opción segura, después de llevar recorridos los primeros 100 kms, nos damos cuenta que debido a un error causado por la falta de señalización, elegimos la peor, decidimos seguir adelante ya que hasta aquí, el camino estaba bastante bueno y no había forma de salir sino regresando al punto de partida, o sea que eran 100 kms de vuelta, apenas pasamos el límite entre Pernambuco y Piauí, la cosa cambió de repente, lo que había sido una ruta normal se convirtió en un paisaje lunar, sin banquinas, con la vegetación invadiendo el camino y unos orificios en la pista de un tamaño increíble, nos lo habían contado, pero esto escapaba a nuestra pobre imaginación, fueron 50 ó 60 kms de terror, viajando casi a paso de hombre y con el temor de ser asaltado en cada recodo del camino. El tránsito no existe, no sé si esto es mejor o peor, estamos solos por un largo rato, esquivando agujeros y pensando que detrás de cada arbusto hay alguien dispuesto a asaltarnos. Pasado ese tramo la cosa mejora algo, nada más ya que apenas nos confiamos y pretendemos aumentar la velocidad, aparecen más buracos que nos obligan a andar lentamente, de todas maneras y gracias a que siempre salimos bien temprano, el fin del día nos espera en Teresina, capital de Piauí con 600 kilómetros recorridos sin inconvenientes.
Nos ubicamos en un hotel muy bueno u$s 45 c/desayuno y salimos a cenar algo, lo hacemos en un lugar singular, en una terraza al aire libre, muy concurrida, nos llama la atención el gran consumo de botellas de cerveza, nosotros tomamos solamente tres pero en las mesas vecinas, se amontonan los envases vacíos, mudos testigos de la sed que cargaban los ocupantes. La cena consistió en una picada de carne en trozos pequeños cocinada a la plancha con guarnición, además de un plato de dados de queso empanados y fritos que eran una delicia.
Salimos del restaurante y dando vuelta la esquina, en la misma manzana, nos topamos con la inauguración de una muestra pictórica a la que ingresamos, charlamos un rato con el expositor, aceptamos unas bebidas (jugo de Cajú) y volvemos al hotel, a reponer energías para el día siguiente.

Viernes 1º de mayo, sin perdonar un exquisito desayuno, el que incluía un budín de milho inolvidable, ya a las 06:30 estamos en la calle, hay mucho movimiento a pesar de ser primero de mayo, Día del Trabajo. Al cruzar un gran puente metálico, de una sola mano, por el que también pasa el tren, violamos el semáforo que habilita el tránsito alternativamente de una u otra mano, nos demoran unos minutos y nos dejan seguir viaje.
El cruce del puente significa la salida del estado de Piauí, con lo que nos internamos en Maranhao, ya con rumbo a nuestro destino, Belém.
Al principio el trayecto transcurre por buenos caminos, pero luego nos aguardan unos 300 kms, no de “pista con buracos”, como nos habían anunciado, sino de “buracos con pista”, tratamos de esquivar todos los posibles y a veces hasta lo logramos. La vegetación es cambiante, en partes de llanura y en partes de exuberancia tropical.
Nos separan de Belém, 945 kms sin posibilidades de hospedaje, salvo en los primeros 100 o en los últimos 70, así que decidimos hacer el trayecto en el día. El auto, ya hace tiempo que no lo menciono, anda tan bien que no nos acordamos que existe.
A pesar de ser Primero de Mayo, vimos mucha gente trabajando y en los pueblos que atravesamos todas las tiendas y comercios, si se les puede llamar así, abiertos.
Con respecto a esas poblaciones, hemos visto decenas de ellas, todas al borde de la ruta y de una precariedad rayana en lo paupérrimo, las viviendas son, en general de un enrejillado de madera recubierto con adobe, con techo de paja, careciendo en muchos casos de puertas y ventanas, los ayuda la benignidad del clima.
Llegamos a Belém a las 21:30 y, como no podía ser la excepción, nos costó conseguir hotel y cuando lo hicimos, decidiéndonos por el más caro, hasta ahora, del recorrido, tenía un lobby hermoso, buena decoración y personal de sobra pero a pesar del precio la habitación era malísima, con TV blanco y negro, increíble en un hotel que se titule 4 estrellas, por si alguno va a Belém, el nombre de dicho alojamiento era Hotel Regente, para tenerlo presente y no equivocarse.
Pretendimos comer algo en el hotel, algo imposible por la hora, por lo que tomamos un taxi que nos lleva a las cercanías del puerto en donde hay unos ómnibus convertidos en restaurantes de comidas rápidas, el que elegimos tiene una atención de lo peor, como ejemplo, basta decir que a uno de los mozos se le cayó una caja de escarbadientes al piso, el cual no se destacaba por su limpieza, los recoge con muy poco disimulo, y vuelve a sacar de los mismos para entregárselos a los clientes que los solicitan.
Regresamos al hotel caminando gracias a la buena orientación de Horacio ya que yo no tenía idea de donde estábamos a pesar de que nos hallábamos a pocas cuadras.

Sábado 2 de mayo, por suerte, el hotel levantó el puntaje con el desayuno, ya con el estómago lleno, salimos a resolver el tema transporte hacia Manaus, nuestro próximo destino, al que íbamos a acceder navegando 1700 kilómetros por el legendario río Amazonas, promete ser un viaje apasionante de modo que nos abocamos a conseguir un medio de transporte.
El trámite resultó bastante sencillo ya que dimos con un navío, el Joao Pessoa Lopes que debía partir el viernes a la noche pero por inconvenientes recién partiría al mediodía; después de regatear con el capitán, Moisés, acepta llevarnos por u$s 675.-, en camarote VIP, con todas las comidas incluidas durante los cinco días de travesía.
Tenemos tiempo para darnos una vuelta por el mercado Ver o Peso, funciona a la usanza de la época de la colonización portuguesa en el predio de la vieja aduana, allí es posible encontrar todo lo que se busque, desde gallinas vivas hasta cassettes con la música del momento, pasando por todo lo que se cruce por la imaginación.
La partida del navío está anunciada para las 12:00 pero recién podemos cargar el auto a las 15:00, debido a que debimos esperar a que suba la marea, la gente pensaba que éramos los culpables de la demora, por lo que nos dirigían filosas miradas, al principio nosotros también, pero en realidad se debió a que todavía no habían cargado los tanques de combustible del barco, el camión llegó recién a las 16:00 así que media hora después soltamos amarras y se aflojaron las tensiones.
La marea, en ese tiempo, hizo subir la nave más de dos metros, de todas maneras costó trabajo entrar el vehículo porque rozaba el techo con el piso superior del buque.
Espero poder describir el barco con claridad, se trata de un navío de construcción moderna pero estilo antiguo, fue botado en el año ‘ 94, es totalmente de madera, mide 40 metros de eslora y 10 de manga, está autorizado para transportar hasta 424 pasajeros, según el capitán este buque es el mayor del mundo de esas características, de madera y moderno en navegación; tiene tres niveles, aparte de una amplia bodega, el inferior es netamente de carga y se encuentran los artículos más insólitos, cuatro autos, un par de motos, por aquí una pila de bolsas de cebollas, más allá otra de ajos, un equipamiento completo para una casa de comidas, bicicletas, cajones y más cajones de cerveza y otros elementos que escapan a mi memoria, además de ser, este piso, alojamiento del personal de a bordo, los que tienen las hamacas ubicadas en el lugar.
El nivel medio, es el popular, donde se halla casi todo el pasaje, es la clase “turista”, donde se encuentra uno con un enjambre de decenas y decenas de hamacas multicolores entremezcladas en un aparente desorden pero con una organización al estilo brasileño que supongo, permitirá la convivencia durante los cinco días de travesía. A esta clase le sirven la comida en una mesa grande con capacidad para unas 20 personas en unos turnos no muy claros, también en este piso hay un equipo que provee de agua fría para beber. También se encuentran todos los baños del barco para uso de los pasajeros.
El nivel superior cuenta con una cubierta libre con sillones para el reposo, un bar y el sector de camarotes, uno de los cuales nos pertenece ya que viajamos en “primera clase”.
Una vez que estamos ubicados, tanto físicamente como ubicados con la realidad, nos damos cuenta que los camarotes no son sino pequeños cubículos de 2 metros por 2 metros, sin ventanas, que el aire acondicionado es solo un soplo de aire fresco que circula por unos desagradables conductos de chapa galvanizada, que las cuchetas tienen colchones de 5 cm de espesor, que debemos utilizar alguno de los “baños privados” del piso inferior (Privados para los 420 pasajeros), y que la única diferencia en el menú, era que en lugar de comer en la mesa grande, nos llevaban la comida en platos de lata al piso superior. Por suerte las cucarachas que habitaban el camarote eran muy discretas, casi nunca se subían a la cama y apenas nos oían entrar se ocultaban en cuanto hueco había, dejándonos disfrutar de las incomodidades del lugar a nosotros solos.
Navegamos por uno de los brazos del Amazonas durante lo que restaba del día, alejándonos de Belém. El Amazonas desemboca al océano por medio de varios brazos, a la orilla de uno de ellos se encuentra la ciudad de donde partimos.
Nuestra primera cena consistió en un plato de fideos con arroz, porotos negros y un trozo de pollo, todo encimado y tibio pero sabroso.
Se formó un grupo bastante bullicioso y alegre del que formamos parte. A la noche, un personaje, tripulante del barco y mitad hombre, mitad mujer, nos brindó un espectáculo de baile con fondo de música Boi, que es la música típica de la Amazonia, excelente.
Estamos ya, en plena Amazonia, el pulmón verde del planeta, navegando por el río más caudaloso del mundo en una noche estrellada, escuchando buena música brasileña y viéndola bailar, no es poco.

Domingo 3 de mayo, me levanto a las 6:00 para aprovechar los baños limpios, es la única oportunidad, ya que se cuenta con diez unidades sanitarias para todo el pasaje, si no se tiene la posibilidad de ser de los primeros en usarlos, después hay que ser muy valiente para hacerlo, discutí el tema con el capitán y me dice que ellos lo limpian en horarios fijos, le digo que no es así sino que hay que limpiarlos cuando se ensucian, un día me vio tan disgustado que los hizo higienizar fuera de los horarios estipulados.
Por supuesto, la limpieza no incluye el desalojo de las cucarachas que muy orondas se pasean por las paredes.
Para las duchas y todo lo relativo a la limpieza se utiliza limpia pero coloreada agua del río.
Nuestro primer desayuno “brasileño” en el viaje, consistió en un pan relleno con margarina y un café con leche.
A las 8:00 nos detenemos en el puerto de Almeirín donde se procede a dejar parte de la carga y algunos pasajeros.
Durante el trayecto que hacemos por este brazo del río, se acercan al barco decenas de pequeños botes, en su mayoría conducidos por niños que acuden solicitando que les arrojen algo, la gente que está habituada a viajar, y conoce el método, está preparada y, en bolsas plásticas, les arrojan prendas y otros objetos, hasta los vasos plásticos en desuso son recogidos con presteza por los boteros.
Algunos más osados y ágiles se acercan aún más y con una habilidad sorprendente arrojan un gancho metálico y se unen al barco para ascender a él, vender algunos productos y recibir algo de alimento.
El paisaje que nos circunda es majestuoso, sólo cuando hay algún elemento de comparación podemos apreciar su magnitud y lo inmenso de sus medidas. Lo que parece un poco de césped o maleza alta, cuando tenemos alguna referencia como alguna construcción o animales, se convierte en un bosque impenetrable.
El almuerzo nos brinda una sorpresa, con un toque de originalidad especial, ya que a los fideos, arroz, porotos y pollo de la noche anterior, se le agregó una porción de ensalada rusa, todo en el mismo plato metálico. Las comidas en el futuro iban a ser todas similares, con el único cambio de pollo por carne; apenas pudimos, en un puerto, compramos un buen trozo de queso y unas galletas que iban a reemplazar el “variado” menú ofrecido.
Recién hoy a las 16:00 entramos en el río Amazonas, estuvimos navegando por el brazo 24 horas. Nos indican que estamos en un sector del río donde no se puede retornar por un trecho largo ya que la corriente es tan fuerte que haría zozobrar el barco.
Temprano nos sirven la cena, es el mismo plato de lata con la misma comida, se acerca el capitán y me pregunta porqué no como, le comento que me parece comida para cerdos y no para humanos, promete para el día siguiente pescado, vamos a ver si cumple. Muchos integrantes del pasaje, entre ellos nosotros, estamos pagando caro la osadía de haber consumido la comida que nos sirvieron en los dos servicios anteriores.
Nos detenemos nuevamente, esta vez en el puerto de Garupá donde se vuelven a hacer operaciones de carga y descarga. En esta región, la vida de los habitantes está regida por el río y las embarcaciones que transitan por el mismo, todo transcurre a su alrededor, las viviendas, escuelas, iglesias, cultos, haciendas, médicos, cementerios, todo se halla en sus márgenes. La llegada de los navíos siempre es motivo para que los habitantes se acerquen al muelle, sea para vender algo, para despachar, para recibir o simplemente como motivo de curiosidad y para enterarse de las últimas novedades de la ciudad.
La noche es magnífica, con miles de estrellas brillando en el despejado cielo, el suave ronroneo del motor nos acompaña y nuestro personaje, el “Travieso” bailarín, se desata nuevamente y nos brinda otra demostración de danza Boi digna de una sala de espectáculos.

Lunes 4 de mayo, alrededor de las 04:00, una lluvia torrencial se abate sobre nosotros, trato de volver a dormir pero al rato nomás, el ruido de sogas y cadenas me desvela, estamos atracando en el puerto de Almeirin, tercera escala del viaje, es una población bastante más grande que las anteriores así que nos demoramos ya que es mucha la mercadería que se mueve, cientos y cientos de cajones de bebida, bolsas de cemento, muebles y la instalación del comercio de comidas, junto con las ilusiones que habrá puesto la gente en esa compra, son bajadas en el lugar.
Amanece en el lugar y comienza la actividad, primero tímidamente pero mientras transcurre el tiempo comienza el tránsito de embarcaciones de todo tipo, van abriendo los comercios aledaños y ritmo normal se adueña de la población.
A las 07:00 nos vuelven a servir el “desayuno tropical”, por suerte el tiempo que se demoró el barco me permitió bajar a comprar unas masitas muy simples pero sin duda más sabrosas que el pan con margarina.
El almuerzo no nos sorprende, no vino el pescado prometido sino el mismo menú de las tres comidas anteriores con la única diferencia de que el pollo fue reemplazado por carne, por supuesto no comemos, ya estamos asumidos que se trata solo de cinco días y de que debemos cuidarnos muy bien de lo que ingerimos ya que una intoxicación mas fuerte de la que tuvimos podría arruinar nuestro viaje.
A las 16:00 el barco se detiene en el puerto de Prainha, lo hace muy brevemente y continúa rumbo oeste.
La temperatura es muy elevada y la humedad nos hace transpirar a mares, recurrimos al aire acondicionado del camarote pero este apenas nos alivia.
El tránsito de embarcaciones de todo tipo es incesante, son pocos los momentos en que navegamos sin ningún barco a la vista. Las balsas con remolcador de empuje cargan hasta 25 semirremolques, demoran entre 8 y 10 días para hacer el trayecto que nos insumirá 5 a nosotros.
La rutinaria cena nos es servida en el sector VIP y la rechazamos nuevamente.
Alrededor de las 20:00, nos detenemos nuevamente, esta vez en el puerto de Monte Alegre, disponemos de tiempo para caminar un poco pero regresamos enseguida ya que no hay nada para ver.


Martes 5 de mayo, hoy me desperté muy temprano, son la 05:30 y la oscuridad es total, a la distancia se observan las luces de Santarén, nuestra próxima parada, parecen cercanas pero me dicen que todavía faltan mas de dos horas para llegar.
La oscuridad reinante me permite, por primera vez en mi vida, observar la caída de una estrella fugaz con su esplendorosa cola desplegada, dándome tiempo para pedir los tres deseos correspondientes. Sé que hay una explicación mucho mas simple y técnica pero no se puede negar que la anterior es mas poética.
Alrededor de las 7:30 atracamos en el puerto de Santarén, es la única ciudad grande, de unos 250.000 habitantes, en todo el recorrido, se está postulando para capital del nuevo Estado de Tapajós, estado que desean formar, separándose del estado de Pará cuya capital es Belém y de la que están separados por casi 1400 Kms.
Anuncian la partida del barco para las 12:00, pero teniendo en cuenta los horarios brasileños y para no desmentirnos, la partida se realiza a las 15:00, aprovechamos para descender, tomar un taxi y tras un corto viaje de unas 20 – 25 cuadras, llegamos al centro. Estimamos que el taxista nos cobró de más ya que el reloj marcó u$s 5,50, una barbaridad para lo corto del trayecto, el chofer argumentó que debido a la hora, la tarifa era mas elevada y que después de las 8:00 ésta disminuía, nos quedamos con la duda de haber sido engañados, pero debemos adaptarnos a estas reglas de juego. Están todos los negocios cerrados porque sobre que es temprano todavía, tenemos una diferencia de una hora debido al cambio de huso horario.
A medida que vamos dando una vuelta por el centro de la ciudad, ésta va tomando su ritmo normal, abren los comercios, los bancos, las casas de comidas y aparecen los guardapolvos blancos de los estudiantes, tomamos un desayuno y hacemos algunas compras. Horacio regresa al barco mientras yo me quedo caminando por la zona, ingreso a un mercado de características propias de la región, un sector de carnicerías con gran cantidad de mercadería expuesta de una manera que en nuestro país sería imposible de concebir, toda amontonada con cortes diferentes a los nuestros y sin refrigerar, téngase en cuenta que estamos en medio de la Amazonia con unos calores insoportables, imagino que la deben entregar a medio cocer; el sector pescadería con una diversidad sorprendente teniendo en cuenta que se trata solamente de pescados de río, luego hay sectores con verduras de la zona, muchos puestos con legumbres, algunas farmacias y varios puestos con comidas no muy atrayentes.
Luego de andar un rato y ya camino al muelle, paso por un mercado de frutos sobre la costa, es muy al estilo de nuestro recordado mercado del Tigre. Los productores traen sus mercaderías en lanchas y la disponen en puestos que albergan grandes cantidades de todo tipo de frutos de la tierra, gallinas, pavos, etc. todo dentro de un total desorden y algarabía y ahumado por el humo que brota de los cercanos puestos de comida donde en condiciones poco higiénicas las mujeres cocinan con gran habilidad carnes y pescados que son consumidos por los asistentes al lugar.
Puntualmente, a las 12:00, estoy en el “trapiche” (muelle), pero como lo había pensado, la salida se demoró tres horas ya que el proceso de carga y descarga fue bastante complicado, de las bodegas salen ajos argentinos, cebollas, cemento, hierros de construcción, ataúdes, cajas y cajas de alimentos, un auto; mientras, entran productos de granja, agua potable y se hace carga del combustible que nos permitirá continuar nuestro viaje.
Apenas reanudamos la marcha, nos hacen notar que justo frente a la ciudad se produce el encuentro de las aguas de los ríos Amazonas y Tapajós los que corren paralelos por varios kilómetros sin mezclarse produciendo un efecto singular, ya que es muy notable la diferencia de colores, color león el Amazonas y marrón oscuro las del Tapajós.
A media tarde, una lluvia torrencial se abate sobre nosotros, el viento es muy intenso y el oleaje hace que el barco se desplace con dificultad. Navegamos cercanos a una orilla, en esta zona el río es muy ancho y correntoso.
Nuestra cena es muy frugal, queso y tomates, nada más, seguimos esquivando el peligroso menú del navío.
A eso de las 20:00, nos detenemos nuevamente, esta vez en el puerto de Óbidos, pequeño puerto de pescadores, nos anuncian una detención de dos horas, bajamos a caminar pero no hay donde ir, así que regresamos enseguida.
A la 01:30, en lo mejor de nuestros sueños, unos golpes furibundos en la puerta del camarote nos hacen saltar de las cuchetas, es la policía que quiere ver los pasaportes y la documentación del vehículo, allá vamos de muy mala gana, todavía se divisan las luces del último puerto, la revisión ocurre en una balsa de la policía federal que se halla anclada cerca de la costa del río.
Por ser el titular del auto me exigen pasaporte, lo dejé en el camarote y le entrego la cédula de identidad y les digo que no tengo la obligación de mostrárselos ya que por ser argentino no nos es necesario portarlo; después de algunos cabildeos entre ellos, aceptan esa postura. Exigen los documentos del auto y les entrego la cédula verde, intentan ver las placas pero el único lado visible era la parte trasera y la patente de ese lado se había desprendido al ser enganchada con los bultos en una de las operaciones de carga y descarga, o sea que no estaba visible sino en el interior del vehículo y a este se podía entrar solamente haciendo un gran movimiento de bultos. Al fin se dieron por conformes sin haber revisado nada, o sea, nos despertaron al p....
Fue una noche bastante movida ya que al poco rato, el ruido de sogas y cadenas mas los lógicos del trabajo de amarre nos vuelve a despertar, esta vez en un pequeño muelle flotante donde únicamente suben 3 ó 4 pasajeros.

Miércoles 6 de mayo, con las primeras luces del día, tomamos el “exquisito” desayuno, esta vez el café con leche venía acompañado de galletitas de agua a discreción, los amaneceres son espectaculares y lo despejado de esta mañana nos augura una jornada sofocante.
Por un buen rato navegamos pegados a una de las orillas, la densa vegetación es albergue de animales y aves que emiten toda clase de sonidos, los que nos llegan amortiguados por el monótono ronroneo del motor.


Al mediodía, salteamos nuevamente el invariable menú ; nuestro queso, unas galletas y un par de tomates a los que quitamos la piel por seguridad, nos permiten recuperarnos de los males estomacales.
No somos lo únicos con problemas y como queda menos de la mitad del pasaje original, tengo la duda de, o se bajaron en las paradas anteriores, o se fueron muriendo por el camino y los arrojaron al agua, será una duda que me seguirá toda la vida.
Durante las primeras horas de la tarde, nos detenemos en Parintins, pueblo de 80000 habitantes, cuna de la música Boi, donde vive el dueño del navío y hay astilleros que dan trabajo a los residentes de la zona, tres horas fueron suficientes para permitirnos dar un paseo y tomar algo sin correr riesgos.
Por la noche volvemos a sortear la cena, ya nos quedan menos de 24 horas de travesía.

Jueves 7 de mayo, 6:00 horas, nos detenemos esta vez en Itacuataria, último puerto antes de nuestro destino final, salimos a caminar sin apuro ya que nos informaron que la parada iba a ser de tres horas, a los 45’ nos fueron a buscar ya que la partida se había adelantado.
Estamos viajando por una zona con algunas explotaciones agrícola - ganaderas aunque en gran parte predomina la selva con árboles y arbustos
gigantescos. En todo el trayecto, en la mayoría de las humildes viviendas se veía gran cantidad de ropa colgada al sol sobre todo de ropa infantil, lo que nos daba una idea de lo prolíficas de las familias del lugar.
Aquí los niños aprenden a nadar y a remar antes de que a caminar ya que todo se muevealrededor de esta inmensa masa de agua que se desplaza sin cesar llevando vida, alimentos pero así también sembrando terror cuando llega la temida época de lluvias y crecientes que arrasan con todo en su paso rumbo al océano.
Las niñas, al cumplir 12 años son impulsadas por los padres a que se pinten y consigan pareja, son muy comunes las que son madres ya a los 13 años. La extrema pobreza hace que los chicos sean canjeados por un poco de comida.
Manaus nos recibe con los últimos rayos de sol, el movimiento que observamos es llamativo, aviones y helicópteros surcan el cielo mientras en su puerto vemos decenas de barcos y barcazas que surten a esta ciudad de todos los insumos necesarios para mantener la industria en funcionamiento. Manaus cuenta con una zona franca libre de impuestos y una de las zonas industriales más importantes del Brasil; todos los insumos son llevados por agua.
Nos demoramos más de tres horas para poder bajar el auto, lo que nos da tiempo para tener la suerte de conocer a una persona especial, es amigo del dueño del barco y había llegado con él en avión, sin decirnos a que se dedicaba, nos invitó para el día siguiente a almorzar, aceptamos con agrado y nos da el número de celular para contactarnos.
Tardamos un rato en armar el auto ya que le habíamos sacado el portaequipajes, la rueda de auxilio y el paragolpes trasero, pero en poco tiempo estábamos en la calle buscando hotel, nos ubicamos en un motel mediocre porque tenía cochera, u$s 27.- s/desayuno.

Viernes 8 de mayo, hoy se cumplen los primeros 30 días de la partida, estamos en el corazón de la Amazonia, hemos tenido la suerte de haber hecho el recorrido prácticamente sin inconvenientes.
La ciudad es muy grande, con sus 1100000 habitantes cuenta con un movimiento impensable teniendo en cuenta que estamos a 1700 kilómetros del océano y que la única manera posible de llegar aquí es por avión o a través de ríos con viajes que insumen largas jornadas.
Lo primero que hacemos es cambiar de hotel, nos instalamos en uno excelente casi por el mismo importe, con desayuno incluido.
Visitamos el teatro Amazonas, este edificio fue traído por partes de Europa, en la época de oro del caucho, cuando la explotación de ese producto estaba en su apogeo. La construcción es imponente, los cuadros y las obras de arte de todo tipo, incluyendo delicados trabajos de marquetería, y unos trabajos de herrería que aún se mantienen como nuevos. El teatro contaba con un método de refrescamiento de aire, por medio de un sistema mecánico se generaba una corriente de aire que pasaba por unos piletones ubicados en los subsuelos de la sala y ya refrescado se hacía ingresar al recinto donde se encontraba el público.
Llamamos a nuestro nuevo amigo, Tony Medeiros, resultó ser un conocidísimo cantante de música Boi que es la música nativa de la Amazonia, quedamos citados para el mediodía y nos pasa buscar por el centro, vamos a una churrasquería muy agradable con una atención de primera, donde ya había dos amigos suyos muy macanudos esperándolo. Después de haber pasado cinco días en el barco comiendo lo que podíamos, esto superaba nuestras expectativas, la carne, picanha, especie de cuadril que nos sirvieron, era una manteca, el costillar, pensábamos que iba a sobrar, apenas quedaron los huesos y al resto de las guarniciones no le dimos tregua, así unas berenjenas asadas, una ensalada de radicheta, unas cebollas rehogadas con orégano, un riquísimo arroz blanco con cebolla de verdeo y una especie de harina gruesa de color y tostada, pasaron todas al recuerdo.
La carne la cocinaban en unos artefactos cerrados, especie de tambores de 200 lts dispuestos en forma vertical, con brasas en su parte inferior que al cocinar en ese especie de horno, le transmitían a lo cocido un sabor muy particular. Las brasas se encuentran distantes de los alimentos y la cocción demora un par de horas. Estas churrasqueras las fabrican en el sur del Brasil en Londrina.
Tony nos invitó para la noche a un ensayo que ellos titulan show, que se realiza en el sambódromo de Manaus. Fui solo al espectáculo ya que Horacio no se sentía bien, en los alrededores del lugar hay mucha gente, también hay mucho personal de seguridad, me animé a llevar la filmadora y en esos momentos estoy arrepentido, espero no tener problemas; me dirijo a la entrada y como no tenía intenciones de pagar el boleto ya que me habían invitado, digo al encargado de control que vengo a ver a Tony Medeiros, inmediatamente me hacen pasar y me indican donde lo puedo encontrar. Por ser muy temprano, todavía no se había hecho presente, así que me dispongo de disfrutar del espectáculo que no es sólo el que está en el escenario sino todo el público también ya que se ve gente de distintas capas sociales con las más exóticas vestimentas, todos moviéndose al compás de la pegadiza música que se ejecuta en ese momento.
El predio es muy grande, mide unos 700 mts. De largo por 100 de ancho, solo se utilizan para la ocasión unos 150 mts. En la parte superior se encuentran los palcos, son de unos 6 mt de lado, algunos de ellos cerrados y con aire acondicionado.
El escenario es muy grande y tiene buenos decorados, además, hay un par de pantallas gigantes a los costados que permiten observar los más mínimos detalles, cuando salen los conjuntos son arrojadas poderosas bombas de estruendo. Hoy actúan las dos más grandes agrupaciones, Caprichoso y Garantido.
Al llegar Tony, voy a su encuentro, me recibe tan efusivamente y de manera tan sincera que me hace sentir como en casa, me acompaña al palco de sus amigos pasando entre la gente, lo que nos demora bastante ya que todo el mundo quiere saludarlo, ya son las 24:00 y él todavía no actúa, le digo que me voy a quedar a ver algo de su acto, pero que me voy a retirar sin esperar hasta el final, nos despedimos con un fuerte abrazo, con la esperanza de, algún día, volvernos a ver. En el palco los amigos no dejan de brindarme atenciones, son tan atentos que me siento realmente cómodo, me dejan la impresión de que nos conocemos de hace mucho tiempo y sólo son unas pocas horas.
Llega el momento esperado de ver actuar a nuestro amigo, entra en escena y el mundo se viene abajo, aparte de las bombas de estruendo, los fuegos de artificio se adueñan de la noche, y bengalas, cohetes y cascadas multicolores iluminan el cielo. Salió a escena “O Amo do Boi”.
En el palco me explican que este show les permite juntar fondos para el encuentro anual de música Boi que se llevará a cabo a fines de junio en Parintins, ciudad de 70000 habitantes que recibe en esa ocasión a 80000 visitantes que llegan de todas las regiones del país a bordo de unas 1000 embarcaciones y de pequeñas aeronaves ya que es la única forma de acceder a la región. Los navíos, anclados en las márgenes del Amazonas hacen de hotel y el resto de la gente se distribuye de la mejor manera posible con sus hamacas bajo el brazo y en el rincón que encuentre vacío. En esos días hay un gran movimiento económico en la ciudad, baste como ejemplo que la fábrica de aguas gaseosas debe pagar como canon por la exclusividad la bonita suma de u$s 400000, no me quiero imaginar lo que debe pagar la cervecera.

Sábado 9 de mayo, nos despedimos de Manaus con un fabuloso desayuno servido en el piso 13 del hotel Mónaco desde donde tenemos una vista insuperable de Manaus.
Nos separan 780 kilómetros de la meta del día, Boa Vista, según estamos informados la carretera es totalmente nueva, tomamos la ruta y los primeros 200 Kms. son muy buenos, con mucha vegetación, luego tenemos unos 60 Kms. de tierra en estado regular con la selva encima, tan encima de nosotros que los árboles caen sobre el camino y debemos ir sorteándolos ya que dejan apenas el paso libre para un vehículo a la vez.
No es una zona recomendable para viajar de noche, es tanto el peligro que en el sector de reservas indias, a mitad de camino, hay una sección de unos 100 Kms. que es cerrado por medio de cadenas entre las 18 y las 8 hs. Por suerte no tuvimos ningún inconveniente mecánico ya que no debe ser muy agradable tener que pasar la noche en la ruta y en ese lugar.
Nos comentaron que al poco tiempo de inaugurarse la pista de asfalto, un camionero, por accidente, mató a un nativo, los demás nativos le dieron muerte a él y reservaron el cuerpo para después proceder a comerlo, sólo la intervención de las autoridades logró que devolvieran el cadáver del motorista.
Los casi 800 Kms. que nos separan de Boa Vista carecen casi por completo de servicios, las estaciones de servicios, que en realidad son solo puestos de gasolina formado por una casilla con un pequeño bar, servicios sanitarios y un par de surtidores, están separadas entre 120 y 140 Kms. , el hotel más cercano a Manaus se encuentra a los 750 Kms.
La ruta, a la cual teníamos como nueva, en parte era así, pero se olvidaron de informarnos que los puentes, en su mayoría no estaban hechos así que cruzamos unos 30, 35 ríos a través de puentes precarios con accesos muy malos, en uno de ellos nos quedamos encajados pero pudimos salir, ya en los últimos tramos, una balsa, la única en todo el trayecto, nos demoró más de una hora, ya que perdimos un viaje por falta de espacio y tuvimos que esperar que diera la vuelta, para colmo de males una nube de mosquitos nos atacó y nos produjo serias molestias.
En la balsa viajaba un equipo de fútbol que venía de ganar un campeonato, venían todos pasados de bebida pero no eran agresivos sino todo lo contrario, les resultamos importantes y debimos firmarles las camisetas, agregando alguna frase, no lo queríamos hacer ya que eran camisetas nuevas y se las íbamos a arruinar pero insistieron tanto que no nos quedó otro recurso que hacerlo.
Entre puentes y balsa nos demoramos bastante así que recién a las 21:00 llegamos al destino, ubicamos por teléfono a una señora a la que le habíamos prestado un dinero en el barco ya que le habían robado un bolso con los documentos y la plata, nos envió la plata por el hijo y el mismo nos acompañó a un hotel, resultó regular y caro, u$s 49.- c/desayuno.
Nuestra cena consistió en una buena pizza de palmitos acompañada de un par de cervezas, estamos fuera del horario habitual ya que son las 24:00 y después de haber viajado todo el día, el cansancio se apodera de nosotros.
Hoy cruzamos la línea del Ecuador, estamos en Sudamérica pero en el Hemisferio Norte, cuando miramos los mapas nos sorprendemos de la distancia recorrida.

Domingo 10 de mayo, Ya estamos muy cerca de Venezuela. Hoy es el día de la madre en Brasil, nos levantamos sin mucho apuro pero de todas maneras a las 7:30 ya habíamos dado cuenta del desayuno, revisamos el auto y emprendimos el viaje, nos separan apenas 220 kms. de la frontera, la divisa para los brasileños, línea para los venezolanos. La ruta es muy buena y promete ser un día con muy buen promedio de distancia recorrida.
No contábamos en que era domingo y estamos en el tercer mundo, salimos de Brasil sin problemas y entramos a Venezuela, no habría inconveniente para hacer migraciones pero al instante nos informan que la persona encargada de aduana, ahorita no está, bueno, le respondo, lo esperamos y me contesta que recién regresa el lunes por la mañana, no nos queda otro remedio que llegar al pueblo más próximo distante unos 10 kms., se llama Santa Elena y tiene unos 4000 habs., viven de la minería y del turismo de aventura.
La minería es su principal fuente de recursos, es zona aurífera y diamantina, los locales de compra – venta de minerales y metales preciosos están uno al lado del otro; en la calle se ven gran cantidad de vehículos todo terreno con toda la apariencia de ser usados realmente para lo que fueron fabricados y no como en tantos lugares, para dar la vuelta manzana. Muchos muestran señas de haber sufrido golpes y desbarrancadas y son únicamente los último modelo los que conservan su pintura más o menos en buen estado.
Recabando datos, nos informan que la vida de los mineros es muy irregular ya que a veces pasan meses obteniendo apenas para subsistir y de repente en unos días consiguen reunir importantes sumas de dinero que gastan tan rápidamente como la obtuvieron, en su mayor parte en bebidas y mujeres. Con respecto a esto, nos llamó la atención la cantidad de personas que vimos con varias copas de más, entre ellos, una mujer joven y bien vestida a la que levantaron del piso delante del hotel y subieron como pudieron a un auto.
El turismo en este lugar de la tierra, para nosotros desconocido, proviene de distintas partes del mundo sobre todo de Europa, se les ofrecen paseos en vehículos especiales y viajes en avión a los lugares más alejados de la sabana y de los parques nacionales, entre ellos, viajes al Salto Angel, de 1050 mts., el más alto conocido del planeta.
El hotel que nos toca hoy en suerte es regular por no decir malo pero es el único que conseguimos con aire y venimos muy castigados por el calor. Cuenta con un patio hermoso lleno de vegetación, un par de papagayos, varios loros y hasta una oveja suelta y dando vueltas por el lugar. El dueño es un tipo hosco, el ambiente es raro con gente entrando y saliendo y hablando en voz baja en tonos misteriosos. El agua está racionada y hay que pedir que pongan en marcha una bomba cada vez que hay se necesita. Parece que la famosa Corriente del Niño trajo a esta zona una sequía tal que los ríos cercanos, de los cuales se provee el pueblo, carecen de agua, provocando problemas de abastecimiento.
Todavía no andamos del todo bien, nos duran las secuelas de haber sido tan arriesgados como para consumir un par de comidas en el barco, ahora estamos pagando las consecuencias de tamaña osadía.
En un supermercado nos encontramos con una argentina empleada, la que hace varios años está radicada en el lugar y nos manifiesta que está muy contenta por haberlo hecho, es muy conocedora de Córdoba y le encuentra muchas similitudes, por el clima y por la gente.
Cenamos en un pequeño comedor al aire libre que funciona pegado al hotel, su propietaria es una simpática y dicharachera venezolana madre de 11 hijos. La comida se prepara directamente en la vereda en parrillas y es bastante simple y digerible, justo lo que necesitábamos.

Lunes 11 de mayo, hoy no son los gallos los que nos despiertan sino los loros y papagayos. A las 8:00 estábamos en la línea, hacemos migraciones y nos avisan que la persona de aduana encargada de darnos entrada con el vehículo, va a llegar más tarde porque debía hacer un trámite personal, no queda otra que esperar, por suerte a la media hora ya estaba en funciones. El trámite fue muy sencillo pero nos demoramos un buen rato ya que el funcionario no me dejaba retirar, había estudiado en Córdoba y era un entusiasta del festival de Cosquín, conocía toda la zona donde vivo y tenía ganas de charlar.
Nos internamos en la gran Sabana Bolivarense, se trata de un parque nacional muy bello con una fisonomía particular, ligeras lomadas surcadas por ríos con bellas cascadas enmarcadas por tapuy, formaciones rocosas de formas caprichosa que parecen construcciones hechas por la mano del hombre. La zona es de reservas indígenas.
Almorzamos en un muy buen restaurante dentro de una reserva, comimos sencillo, pero excelente comida junto a un irlandés de unos 30 años que hacía 11 meses que estaba de viaje, andaba en una moto Honda 750, en Caracas pensaba dar por finalizado el viaje, nos sacamos un par de fotos, nos deseamos la mejor de las suertes y nos despedimos.
Hacemos unos 200 kms. atravesando la gran sabana, luego el paisaje cambia radicalmente y nos internamos en una selva muy tupida con la vegetación formando túneles, es tan poderosa la fuerza de la flora, que en muchos casos invade el pavimento reduciendo la calzada de manera inquietante, estamos atravesando una zona de montañas con pendientes y subidas muy pronunciadas; para agravar la condición peligrosa de la ruta, ésta no posee banquinas, nada más que el pavimento y en muchos casos grandes desniveles y precipicios, por lo que hay que conducir con toda la atención puesta en lo que se hace, un error de cálculo puede terminar en un accidente grave.
Saliendo de la montaña, sigue un camino de lomadas, entramos a la ciudad de El Callao, netamente minera, hay más negocios que comercializan metales preciosos que quioscos.
Cuando los últimos rayos de sol caen sobre nosotros, llegamos a Upata, una ciudad de unos 30000 hab., sobre la ruta se encuentra un muy buen hotel donde nos ubicamos por u$s 28. s/desayuno. Cenamos en el mismo hotel, muy frugalmente, una picada compuesta por un poco de fiambre y unos quesos. El estilo de comidas en Venezuela se puede comparar al argentino, más a nuestro paladar.

Martes 12 de mayo, apenas salimos de Upata, tomamos la primera autopista después de mucho tiempo, la ruta se desliza ahora por un paisaje semidesértico, pasamos a un lado de Puerto Ordaz, ciudad grande con un puerto importante y muchas industrias.
Cambiamos a caminos provinciales, éstos son por peaje con costos mínimos ya que oscilan entre u$s 0,10 y 0,20.
Entrando a una ciudad, nos persigue una camioneta Ford ’34, réplica con mecánica moderna, nos hace señas para que nos detengamos, no nos parece peligroso así que lo hacemos, en ella va un joven venezolano, hijo de padre argentino que no cabe en sí de la alegría que le causamos por detenernos, nos cuenta su historia y la de su padre, ya fallecido y de Neuquén de donde se había ausentado dejando a la esposa y, cree, una hija la que hoy debe tener, según lo que les había contado el padre, alrededor de 50 años. Juan Carlos, que así se llama este nuevo amigo, nos guía a un hotel de las cercanías, éste es bastante simple y económico, u$s 12.- s/desayuno.
Juan Carlos va a su casa y regresa con su esposa y su hermano y esposa para presentarnos, nos encontramos en La Encrucijada, según ellos, el mayor Rod Point de América, un lugar lleno de restaurantes, parrillas y bares muy concurrido. Los hermanos pertenecen a un club de autos antiguos de Caracas.

Miércoles 13 de mayo, nos levantamos, desayunamos en el Rod Point de anoche, a pocas cuadras del hotel y tomamos la ruta a Maracaibo, pasamos por varias ciudades importantes. Hay innumerables líneas de alta tensión, las que indican la gran cantidad de industrias que se encuentran en la zona.
La temperatura es muy elevada, a las 7:00 hacían 27 grados y había una humedad del 100%.
La carretera es muy buena y amplia, hay mucho tránsito. Otra vez nos detienen haciendo señas, esta vez una persona en una 4 x 4 que es socia de otro club de autos antiguos, tiene un Torino que en una oportunidad Alfonsín regaló al presidente de turno en Venezuela. Nos da su teléfono celular y se ofrece para solucionarnos cualquier problema que tengamos.
Al mediodía, a pesar del calor, unos carteles anunciando chivito tierno a la parrilla, nos tientan, hay mucho ganado caprino a los costados de la ruta así que suponemos que deben estar especiales; realmente era algo diferente, se trataba de unos trozos de carne deshuesada, recalentada, tibia y sin gusto a nada, servidos por una moza tan desabrida como el plato.
Temprano por la tarde tenemos Maracaibo a la vista, para acceder a ella, debemos atravesar un fabuloso puente, cuando fue construido, se lo pensó como una de las maravillas del mundo, estaba planeado hacer sobre él, hoteles, estaciones de servicio, locales y lugares de entretenimiento pero por esas cosas de la economía, quedó reducido solamente a un gran puente.
Entramos a la ciudad, el tránsito infernal y la alta temperatura nos hacen huir de ella así que tomamos la ruta y seguimos hasta El Moján, pueblo tranquilo donde nos instalamos en un hotel sencillo pero con aire, indispensable, por u$s 23.- s/desayuno.

Jueves 14 de mayo, hace un calor insoportable, en pocos kilómetros nos detienen 5 veces para pedir documentación, en una de ellas el policía con el escarbadientes en la boca. Son tan ineptos para controlar que, en cuatro días de viaje por el país, a pesar de que nos detuvieron en innumerables oportunidades, solamente uno hizo un control a fondo de la papelería y comprobó que la autorización para circular por el territorio estuviese a nombre de alguno de nosotros, muchas veces y para probarlos les mostrábamos documentación incompleta y comprobamos que ni siquiera la leían.
Alrededor de las 9:00 llegamos a la frontera con Colombia, el trámite migratorio fue muy simple, nos cobraron u$s 14.- por persona por la salida, la aduana nos hizo una revisión muy completa del equipaje y el auto.
Para entrar a Colombia solo recorremos unos metros, la oficina de migraciones no nos hace ningún problema pero cuando nos dirigimos a la de aduana, insinúan que si no tenemos el tríptico, no podemos ingresar; discutimos e insisto diciendo que no es la primera vez que venimos y que la anterior no nos hizo falta, la persona a cargo no tiene idea así que debe consultar con el encargado de la oficina principal, ésta se encuentra en un pueblo situado a unos 10 kms., después de un rato le confirma que estamos autorizados a ingresar con un certificado de importación temporaria refrendado por él, hacia allá vamos con la empleada del puesto fronterizo. Después de tres horas de tramiterío, y de soportar la ardiente temperatura del lugar, la que a esa hora se tornaba insoportable, logramos nuestro objetivo de ese día. Estamos ya en tierra colombiana.
En el trayecto entre la frontera y el pueblo donde se encontraba la oficina aduanera, los puestos de venta de combustible exhiben con total descaro, cantidad de bidones de gasolina venezolana de contrabando, la que en su país tiene un costo de u$s 0,15 el litro. Le pregunto si esto no lo ve la aduana pero la empleada me contesta con un encogimiento de hombros.
Estamos prácticamente sin desayunar ya que en la frontera, los puestos estaban cubiertos de moscas, solo alcanzamos a tomar un café temprano con unas galletitas envasadas, más tarde, nos conformamos con bebidas frescas.
Seguimos viaje, primero por la sabana de la guajira colombiana, muy diferente a la venezolana, el terreno es al principio liso con poca vegetación, luego se transforma en montañoso con vegetación selvática, se divisa el mar Caribe y Santa Marta, nuestra meta, nos da un caluroso (por la temperatura) recibimiento
Lo primero que hacemos es ubicarnos en un hotel, está frente al mar, es antiguo y cómodo, u$s 47.- s/desayuno, tomamos un baño de mar en la caribeñas aguas y empezamos la procesión recorriendo empresas navieras para ver como podemos hacer para cruzar a Panamá, vimos varias y nos aseguraron que en Barranquilla nos iba a ser mucho más fácil conseguir transporte. Este cuento ya lo conocemos del viaje anterior.
Cenamos muy bien en el restaurante del hotel, en la acera al aire libre, con el mar a la vista.

Viernes 15 de mayo, nos despertamos temprano, a las 6:30 ya hay gente en el mar, algunos con niños, estamos preparados para salir pero debemos esperar un rato para poder desayunar, mientras tanto revisamos el auto, sin novedades a la vista.
Empezamos por un corto paseo por El Rodadero, sector turístico de Santa Marta, se encuentra a corta distancia de la ciudad y está plagado de hoteles modernos y de categoría, también hay muchos edificios de departamentos. La playa y los balnearios son superiores a los del centro.
Seguimos rumbo a Barranquilla, la misma calesita que en Santa Marta, todos tienen la solución, pero el barco, o salió, o no sale, o no llegó, o no llegará hasta nadie sabe cuando, o justamente dejó de hacer la ruta la semana pasada, o no existe. De resultas de tanto palabrerío, decidimos jugar nuestra última carta en Cartagena, terreno que por ser conocido, alimentaba nuestras esperanzas.
Llegamos al mediodía, nos instalamos en el hotel Las Velas, en el que paramos en nuestro viaje anterior, muy bueno, u$s 70.- con media pensión.
En el camino, nos detuvimos en un puesto y comimos una especie de empanadas de queso o algo así que alcanzaron a calmar nuestro apetito.
A la tarde, después de otro baño de mar, nos dirigimos a la ciudad para dedicarnos a recorrer empresas navieras, como el “no” ya lo teníamos aceptado, no nos sorprendieron las respuestas, al fin decidimos volver a caer en Grancolombiana, con la que hicimos el flete el viaje anterior y nos indican que disponen de un contenedor para el miércoles próximo con un costo de u$s 1000.-, quedan en contestarnos el lunes a ver si podía haber una quita en la tarifa y si estaba realmente el contenedor.
Extenuados por la caminata y por no haber conseguido nada más conveniente, regresamos al hotel a descansar un rato antes de la temprana cena.
Salimos a caminar por la zona cercana donde somos abrumados por el ofrecimiento de todo tipo, legales e ilegales, todo lo que se imagine, y aún más, es ofrecido en las calles con la permisividad de los controles, que hacen la vista gorda a lo que pasa a su alrededor.

Sábado 16 de mayo, hoy nos tomamos un real día de descanso, playa y solo playa, por un día no queremos ver el auto, a pesar de que no nos trae problemas, deseamos aunque sea por un día, no estar a bordo de él.
La playa es hermosa, hay muy poca gente ya que estamos en baja temporada, son más los vendedores que los turistas, la insistencia, a veces aburre, pero si el “no” es muy contundente, no persisten en el intento, de todas maneras es un medio de vida entendible.
Un par de masajistas brindan un acto aparte, en su pelea por un cliente, se trenzan a golpes y sus gritos quiebran la tranquilidad del lugar.

Domingo 17 de mayo, tenemos otro día de descanso, caminamos un buen rato y almorzamos en la playa, una espléndida ensalada de frutas, buena opción para terminar de arreglar nuestros castigados estómagos.
A la noche, un matrimonio de bogotanos dedicados a la publicidad, nos invitó a su habitación a beber un par de whiskys, para nosotros fueron un par, pero para nuestro circunstancial amigo, fueron varios más.

Lunes 18 de mayo, empieza la nueva semana, el día promete ser agitado, después de muchos intentos con otras empresas, nos decidimos por una un poco más cara pero que tenía lugar para el día siguiente, martes a la noche. Comenzamos los trámites para embarcar el auto, son más complicados que lo deseado.
La empresa naviera nos da plazo hasta las 17:00 para cargar el contenedor con toda la documentación en regla, vamos a la aduana donde no nos aseguran poder tener los trámites completos para ese día, la papelería se mueve muy lentamente, debe pasar por varias oficinas y al ritmo que vemos esto no parece que se pueda terminar en los tiempos que necesitamos, de pronto Horacio me dice que se detuvo al lado del auto una persona que, le dijeron es el director general de aduanas, pido una cita con el mismo y me dicen que no me puede atender, al rato, me ubica un ordenanza con un uniforme de general y me indica que lo acompañe, que me esperan; aquí cambió la cosa, el director es un entusiasta de los autos antiguos, tiene varios y una colección de modelos bastante importante. Nuestra papelería, que estaba moviéndose en cámara lenta, tomó un impulso inusual, había tres personas con los papeles, la cuestión es que en pocos minutos estábamos afuera con los documentos en la mano.
Eran las 16:00 e íbamos con tiempo de sobra, llegamos al puerto y nos ubicamos en la cola para entrar, confiados en que ya teníamos todo listo y que después de cargar el contenedor, nos tomaríamos el resto de la tarde libre; craso error, aquí empezaba otra serie de trámites tanto o más engorrosos que los anteriores. Hubo que sellar varios papeles, pagar el costo del movimiento portuario, mostrar documentos, sacar varias fotocopias y pasar por una serie de ventanillas que frenaron nuestros pasos. Por fin ya a las 18:00 tuve todo lo necesario para ingresar al puerto, me dirijo, solo, porque a Horacio no lo autorizaron, a la empresa y proceder al despacho parecía muy fácil, pero el contenedor no estaba, recién a las 20:30 apareció y lo pude cargar previa revisión a fondo por cuenta de la brigada antidrogas. El contenedor es cerrado en mi presencia y se le coloca un precinto provisto por la empresa naviera, el cual tiene un número que figura en la carta de porte, si no es usado debe ser devuelto para su destrucción con el fin de que no sea utilizado por otra persona.

Martes 19 de mayo, bien temprano y con la creencia de tener todo listo, nos dirigimos al banco a pagar el flete y disponer del resto de la mañana libre para hacer unas compras. Llevamos el comprobante del pago a la compañía y nos advierten que falta un sello y falta pagar la tasa portuaria, esto nos lleva otras dos horas pero al fin plantamos el arbolito y fuimos a retirar los pasajes a Panamá. Nuestra hora para hacer el check-in eran las 12:00 pero el avión recién llegó al aeropuerto a las 14:30, así que tuvimos una espera bastante prolongada. Horacio pasó sin problemas por aduana pero a mí me hicieron un chequeo a fondo del equipaje, no dejaron nada sin revisar.
El vuelo hace escala en Barranquilla, distante apenas a 15 minutos y luego pone rumbo a Panamá a donde arribamos después de otros 50 minutos de viaje. Tomamos una komby, junto con otros pasajeros y uno de ellos nos recomienda el hotel Europa, nos resultó muy bueno, u$s 44.- sin desayuno.

Miércoles 20 de mayo, después de un buen desayuno que incluía un trozo de piña de sabor inolvidable, nos dirigimos a la parada del ómnibus que nos va a llevar a Colón, para desde allí ir al puerto de Manzanillo, adonde arribaría nuestro contenedor. Llegamos temprano ya que la distancia que separa Panamá de Colón es de apenas 80 kms. y el servicio de transporte es excelente, los ómnibus salen en forma continua a esa hora, ya que casi toda la gente que trabaja en la zona franca vive en la ciudad de Panamá.
A las 8:30, empezamos los trámites, y recién a las 16:30, nos encontramos con el auto. La empresa naviera posee un nivel de burocracia que más de un organismo estatal envidiaría, debemos hacer innumerables trámites, hasta recurrir a la ayuda de una despachante de aduana que nos certificó unos papeles, todas las oficinas están distantes entre sí y debemos recurrir al uso de taxis para trasladarnos de un lugar a otro.
Cuando vamos a abrir el contenedor, con personal de aduana, de la compañía naviera y de la brigada antidrogas con su perro, me fijo que el precinto que tiene el contenedor no es el mismo que había puesto yo mismo la noche anterior en Cartagena, no tiene el mismo aspecto y por supuesto no coinciden los números, por suerte estaba todo el mundo presente. Se procede a la apertura y empezamos a revisar todo a fondo con la seguridad de que algo faltaría o de que nos íbamos a encontrar con algo raro, se revisó concienzudamente de manera personal y con el perro y afortunadamente no encontramos nada. De todas maneras queda asentado el cambio de precinto en los papeles que nos entregan.
Regresamos a la ciudad, llegamos ya al atardecer, la zona donde se encuentra el hotel no es muy apta para salidas nocturnas, apenas oscurece queda muy poca gente en las calles y no es recomendable caminar por el lugar.
Por ser miércoles, el hotel Paitilla Inn, ofrece una cena-show de muy buen nivel con un espectáculo folclórico regional, voy solo porque Horacio prefiere quedarse en el hotel. Tomo un taxi y me lleva al hermoso hotel 5 estrellas bien temprano ya que el acto comienza a la 19:00, el maitre me ubica en una mesa desde la que tengo una buena vista del escenario, es uno de los primeros en llegar, tengo mucho apetito ya que al mediodía, entre trámite y trámite, apenas comimos un sándwich en la calle; la gente va llegando pero no se deciden a servirse, así que tomo la iniciativa y soy el primero, me sigue un joven que está también solo, en una mesa detrás de mí.
Por suerte tomé la iniciativa, ya que de haber esperado un poco, debía haberme sumado a las largas colas que se formaron cuando todos se decidieron a buscar su porción de comida. Los platos eran de buen nivel y sabrosos, se destacaba el cerdo y el “plátano en tentación̶”, plátano flambeado con almíbar, excelente para los que nos gustan las comidas agridulces.
Algo que me llama la atención es que sirven permanentemente agua fría en las mesas y que son pocas las personas que consumen bebidas alcohólicas. El costo de esta cena-show fue de u$s 18.-, todo incluido.
El espectáculo, muy atrayente, nos muestra bailes de todas las regiones del país, con los participantes luciendo llamativas ropas y una simpatía singular. Una de las actuaciones incluía una riña de gallos, seudo deporte muy popular en la región y un baile con botellas en las cabezas de los danzarines, muy atractivo.
Cuando termina la noche y me retiro, paso por al lado de la mesa del joven solitario y le hago un comentario acerca del espectáculo, por el tono, nos identificamos como argentinos, resultó ser de Monte Buey y se volvía a la Argentina al día siguiente después de varios meses de pasear por América, nos deseamos buen viaje y quedamos en comunicarnos a nuestro regreso.

Jueves 21 de mayo, salimos bien temprano, rumbo a Costa Rica, nos detenemos brevemente a un costado del Puente de las Américas, majestuoso puente que cruza el Canal de Panamá, sacamos un par de fotos, observamos el paso de algunos barcos y seguimos nuestra marcha.
Toda esta zona es de vegetación selvática y de reservas forestales, la húmeda selva regula el clima y favorece las lluvias, tan importantes para mantener el nivel del lago de Gatún, proveedor del agua para que funcionen las esclusas del Canal.
Atravesamos inmensos cultivos de piña y de café, a las 13:00 llegamos a la frontera, del lado panameño, nos revisan el auto y el equipaje muy a fondo pero gentilmente, hacemos migraciones y ya pasamos a Costa Rica. Hacemos migraciones y aduana, es obligatorio pagar un seguro para transitar por el país, independientemente del seguro particular que se posea. Seguimos viaje, la ruta es en parte buena pero no hay muchas opciones para detenerse, terminamos viajando de noche por un camino montañoso y en muy mal estado. Por fin llegamos a San Isidro del General donde nos alojamos en un hotel simple pero limpio y muy económico, u$s 15.- s/desayuno.
Son las 21:30 y estamos con apetito, no hay muchas opciones ya que está casi todo cerrado, acabamos comiendo pizza en un balcón de una pizzería ubicada en un piso alto a pocos metros del hotel.

Viernes 22 de mayo, a las 5:00 el pueblo ya se despierta, estamos justo frente a la municipalidad y los ruidos de los vehículos municipales y las voces estridentes del personal, nos hacen levantar más temprano que de costumbre.
Tomamos la ruta a San José, el camino se eleva de una manera impresionante a medida que nos internamos en la zona montañosa que debemos atravesar, la carretera está destruida y continúa así durante los primeros 50 ó 60 kms., avanzamos con lentitud en medio de gigantescos camiones y tratando de esquivar la mayor cantidad de baches posibles, a veces logramos esquivar alguno. Es una ruta muy transitada ya que es la que une la capital con la región sur del país, debido a esta razón, es inadmisible el desastroso estado del pavimento o lo que queda de él.
Paramos en una estación de servicio para hacer el primer engrase, el noble auto, bien se lo merece, al intentar ponerlo en marcha, falla el arranque, lo solucionamos con el antiguo pero efectivo método de darle a la manija, hasta que nos detenemos en un pueblo y lo reparamos de manera poco ortodoxa ya que se había roto el resorte del Bendix y como no existía la posibilidad de conseguirlo, lo hicimos soldar, no era lo correcto pero era la única posibilidad de arreglo. En el taller de electricidad, donde se ocuparon del desarmado y armado del arranque, nos atendieron muy bien, un amigo del dueño, se ofrece y con su auto nos lleva a conseguir un taller de soldadura donde hacer el arreglo. La soldadura nos costó u$s 10.- y el electricista nos cobró u$s 15.
Ya atardeciendo, llegamos a Liberia, donde pernoctamos en un hotel sencillo, u$s 25.- s/des., estaba frente a la plaza, a pesar de estar ya oscuro, en los árboles había gran cantidad de pájaros que parecían no tener noción de la hora ya que con su bullicio, daba la impresión de que nos encontrábamos en las primeras horas del día.
Cenamos muy bien, otra vez en un balcón del primer piso, en esta oportunidad en un restaurante bastante lindo que se hallaba lindero al hotel.

Sábado 23 de mayo, hoy se cumplen 45 días de nuestra salida, hacemos un repaso del viaje, recordando acontecimientos vividos, y da la impresión de que aquellos ocurridos en los primeros días, hubieran pasado hace mucho más tiempo, son tantas las vivencias que la mente las almacena unas sobre otras en una hermosa mezcla de recuerdos hilvanados que trato de registrar en el papel para no olvidar ninguno.
Nos separan apenas 70 kms. de camino de la frontera con Nicaragua, la ruta es bastante mala.
Desayunamos mientras esperamos que abran las oficinas de migraciones, a las 8:00, nuestro desayuno consistió en un café con una empanada de arroz con carne, algo diferente al café con leche con medialunas que estamos acostumbrados.
Los trámites son muy sencillos, pero igual contratamos a dos niños, hermanitos, para hacerlos, son muy despiertos y en 30 minutos estamos listos para seguir.
Entramos a Nicaragua, la llovizna que empezó mientras estábamos haciendo los trámites del lado costarricense, se transformó en temporal, el agua caía a baldes, nos acompaña un gestor, la burocracia es tremenda, sellados, revisiones, paso por ventanillas y más ventanillas, en la mayoría, tenemos que pagar algo, no nos resulta muy claro lo que pagamos pero al finalizar la gestión habíamos dejado u$s 60.-, suma nada despreciable e importante en un lugar donde los sueldos mínimos orillan los u$s 100.
Estamos frente al gran lago de Nicaragua con sus 100 kms. de largo y habitado por los únicos tiburones de agua dulce del mundo, eran tiburones comunes de agua salada que al separarse el lago del mar y al transformarse el agua, a lo largo de los siglos, se fueron adaptando a ese nuevo hábitat.
Después de la lenta tramitación que nos llevó algo más de dos horas, retomamos el camino, el tiempo mejoró de a ratos y nos propusimos cruzar el país en el día. Lo logramos y al atardecer ya estábamos en la frontera, el mal tiempo se abatió nuevamente sobre nosotros y la lluvia amenazaba con anegar el lugar.
Debemos recurrir a los “buenos oficios” de un gestor, los trámites son menos complicados pero nos salen más caros ya que nos estafan con el cambio, calculo que nos cobraron unos u$s 30. de más, en total pagamos u$s 80.- para poder entrar. A pesar de estar habituado a pasar fronteras, me estafaron, pongo como atenuante que es una oficina migratoria y de aduanas en donde hay una telaraña armada de tal manera que complican todo trámite que uno vaya a hacer, para así, ablandar a la persona que desea cruzar y sacarle unos dólares de más.
Debemos hacer unos 50 kms. bajo una lluvia torrencial para llegar a Choluteca donde nos alojamos en un hotel – parque muy bueno, u$s 33.- s/desayuno.
El arranque se estropeó nuevamente y debimos recurrir a la antigua pero útil manija.
Cenamos en el hotel y dejamos la reparación para la mañana siguiente.

Domingo 24 de mayo, después de un desayuno casi normal, al lado nuestro estaban comiendo fideos con salsa y carne a las 9:00, nos dedicamos a reparar el arranque, a las 12:00 nos ponemos en marcha rumbo a la frontera con El Salvador, la ruta es buena y no tenemos inconvenientes en atravesar Honduras.
Salimos del país más convencidos aún de que nos habían estafado ya que el formulario que nos cobraran u$s 30.-, no era el que correspondía, o sea que no sirvió, pero igual nos dejaron salir. La entrada a El Salvador, fue sencilla y de poco costo.
Durante el trayecto de 200 kms. de ruta en regular estado, nos llama la atención la suciedad a los costados del camino, sobre todo en las cercanías de los lugares habitados, da la impresión de que la gente, embolsa los residuos y los arroja desde su casa a la calle desaprensivamente, ignorando las más elementales reglas de higiene.
Las viviendas son muy precarias, muchas de ellas cuentan nada más que con un techo aceptable y se hallan abiertas en los laterales aprovechando la benignidad del clima.
Llegamos ya oscurecido a San Salvador, capital de la república, es una linda ciudad pero no la entendemos, nos cuesta conseguir hotel, al fin, contratamos un taxi para que nos guíe y nos indica un hotel muy malo al que entramos de noche y porque tenía muy buena comodidad para el auto, si no, seguro que no nos metíamos.
El arranque nuevamente nos da problemas y debemos recurrir a la manija.

Lunes 25 de mayo, para nosotros fiesta patria, aquí, un día más. Recurrimos al arranque “a brazo” y tomamos la ruta hacia la frontera con Guatemala. El arranque se arregló solo, aparentemente fue una falla en la batería.
Salir de San Salvador, parece un poco complicado, no hay señalización y preguntamos un par de veces; al fin un automovilista se ofreció, conociendo nuestro problema, a guiarnos hasta la salida, lo seguimos durante una media hora mezclados en la maraña de un intenso y desordenado tránsito, al llegar a un punto, se detiene y nos indica que sigamos siempre recto, recto; seguimos su sugerencia, al rato de andar, Horacio sugiere que ese camino lo conoce y que es el mismo que tomamos el día anterior para entrar a la ciudad, le digo muy educadamente que el café le cayó mal y que deliraba ya que no nos habíamos desviado de la ruta que nos señalara el individuo del auto. Detenemos a un transeúnte y le preguntamos si íbamos bien para Chimanas, la frontera por donde pensábamos salir, nos dijo que sí, seguimos andando y vemos varios sitios conocidos, este último informante también estaba errado, en el km. 38, después de una hora de viaje confirmamos que íbamos exactamente en sentido contrario.
Desandamos lo recorrido y cruzamos la ciudad en medio del infernal tránsito, para colmo estaban haciendo arreglos importantes y la calzada estaba reducida generándose embotellamientos y un caos mayúsculo.
La ruta hasta la frontera es bastante buena pero, insisto, con grandes acumulaciones de residuos a los costados del camino.
El último tramo en territorio salvadoreño cruza una zona de derrumbes, las montañas que bordean el recorrido, son de tierra y es una zona muy peligrosa en época de lluvias ya que se producen deslizamientos que muy a menudo destruyen todo lo que encuentran a su paso. El ingreso a la zona de frontera se halla en muy mal estado.
Los trámites de salida y aduana son muy sencillos y rápidos tanto del lado de El Salvador como del de Guatemala.
En el mismo momento en que estamos gestionando nuestros papeles, un cambista del lado guatemalteco fue asesinado por motivos de robo a unos 200 mts. de donde nos hallábamos.
Una vez salidos de la zona de fronteras con su habitual mercado persa y su desprolijidad, la ruta que sigue es bastante buena y más limpia.
Como en la mayor parte de América, hay poca señalización y nos damos cuenta que aquí, las medidas métricas de distancia no existen, usan la legua de referencia, ésta puede medir desde 500 metros a 50 kilómetros, es muy variable, o sea que no sabemos a que distancia nos encontramos de ningún lugar.
Otra medida de distancia es la vista, hasta donde usted ve, una o más veces. Como consejo si uno insiste con la exactitud, le dicen que no mire tan fuerte así tiene que manejar menos.....
En una parada para cargar combustible, se nos acercó un argentino que estaba viajando solo con un Senda, dormía en el auto y nos dio la impresión de que andaba medio escapado o que tenía algún cable medio flojo, él y no el auto, lo invitamos a un café y charlamos un rato antes de despedirnos.
Llegamos a la ciudad de Guatemala alrededor de las 17:00 y nos ubicamos en un muy buen hotel u$s 42.- s/desayuno, recién después de estar instalados descubrimos que el hotel se encuentra en la prolongación imaginaria de la pista del aeropuerto internacional, por suerte los vuelos terminan temprano.

Martes 26 de mayo, con el Norte como meta, salimos a la ruta, nos detenemos un rato en Antigua, primera capital de Guatemala, declarada patrimonio de la humanidad por la Unesco y la que tiene para mí un encanto especial, tanto por la parte edilicia que conserva el estado original, cuanto por la cordialidad de sus habitantes. Antigua recibe visitantes de todos los rincones del mundo, especialmente europeos que pasean por sus pintorescas calles, enmarcadas por los dos volcanes vecinos, uno de agua, con un lago en su cráter y uno de fuego que se encuentra en actividad.


Guatemala es el país centroamericano que más me llamó la atención, tanto por su limpieza como por sus costumbres arraigadas, hay muchos nativos separados en etnias diferentes que se identifican por los distintos y llamativos colores de las vestimentas. Las personas son un poco tímidas pero muy amables, las mujeres, un poco más sociales, nos regalan tiernas sonrisas al vernos pasar.
Debemos atravesar una cadena de montañas interminable, el auto las trepa con una facilidad asombrosa. La zona es muy peligrosa ya que hay sectores en reparación y una densa neblina nos acompaña durante un largo trecho.
Los frenos, a pesar de que nos ayudamos con la caja de velocidades para no esforzarlos, recalientan por el excesivo uso que hacemos de ellos ya que las pendientes son muy pronunciadas e interminables. Los campos están sembrados casi en su totalidad , la mayoría en forma de terrazas por los desniveles del terreno y de manera muy prolija, también las viviendas que se ven, a pesar de que algunas son muy sencillas, denotan un cuidado que no hemos visto en los demás países que recorrimos.
Para no pernoctar en la frontera, nos detenemos en un pueblo muy humilde y en un hotel más humilde todavía, u$s 7.- la doble. Las habitaciones, con piso de cemento, daban a un patio utilizado como cochera y tenían unas pocas telarañas; al baño, por suerte, se podía llegar caminando ya que se encontraba a apenas unos 15 metros de los cuartos y un ventilador de techo escasamente alcanzaba a mitigar el calor de la noche.
Comimos un par de tacos con licuados en el único bar de las cercanías y a las 22:00 estábamos de regreso ya que no había donde ir.

Miércoles 27 de mayo, hace un calor infernal, salimos para la frontera, Tecúm Umén es la población que se encuentra del lado guatemalteco y es donde debemos ir al consulado mejicano para sacar una visa especial de transmigrante ya que viajamos en vehículo propio. Llegamos a las 7:30 pero recién abren a las 8:00 y reciben los documentos, nos auguran una larga espera ya que la cónsul llega más tarde y la entrega de las visas se realiza de 14:00 a 15:00, insistimos en que tenemos que seguir viaje y se condolieron de nosotros, a las 11:00 ya estábamos con todo listo para continuar. Los trámites migratorios y de aduana fueron muy simples del lado guatemalteco, migraciones mejicana también, pero el trámite aduanero debe hacerse en un pueblo unos 50 kms. adentro, se llama Viva México; nos demoramos un buen rato en el tramiterío, el calor es agobiante y el auto permanece al sol, concentrando una temperatura tal que resulta un suplicio entrar en él.
La ruta es al principio con desniveles pero buena, entramos por el estado de Chiapas, zona conflictiva, y nos trasladamos sin problemas.
Somos detenidos varias veces por el ejército para identificarnos y revisarnos el auto junto con todo el equipaje, sucede tan seguido que resulta molesto. Los puestos de las fuerzas armadas, están equipados como para defenderse de un ataque de guerrilleros entrenados, o sea que para revisar nuestro humilde auto, estaban sobredimensionados.
Vemos pasar cantidad de camiones con autos averiados de EE.UU., los que son llevados a Centroamérica para ser reparados y vendidos.
Ya de noche y con unos cuantos kilómetros recorridos, nos alojamos en un hotelito rutero a la entrada de un pueblo, muy confortable, con aire y TV, u$s 20.- s/des.. Cenamos una exquisita barbacoa de venado y de res, especie de carne a la cacerola muy sabrosa y no demasiado fuerte, de postre, un flan con gusto a nada.

Jueves 28 de mayo, pretender desayunar café con leche con tostadas, suena como algo muy simple, no es así, en estos lugares es algo excéntrico, al lado nuestro, desayunan barbacoa con chile y nosotros debemos conformarnos con café con unas galletitas.
Tomamos la ruta costera, está bastante buena pero corre en forma permanente entre cerros, es difícil hallar unos pocos metros rectos. Esta circunstancia nos reduce la velocidad y hace más cansador nuestro viaje.
Las hermosas playas de Huatulco, nos invitan a hacer un alto, tomamos un buen baño de mar y de paso le hacemos un pequeño mantenimiento al vehículo, cambiando las bujías y ajustando el distribuidor.
Retomamos la ruta con la idea de hacer noche en Pinotepa Nacional, ciudad donde en el viaje anterior nos detuvimos en un cómodo hotel recién inaugurado, como estamos fuera de temporada, no tendríamos problemas para alojarnos.
Con la ciudad a la vista, apenas a unos metros, el viaje se complica ya que la ruta desapareció y todo se transformó en una montaña de tierra sin demarcar, con guadales que hicieron de este último y corto tramo un suplicio que duró más de media hora.
Al fin entramos a Pinotepa y ubicamos el hotel que conocíamos, no contamos con que un congreso de un culto había elegido esta localidad para reunirse, estaban todos los hoteles buenos ocupados, solamente conseguimos lugar en unos de muy bajo nivel, sucios y desagradables. Optamos por cenar en el mejor hotel del lugar y esperar a que se hiciera de día, sin alojarnos, para seguir viaje.
Después de comer, me dirijo a la recepción a solicitar cambio y me dicen que disponían de una habitación, no preguntamos cuanto cuesta y la tomamos. El hotel es de lo mejor y económico u$s 23.- s/desayuno.

Viernes 29 de mayo, salimos un poco más tarde de lo acostumbrado ya que nos duraba el cansancio del día anterior.
La ruta sigue muy sinuosa, pasamos por Acapulco, almorzamos en la ruta, en un comedor sencillo y de ambiente casero, comida excelente y muy barata, u$s 8.
En algunos ríos hay lavaderos de ropa muy bien organizados hasta con tendederos. A los lados de la ruta se ven cruces y altares adornados con flores multicolores.
Después de atravesar una gran cantidad de poblados con sus respectivas lomadas y todavía de día, llegamos a Itxapa, lugar turístico de primer nivel, todas las grandes cadenas hoteleras están presentes, algunas como el Sheraton o el Othon, tienen inmensos hoteles cercanos al mar; nos ubicamos en un apart-hotel muy bueno, con cocina, horno microondas y heladera u$s 50.- s/des.
Salimos a cenar, hay una buena selección de restaurantes con gran variedad de oferta, sobre todo de frutos de mar, en especial, mariscos y langostas.
Itxapa está cercana a Zihuatanejo, ciudad que pretende ser cabecera de un nuevo estado y ya se declara “Ciudad libre de Guerrero”, estado al que por el momento pertenece.

Sábado 30 de mayo, el tiempo es espléndido y la ciudad brilla en todo su esplendor, las calles vacías nos indican que a pesar del buen tiempo, estamos fuera de temporada.
La ruta que nos lleva al norte, bordeando el mar, es muy sinuosa y desolada, los puestos de gasolina están muy distantes entre sí, y debemos calcular de no pasarnos por alto el tener suficiente combustible; en uno de los puestos omitimos recargar y nos quedamos en una cuesta prolongada, dimos vuelta el auto y volvimos hasta el comienzo de esta con el solo impulso de la pendiente, en la base habíamos visto un par de casas y pensamos que allí encontraríamos la solución para el problema. Había un pequeño bar y no tenía gasolina pero se ofreció a enviar a su niña, de unos 4 años a buscar a una casa cercana unos litros con un bidón. Fue la niña y al rato volvió con el bidón lleno, lo suficiente como para llegar hasta la próxima bomba.
La próxima “bomba de gasolina”, la encontramos en un almacén donde vendían gasolina en bidones, método muy usual en esta zona.
Para almorzar, hacemos un alto en una hermosa playa con aguas cálidas y de olas violentas, en un comedor del lugar nos preparan un rico menú en base a pescado mientras reposamos en las hamacas que están a disposición de los visitantes.
Ya se está acostando el sol cuando llegamos a Manzanillo, otra ciudad costera con puerto y balnearios, paramos en un muy buen hotel sobre el mar, u$s 37.- s/des.. En esta zona, también hay olas de una fuerza impresionante, el hotel tiene pileta a pesar de estar sobre la costa , no creo que estas playas sean muy aptas para baños.
Cenamos muy bien en el restaurante del hotel, yo una exquisita tortilla de papas a la española y Horacio un plato de surtido de mariscos tan abundante que le costó dar cuenta de él.

Domingo 31 de mayo, hace 53 días que viajamos, hasta ahora sin problemas, estamos algo cansados y nos prometemos una jornada descansada, hacemos unos 250 kms. y llegamos a Puerto Vallarta, ciudad balnearia de renombre internacional y meta del día. Son las 13:00 y ya nos alojamos en un hotel cómodo sobre la playa, comemos algo liviano en un restaurante costero y nos permitimos una siesta, luego un rato de playa y ya más tarde salimos a caminar por la ciudad.
Estuvimos de suerte ya que se conmemoraba el 80 aniversario de la fundación de la ciudad, había muchísima gente, de todos los estratos sociales mezclados con turistas americanos, alemanes y muchos holandeses.
A las 22:00 comenzó un espectáculo de fuegos de artificio memorable, no únicamente de bombas de estruendo y bengalas sino fuegos con movimiento, en un sitio sobre el mar y casi sobre la gente, creo que solo por suerte o por gracia de Dios, no hubo que lamentar algnú accidente.
Todas las cadenas internacionales de hoteles se hallan en esta ciudad, también todos los restaurantes famosos, tales como Hookers, Hard Rock Café, Planet Hollywood y otros.

Lunes 1º de junio, llegando a Puerto Vallarta, se agudizó un problema en los frenos, así que temprano averiguamos por un taller para arreglarlo y allí nos dirigimos, nos cambiaron las cintas traseras y una válvula en la bomba pero no quedamos muy conformes ya que mejoró levemente, de todas maneras frenaba mejor. El taller era bastante precario y no nos ofreció garantías de buen trabajo, el tiempo nos demostraría que estábamos equivocados.
Apenas salimos del mecánico y al hacer una parada, se nos rompió el arranque nuevamente, otra vez el resorte del Bendix, lo desarmamos en un taller al que le pedimos permiso para usar la fosa e hicimos soldar el resorte, no lo querían soldar argumentando que no era lo correcto pero como no nos podían dar otra solución, al fin accedieron a hacerlo y el arreglo duró hasta Alaska.
Cansados de tantas tareas, regresamos al hotel a lavarnos y nos tomamos el resto de la tarde libre para ir a la playa.
Lo llamamos a Carlos Verde a Miami para ver que posibilidades habría de vender el auto en USA, no estaba muy informado pero nos dio algunas indicaciones.
En la playa y en todo Vallarta, el personal de servicios y los vendedores están obligados para poder subsistir, a hablar dos o tres idiomas debido a la diversidad del turismo que acude a la región, sobre todo americanos, alemanes y holandeses.
Pernoctamos en esa hermosa ciudad y nos preparamos para continuar nuestro viaje con el vehículo en condiciones.

Martes 2 de junio, con el norte al frente, salimos de Puerto Vallarta, apenas nos alejamos de la parte céntrica, comienzan las cadenas de hoteles y vemos también gran cantidad de condominios de categoría.
El auto acusaba un problema de recalentamiento de frenos, el que atribuímos a las cintas nuevas, confiamos en que con el uso se solucionaría.
El trayecto lo hicimos todo por autopista por peaje, costaba u$s 6.- pero no lo pagamos porque las casillas estaban tomadas por agricultores que protestaban por los costos del mismo.
En la ruta, las lagartijas y lagartos cruzaban haciendo caso omiso de los autos.
Pasamos por Mazatlán, otra ciudad turística plagada de grandes hoteles, luego cruzamos por Culiacán y arribamos a Sinaloa, donde nos alojamos.
En Sinaloa, nos ubicamos en un hotel aceptable con aire y TV, u$s 25.- s/des., salimos a caminar pero nuestros horarios no son los más indicados para hacerlo ya que está todo muy desolado y no es recomendable andar de noche por estas ciudades.

Miércoles 3 de junio, temprano retomamos la ruta. En una gasolinera nos hacen un reportaje para el periódico del estado.
Esta vez, a las lagartijas y lagartos se suman las ardillas que despreocupadamente cruzan sin importarles los vehículos, vemos muchas que no lograron su objetivo.
Siguen los piquetes en las casillas de los peajes y nos evitamos de pagar. Al vernos pasar con nuestro llamativo medio de transporte recibimos muestras de aliento por parte de los manifestantes.
La temperatura es muy elevada pero el noble auto se comporta de manera envidiable, devorando kilómetros sin sentirlos.
Nosotros, sí los estamos sintiendo, hablamos de ello y decidimos descansar el próximo fin de semana.
El camino que seguimos es todo por autopista y por peaje pero la pista no está en muy buenas condiciones.
Ya de noche arribamos a Hemosillo, ciudad colonial muy bonita, se encuentra a solo 300 kms. de la frontera con Tucson, Arizona, si bien no pensamos entrar a los EE.UU. por allí, nos invade la sensación de estar ya con otra etapa cumplida
Paramos en un hotel colonial muy antiguo pero reciclado, nos alojan en una suite de medidas amplias, tenía dos camas enormes, mesa de comer, juego de living, tres ventiladores de techo, heladera, aire y un TV de 29”, todo por u$s 33.- s/des.
El hotel tenía dos cuerpos separados por una calle y unidos por un puente, para llegar a las habitaciones se pasaba por unos pasillos con vista a un hermoso patio de época, alumbrado por unas lámparas que daban la impresión de que funcionaban con velas.

Jueves 4 de junio, después de desayunar, regulamos los frenos y seguimos viaje, los próximos 150 kms. son de doble mano, luego se transforma en una ruta común que se halla en estado regular.
La zona que nos rodea es la clásica que hemos visto en tantas películas del oeste, desierto, cactus y montañas, solo faltan los indios al acecho.
La ruta corre paralela a la frontera, de este a oeste, seguimos por territorio mexicano rumbo a Tijuana, donde pensamos cruzar.
A las 17:00, con 460 kms. recorridos, llegamos a Sonoyta, estado de Sonora y nos alojamos en un confortable motel, disfrutamos un buen rato de la pileta y reponemos energías para la próxima etapa.
Sonoyta se halla en medio del desierto, el motel se halla a unos metros del límite de la ciudad, caminamos y vemos que termina ésta y comienza la nada.
Cenamos carne asada con ensaladas y vino después de mucho tiempo, no es de nuestro gusto pero igual dimos cuenta de todo lo que nos sirvieron.

Viernes 5 de junio, salimos al desierto, desde detrás de unos cerros nos parece haber visto salir señales de humo, seguramente no es así pero nos dio esa impresión.
Pasamos por Mexicali, ciudad con una zona fabril muy importante y una cantidad de desarmaderos impresionante, nuestro Ford, los mira con nostalgia pero sin temores ya que marcha como el primer día y el sonido del motor es un susurro.
Con otro vehículo controlamos la velocidad ya que nuestro velocímetro se dañó al poco tiempo de iniciar el viaje y comprobamos que viajábamos muy rápido, cerca de los 100 kms/h demasiado si pretendemos llegar a destino sin inconvenientes.
El viaje continúa por ruta de mano única, atravesando montañas de grandes pendientes, las rutas de ida y de vuelta están separadas entre sí y se circula con total seguridad.
Por consejo de gente del lugar, decidimos cruzar la frontera en Tecaté, pequeña población en donde el cruce se haría más rápido. Hacemos migraciones y aduana del lado mexicano muy simplemente y nos dirigimos a la cola de vehículos que se dirigían a los EEUU, la cola avanza con rapidez y cuando nos tocó el turno, ni siquiera nos hicieron bajar del auto ni lo revisaron, solamente miraron los pasaportes y nos apuraron para no demorar a los demás, nuestro trámite demoró unos 15 segundos en total; nada parecido a las fronteras de los países latinos, en las cuales demorábamos desde dos horas a medio día.
Seguimos por un rato con rumbo oeste, primero por montaña y luego por una ruta que atravesaba una linda zona rural hasta que tomamos la ruta 5 con neto rumbo norte, es la que nos llevará a través de todos los EEUU.
De viajar por caminos desolados y de tener que calcular donde quedaba el próximo surtidor de gasolina, pasamos a integrar la gran masa de vehículos que se mueve con un ritmo infernal, empujándonos y tratando de llevarnos a la misma velocidad que ellos, no lo logran, ya que nuestro auto no se aviene al andar de sus congéneres.
Sin pensarlo, estamos en Los Angeles y alojados en un excelente motel de la cadena Dynasty Suites, u$s 49 c/desayuno.

Sábado 6 de junio, le dimos un resuello al cansado Ford y alquilamos un Chrysler Neón para ir a Las Vegas. El trámite del alquiler no fue tan sencillo ya que estábamos lejos de las compañías rentadoras y recién a las 12:00 estuvimos listos para ir a desbancar a alguno de los casinos más grandes del mundo.
Con las indicaciones y un mapa tomamos la ruta, son 400 kms. , los primeros 150 a 200 son de 4 carriles de cada lado, luego se reducen a dos, la columna de vehículos, si bien no muy densa, es continua a través de todo el trayecto, tanto en un sentido como en otro, da la impresión que los estadounidenses no tuviesen casa y que su vida transcurriera dentro de los autos, es tanta la cantidad de vehículos que vemos en movimiento.
Aproximadamente la mitad del viaje la hacemos a través del desierto del Mojave y cruzando el Death Valley, Valle de la Muerte.
La velocidad máxima es de 70 millas pero todos viajan a 80/85 millas p/hora, haciendo caso omiso a las indicaciones de los carteles.
A unas, primero, 80 y luego, 40 millas antes de llegar y en medio de la nada, se levantan sendos complejos hoteleros con casinos, los que tratan, y a veces lo consiguen, de sacarle algo de público a la mítica ciudad del juego.
A las 17:00 llegamos a nuestro destino, es difícil de explicar, a pesar de que lo hemos visto infinidad de veces en el cine y en la televisión, no deja de sorprendernos a cada paso. Todo es grande y majestuoso, nos rodea un lujo ofensivo.
Elegimos un motel sencillo pero confortable justo en el centro neurálgico de la city, a pasos de los más grandes hoteles y casinos, u$s 65.- s/des.. En la puerta del motel había una agencia que alquilaba autos especiales, BMW, Mercedes y Porsche, todos convertibles, por semana, día o hasta por horas.
Salimos a caminar y nos vemos sumergidos en la aglomeración que se mueve de un sitio a otro con nuestras mismas expectativas, conocer lo más posible este mundo irreal. Las personas son de los lugares más remotos, es así que estamos entre italianos, judíos, árabes, hindúes, alemanes, etc., vestidos a la usanza de sus países de origen y de todas las maneras imaginables, es así que al lado de personas atildadas, vemos otras con ropa muy informal y hasta alguna novia con su vestido, entusiasmada con las maquinitas.
Entramos a varios casinos, entre ellos al César Palace, que es de una magnificencia suprema, nos llamó la atención el hecho de que las camareras fueran en muchos casos, de edad avanzada y no muy esbeltas aunque de todas maneras usaban ropas llamativas.
Los mínimos valores de las fichas van desde u$s 0,25 en los casinos más humildes hasta u$s 5.- en los más sofisticados.
Horacio colaboró con Las Vegas con u$s 50.- y yo con u$s 1,25 que fue todo lo que jugué.
Cenamos muy bien en el Hilton, en uno de sus múltiples restaurantes, una riquísima sopa, una porción de pescado y un vaso de vino, u$s 30.

Domingo 7 de junio, empezamos el día un poco más tarde que de costumbre ya que nos acostamos a las 3:30, hora inusual para nosotros.
Desayunamos y damos una vuelta por la ciudad, no es la misma que vimos anoche con toda la iluminación encendida pero no deja de sorprendernos a cada paso la magnitud de sus construcciones, el hotel más grande tiene 8500 habitaciones, y es el más grande solo por el momento ya que están construyendo otro de 12500 cuartos. Son pequeñas ciudades dentro de Las Vegas.
Vemos varias capillas que son utilizadas con exclusividad para bodas, pequeñas y bonitas, además del servicio, proveen los testigos y las limosinas correspondientes.
Al entrar a pagar la carga de combustible en una gasolinera, veo adentro una cantidad de maquinas tragamonedas, las que se encuentran ocupadas desde hora temprana, no hay sitio donde no está a mano una maquinita.
Salimos a la autopista rumbo a Los Angeles, la misma columna del día anterior, de 400 kms. de largo, en ningún momento viajamos a más de 50 metros de otro vehículo. Vemos toda clase de rodados, casa rodantes, autos, camionetas, solos o con remolques cargando las cosas más disímiles, tales como motos de agua, cuatriciclos, caballos, helicópteros, aviones y todo lo que se pueda imaginar.
Unos kilómetros antes de llegar, nos detenemos en un mall, Horacio compró algunas prendas, comimos algo y seguimos viaje rumbo al motel donde paramos la noche anterior y donde dejamos el auto estacionado.
Horacio no andaba bien, tenía un poco de fiebre, da la impresión de ser un estado gripal, temprano nos fuimos a dormir.
El motel está al borde de la autopista, estamos muy cerca pero solo se oye un leve murmullo de los autos que circulan.

Lunes 8 de junio, se cumplieron 60 días de nuestra salida; el auto está muy sucio y como nuestra intención era venderlo, decidimos lavarlo.
Fuimos a un lavadero self – service que funcionaba con monedas, lavamos la carrocería y el motor. Quedó muy limpio pero no anduvo más, lo secamos, pero no fue suficiente, tuvimos que cambiarle el distribuidor.
Horacio no andaba bien y se metió en la cama, mientras tanto tomé el auto y fui a dar una vuelta. Al pasar por una zona de diversiones, vi el museo de Ripley y entré, resultó interesante y me quedé un par de horas.
Cuando salí del museo y me dispuse a subir al coche, veo salir humo del motor, tanta limpieza causó estragos en la parte eléctrica. El automático del arranque se desintegró y todavía estaba ardiendo, solo por milagro no se prendió fuego todo el vehículo. Con un cable hice un puente directo de la batería a la bobina y con la manija lo puse en marcha. Por seguridad, ya que tenía que viajar por la autopista, contraté un taxi para que me siguiera por si tenía un problema mayor y el auto se detenía sobre la ruta.
Llegué al motel sin contratiempos, verificamos los daños y decidimos que a la mañana siguiente recurriríamos a los servicios de un taller de electricidad.

Martes 9 de junio, conseguimos un taller donde nos solucionaron el problema cambiando unos cables y el automático, nos cobraron u$s 143.-, u$s 43.- de repuestos y u$s 100.- de mano de obra, a razón de u$s 50.- la hora.
Horacio seguía mal y después de esto, peor. El taller quedaba al lado de un centro asistencial y Horacio se decidió a tomarse la presión, tenía 11/18, muy elevada, como era un lugar para gestantes, lo derivaron a otro sitio donde lo atendieron muy bien y le recetaron la medicación adecuada.
Fuimos a la farmacia que nos indicaron y tuvimos que esperar que preparasen el remedio y que ingresaran todos los datos del paciente a la computadora. Junto con la receta le entregaron una planilla con las indicaciones personalizada.
A las 15:00, después de comer algo, retomamos nuestro camino.
Viajamos muy bien, todo por autopista, sin problemas y nos detenemos en un Econolodge , u$s 48.- s/desayuno.

Miércoles 10 de junio, comienzo del mundial de fútbol en Francia, imposible perdernos el espectáculo de la apertura, así que aprovechamos que es a la 7:30, hora local y lo vemos.
A las 9:00, ya estamos en la ruta, por supuesto autopista e inmejorable. El auto marcha a la perfección, devora kilómetros sin sentirlo, hasta ahora sólo tuvimos inconvenientes menores y salvo en Brasil, donde nos quedamos en un lugar peligroso y hubo que remolcarlo por razones de seguridad, siempre se movió por sus propios medios.
Vemos carteles indicando que los vehículos con tres o más pasajeros están exentos del pago del peaje, incitando a la gente a compartir los autos y de esa manera reducir el tránsito y la contaminación.
Nos detenemos a almorzar en un sitio excelente sobre la ruta, se trata de un parador donde hay un restaurante especializado en sopa crema de arvejas, Peach Soup, el mozo que nos atendió era mexicano y nos dijo que en plena temporada se forman largas colas y despachan 500 galones de sopa, 2000 litros, es muy rica, los platos que pedimos, además de la sopa, son muy buenos y de estupenda presentación, los precios, acomodados, u$s 23.-, los dos.
Continuamos por la autopista, a los lados hay carteles anunciando zonas de fuertes vientos, es muy real y debemos tener cuidado al conducir.
Aprovechando las condiciones del sector, han instalado, no sé si miles, pero sí varios centenares de generadores eólicos de todo tipo que cubren las montañas a nuestro alrededor.
A medida que nos acercamos a San Francisco, la meta del día, el tránsito de hace más intenso. Atravesamos el Bay Bridge, un largo puente de 8 millas de largo que une las ciudades de Oakland con San Francisco.
Con un plano en la mano y preguntando, nos ubicamos en un Econolodge, bueno y caro, próximo al centro, al barrio chino y a las líneas de tranvías; así no teníamos que usar el auto.
Salimos a caminar y temprano estábamos de regreso ya que se ven muchas caras raras y es mejor quedarse adentro.

Jueves 11 de junio, salimos del motel y nos dirigimos a la parada de una de las líneas de tranvía. En realidad no son exactamente tranvías ya que no se mueven con impulsor propio sino que lo hacen por medio de un cable subterráneo que se encuentra siempre en movimiento, el conductor del vehículo, dispone de dos palancas, una para frenar y otra para, por medio de unas mordazas, engancharse al cable en movimiento.
El corto viaje en tranvía me llena de emoción ya que después de haberlas visto en innumerables películas, por fin estoy circulando por estas míticas calles.
Mientras circulamos, vemos gentes de todo tipo y colores, con los ropajes propios de sus países caminando por las aceras.
El trayecto es muy agradable dado que hay buena onda entre el motorista y los pasajeros, habituales en su mayor parte, ya que este es un medio de transporte de uso diario.
El tranvía nos deja en el puerto donde hacemos averiguaciones acerca del costo del flete de un contenedor para el eventual despacho de nuestro auto desde aquí en el caso de que regresemos andando hasta San Francisco. El costo es de u$s 2000.- hasta Buenos Aires.
Paseamos un rato por el puerto y emprendemos el regreso al motel atravesando el corazón del Barrio Chino, Chinatown. Todo es tal cual lo conocíamos a través del cine y la televisión, aunque más limpio de lo imaginado.
Las construcciones son en su totalidad de madera, muy lindas y con un encanto particular, todas con escaleras exteriores para emergencias dado el grado de combustibilidad de los elementos utilizados en su ejecución.
Dimos por terminada la visita a San Francisco, luego de la corta recorrida por los lugares más característicos del lugar y después de retirar el equipaje, nos ponemos nuevamente en camino, cruzamos el célebre Golden Gate con la isla de Alcatraz a la vista y una cantidad de marinas abarrotadas de naves de todo tipo, color y medidas, imposible de imaginar para habitantes de nuestro país del “primer mundo”, según dice nuestro presidente de turno.
Para retomar nuevamente la ruta 5 Norte, debemos hacer varios cambios de autopistas, los que hacemos sin inconvenientes dada la buena señalización que encontramos a la vista. Los caminos son impecables y nos internamos en una zona montañosa cubierta de pinares y con las cumbres nevadas, el clima es espléndido.
La ruta atraviesa la región del Shasta Lake, uno de esos lagos de película ya que es de un color azul intenso, está rodeado de pinos y enmarcado por cumbres nevadas de una belleza que tratamos de atrapar con la cámara fotográfica pero que será muy difícil de apreciar en el papel, la vamos a llevar atrapada en nuestras mentes y en el corazón, lo cual no es poco.
Los ríos de la zona son torrentosos y de aguas muy frías ya que provienen de los deshielos.
Pasamos por varias propiedades en donde se cultivan en exclusividad, pinos de navidad con carteles de publicidad que decían “elíjalo y córtelo usted mismo”. También pasamos por el centro de distribución Wall-Mart de la zona Oeste, era un depósito que se encontraba a unos 300 metros de la ruta, mide unos 700 metros de frente por unos 100 de fondo y en las playas de maniobras había alrededor de 200 camiones semirremolques cargando y descargando mercaderías. Todo bien al estilo americano, bien grande e imponente.
Apenas salimos, a unos 100 kms. de San Francisco, había carteles indicando la obligación o no de usar cadenas para la nieve, todavía teníamos que ir mucho más al norte y esas indicaciones nos hicieron preocupar un poco, luego la realidad sería muy distinta.
Atravesamos en el trayecto una cantidad de puentes de hierro fantásticos de estructuras bellísimas con ríos y vías férreas por las que vemos circular en forma permanente grandes formaciones de trenes de carga, los que en algunos casos portan contenedores encimados de a dos, formando un volumen con una altura apreciable y que no podrían circular por nuestras vías dada la poca altura de nuestros puentes.
Al llegar a Yreka, todavía California y ya casi en límite con Oregón no detuvimos en un buen motel, u$s 42.- s/des..

Viernes 12 de junio, estamos a 900 mts, sobre el nivel del mar, la mañana es fresca pero espléndida en esta región de América.
Seguimos por unos kilómetros en California, rodeados de montañas con cumbres nevadas por una autopista impecable, siempre rodeados de vehículos, en ningún momento estamos solos en la pista.
Entramos al estado de Oregón, el más norteño de la costa oeste, estamos ascendiendo y hay carteles que indican que entramos a zona de nevadas, también hay otros indicando la prohibición del uso del freno motor en los camiones ya que ese sistema de frenado aumenta la contaminación del aire.
Encontramos densos bancos de niebla en el camino, por suerte la demarcación es excelente y eso hace que no haya demasiado riesgo.
A los costados de la ruta se ven carteles con anuncios invitando a votar por uno de los sheriff de la región.
En un área de descanso, Rest Area, hay invitaciones a tomar un café gratis y descansar para así evitar accidentes, Saffety Break – Free Coffe.
Pasamos por Portland por un nudo de autopistas difícil de describir. El tránsito es denso pero tranquilo y hay en circulación toda clase de vehículos, desde infinitas casas rodantes y motorhomes, una más imponente que otra, automotores con toda clase de remolques, desde acoplados con un par de Harley o helicópteros, hasta camiones que nos parecen gigantes mientras no vemos uno más grande aún.
La gente en el Norte mira con simpatía nuestro paso, en cambio en el Sur, casi ni nos miraban, ensimismados en el infernal tránsito.
Para pernoctar, nos ubicamos en un Best Western, ni mejor ni peor que cualquiera de los moteles que paramos anteriormente pero mucho más caro, u$s 80.- c/desayuno.
El lugar donde cenamos merece un párrafo aparte, el restaurante italiano, Buca di Beppo, estaba justo frente al hotel, todo alfombrado y dividido en habitaciones separadas por arcadas, que albergaban unas 6 ó 7 mesas cada una, salvo una un poco más grande para reuniones mayores, una de las estancias con una mesa oval y un sillón de cabecera en el que faltaba Don Corleone; todo con un decorado muy cargado al estilo italiano.
Para acceder a las mesas, había que anotarse y esperar a que lo llamaran, para ingresar por la cocina del lugar y echar una mirada al trabajo de los cocineros, los platos eran muy abundantes, tanto así que con una sola porción de fideos comimos los dos y sobró para un par de personas más, con agua y un vaso de vino nos cobraron u$s 23.

Sábado 13 de junio, amaneció nublado, desayunamos en el lobby del hotel, era autoservicio, y volvimos a la ruta, apenas salimos, al costado del freeway vemos un taller de restauración, nos las ingeniamos para volver y por suerte, ya que era sábado y no trabajaban, estaba el dueño haciendo limpieza, Louis, que así se llamaba, nos atendió muy bien e hicimos una recorrida por su taller, tenía varios autos en proceso, entre ellos un Bentley del 29 y un Lincoln Town Car, muy valiosos.
Una leve llovizna nos acompaña por un rato, nos detenemos en un Mall para hacer unas compras pero una empleada, filipina, de una oficina de correos me indica que para hacer mejores compras nos conviene ir a otro, unas pocas millas más adelante, mejor que no se enteren sus vecinos de las indicaciones porque si no la envían de vuelta a sus islas.
Nos detuvimos en el centro de compras donde compramos un par de cosas y comimos algo. Seguimos viaje y sin darnos cuenta estuvimos fuera de los EEUU. Había una larga fila de vehículos para entrar a Canadá por ser fin de semana y a nosotros nos exigieron, a pesar de tener la visa sacada desde Bs. As., declarar el dinero que llevábamos, e inclusive, mostrar los travellers cheks para demostrar nuestra solvencia.
Estamos en Canadá, creo que a esta altura no tenemos conciencia del camino recorrido y de la importancia del hecho.
En el principio de nuestro paso por tierras canadienses, viajamos por una zona de campiña muy pintoresca, luego nos internamos en un cañón por cuyo fondo corre un río muy caudaloso y correntoso, a la región la llaman “Capital del Rafting”.
A nuestro paso vemos muchas formaciones de trenes de cargas con contenedores que circulan por las distintas y múltiples vías férreas de la comarca.
Nos cruzamos con cantidad de motos de gran cilindrada, en su mayoría, Harley que venían de un rodeo de motos muy concurrido.
Por ser fin de semana las actividades eran varias, al pasar por otro paraje, vimos en una pista cercana, un encuentro de Street-Roads, autos especiales de todo tipo y donde había una competencia de ¼ milla.
No esperamos la oscuridad para parar ya que son las 21:00 y todavía es de día y paramos en Cache Creek, un pequeño pueblo del interior, en un hotel de plástico, con precios de uno de hormigón, pero muy confortable, u$s 52.- s/desayuno.
Salimos a cenar, todavía de día, había pocas opciones ya que estaba casi todo cerrado. En un restaurante cercano, pedimos el Steak Style New York, un bife que por el precio, u$s 14.- decidimos compartir imaginando algo gigante, o al menos lo suficientemente grande, grande fue nuestra sorpresa al ver una fina costeleta en una bandeja, de esas que nos sirven en Argentina cuando no hay otra cosa para comer. De todos modos, tenemos reservas suficientes como para no desfallecer.

Domingo 14 de junio, a las 7:00 nos despertamos con el tiempo suficiente para ver los momentos finales del partido Argentina – Japón, que terminó 1 a 0.
Apenas termina el partido continuamos viaje. Es una mañana gris y hay una ligera llovizna que se transforma en lluvia y nos acompaña hasta bien entrada la tarde.
El entorno del camino es hermoso, viajamos entre lomadas cubiertas de pinos es tal la cantidad que las montañas parecen alfombradas por ellos.
A eso de las 19:00 entramos en una región de lagos. El tránsito de vehículos de recreo es intenso, sobre todo en sentido inverso al nuestro, seguramente es gente que regresa a sus hogares después del fin de semana.
Pasamos por Fraser Lake, una población donde hay una planta procesadora de madera inmensa, las pilas de troncos son muchas y descomunales, de más o menos unos 10 mts. de altura por unos 250 a 300 mts. de longitud.
A las 20:30 y con el sol todavía alto cae sobre nosotros un leve chaparrón y nos encontramos cercados por un entorno particular, por un lado un lago de película, por otro las negras nubes, adelante un sol enceguecedor y por el otro lado un arco iris espectacular, naciendo de entre una alfombra de pinos.
Estamos muy cerca de nuestro destino final, apenas 2000 kms. nos separan de Anchorage, son pocos comparados con los ya recorridos, muchas veces por caminos difíciles y peligrosos.
Conducir, después de haber cruzado la frontera México-EEUU, resulta un juego.
A pesar de que el auto marcha a la perfección, nuestra ansiedad nacida del hecho de estar tan cerca del destino elegido hace que empecemos a escuchar ruidos en el rodado que solo existen en nuestra imaginación.
Llegamos a las 21:30, todavía de día a Houston, donde nos alojamos en un motel de segunda, propiedad de unos chinos que no le daban mucha importancia a la limpieza. Como a pesar de la luz, era bastante tarde, sólo conseguimos algo para comer en una estación de servicio.

Lunes 15 de junio, dejamos el motel apenas nos levantamos y ni siquiera desayunamos allí sino que volvimos a la estación de servicio para hacerlo. Vimos pasar un tren que era exclusivo para esmerilar las vías, en la penumbra mañaanera y también debido a que estaba muy nublado causaba un efecto llamativo, tanto por el ruido que hacía como por las chispas que despedía a su paso.
Una tenue llovizna nos acompañó por unos momentos, al rato se despejó y el sol empezó a brillar con esplendor, más aún cuando iluminaba las cumbres salpicadas por la nieve.
Una pequeña falla eléctrica en el encendido nos hizo detener, la arreglamos al estilo Mac Gyver, con poxilina y una botella de plástico y seguimos viaje.
La ruta comenzó buena y cada vez más desolada, de casas ni hablar y las gasolineras están muy separadas entre sí, unos 150 kms. de una a otra.
El camino se transformó, la carpeta asfáltica desapareció y comenzamos a transitar por sendas de ripio en regular estado. Es una región de grandes nevadas y los deshielos causan la destrucción de las carreteras.
El paisaje sigue enmarcado por lagos de película entre montañas tapizadas de pinos con las cumbres nevadas; cuando nos detenemos por cualquier motivo, llámese para hacer una escala técnica o simplemente para observar el paisaje, quedamos sobrecogidos por el silencio reinante, roto solamente por los sonidos del auto al enfriarse.
La gente de esta región es especial, posee esa cordialidad propia de las personas que se sienten autosuficientes, ya que deben valerse por sí mismos ante cualquier contingencia dada las distancias que existen entre los vecinos.
Nos detenemos a almorzar en un pequeño y muy acogedor restaurante familiar, con todo el equipamiento moderno, degustamos una sopa de pavo especial y una omelette Western exquisita.
Se agudizó la falla y el motor se detuvo definitivamente, por suerte es aún de día a pesar de que son las 22:00 horas.
Todos los vehículos que pasan, que no son muchos, se detienen a ofrecernos ayuda, es gente del lugar y turistas que se encuentran pescando en los ríos de la zona; también la policía se detuvo y se ofreció a ayudarnos en caso de que estuviésemos cuando regresaran de un procedimiento. A todos les dimos las gracias pero lo teníamos que resolver por nuestra cuenta ya que ninguno de los que se detuvo era mecánico y, para empeorar las cosas, mejor, lo hacíamos nosotros. Aquí, en la región, todos se detienen si ven algún vehículo en apuros, en época de invierno sobre todo, es obligatorio hacerlo, ya que si uno no se detiene, puede ser acusado de abandono de persona.
Después de renegar un rato y de luchar contra los mosquitos que demoraron nuestra tarea, solucionamos a medias el problema y pudimos seguir viaje hasta un buen y único motel sobre la ruta, llegamos a las 23:00 todavía con luz diurna, después de mucho pedir, logro que nos sirvan un té con un trozo de torta, estábamos hambrientos y a esas horas no hay nada abierto. El servicio fue atención del hotel.
Ya ubicados bajo techo, llevamos el distribuidor a la habitación y a eso de la una de la mañana lo dimos por reparado, al otro día veríamos.

Martes 16 de junio, lo primero es lo primero, desayunamos en un bar aledaño al motel y armamos el encendido, no funciona, vuelta a desarmar; mientras Horacio sigue intentando repararlo, voy caminando a buscar un condensador nuevo a un taller de electricidad a unos tres kilómetros del pueblo, me vendieron uno con su envase original. No tenían otros repuestos para ese distribuidor así que emprendí el regreso. Haciendo dedo, me levantó un señor que me indicó que a unos 500 mts. del motel, para el otro lado, había un pequeño desarmadero y que en él quizás podríamos encontrar lo que buscábamos. Era solo una posibilidad y lo intentamos, téngase en cuenta que estábamos en un pequeño poblado en el medio de la zona boscosa canadiense, alejados de todo centro urbano por cientos de kilómetros. De todas maneras, si había un “no” como respuesta no nos iba a sorprender.
Bajo del auto y me dirijo al dueño del predio, solicitándole repuestos para el distribuidor de nuestro viejo Ford, me indicó con seguridad, “come with me”, lo seguí entre medio de la maleza y me señaló un motor igual al nuestro, con todos los accesorios que se hallaba debajo de unas chapas. Nos dio el precio, u$s 14.-, precio ridículo para nosotros ya que lo hubiésemos pagado mucho más dado que nos habíamos quedado sin el distribuidor de repuesto y el que teníamos instalado no andaba del todo bien y nos dijo que lo sacáramos.
Cuando lo tuvimos en las manos y lo revisamos encontramos que estaba totalmente nuevo, calculamos que nunca había sido abierto ya que los tornillos y las abrazaderas estaban impecables, sólo estaba sucio. Lo colocamos y la marcha cambió radicalmente. Si hubiese tenido que hacer una apuesta, con seguridad que habría apostado a que en ese lugar no existiría ni siquiera un tornillo para nuestro auto.
De nuevo en la ruta con nuestro motor sonando como en los mejores tiempos, devoramos kilómetros mientras se nos cruzan ardillas y castores pero no los ciervos y renos anunciados en los carteles de la ruta.
Almorzamos muy bien, pescado con ensalada de repollo y papas fritas, las papas tienen un sabor distinto al acostumbrado. Ya entramos en el mítico territorio del Yukón y en la ruta del oro. Tomamos el Alaska Hyway ya cada vez más cerca de nuestra meta.
El clima es espléndido, el cielo muy azul y no sé si decir, en el atardecer, ya que éste es interminable, los rayos solares, con ángulos nunca vistos por nosotros forman en las nubes figuras multicolores de una belleza inigualable. En mis idas al cine, siempre critiqué los colores de algunas películas ambientadas y supuestamente filmadas en esta región ya que consideraba que se excedían en los colores de los decorados, hoy pienso que dichos filmes no hacían nada más que reflejar lo que estamos viendo en estos momentos.
Al paso del Ford, son muy pocos los que no nos saludan y dan muestras de apoyo y solidaridad con el raid, si alguno no lo hace, seguramente es por timidez.
Son las 21:30 y el sol nos encandila ya que vamos en franco rumbo Oeste. Nos detenemos en un motel anexo a un desarmadero y venta de antigüedades y por más que llamamos nadie sale a atendernos, salvo un montón de ardillas que se esconden a medida que avanzamos. Está todo abierto y al alcance de la mano. Entre un montón de curiosidades descubrimos un camión volcador Ford T con un sistema muy ingenioso y simple de operar.
Los moteles están muy alejados entre sí, así que debemos viajar un buen rato hasta llegar a Whitehorse, ciudad de 24000 habitantes y capital del Yukón, localidad que queríamos conocer. Llegamos a las 23:00, todavía con mucha luz.
El motel en que nos alojamos es hermoso, tiene una semana de inaugurado y posee confort de primer nivel, la habitación es inmensa, de más o menos 4 x 10 metros, por supuesto toda alfombrada y empapelada con un gusto exquisito; tenía dos camas enormes, mesa de comedor, escritorio, mesada con cafetera, TV de 29”, heladera, sillones, el baño con lámpara de luz solar y todo computarizado, u$s 64 s/desayuno.
Estamos en pleno centro del Yukón, a miles de kilómetros de nuestra casa, parece que no nos damos cuenta del camino recorrido hasta ahora.
Todavía con claridad, a pesar de la hora, salimos a comer algo en un drugstore cercano al motel.

Miércoles 17 de junio, salimos a desayunar, a caminar un rato por los alrededores y a hacer algunas compras ya que esta era la última población grande que visitaríamos en Canadá. De regreso al hotel en busca del equipaje, conocimos al dueño del mismo, un chino muy amable que hablaba muy bien el castellano ya que había vivido varios años en Guatemala, nos hizo conocer todas las instalaciones que no se encuentran a la vista, con el orgullo de haber logrado un claro objetivo, seguramente a costa de grandes sacrificios y de ingenio, él, con algunos más de su familia son los propietarios de este hotel, del futuro y lujoso restaurante aledaño y de un bar para mineros que debe ser la mayor fuente de ingresos de la sociedad.
Incitados por una publicidad que invitaba a visitar el City Hall, municipalidad, para nosotros, fuimos a firmar el libro de visitantes y a que nos firmaran el nuestro, cuando se dieron cuenta de que manera habíamos llegado, se revolucionó el lugar, nos hicieron obsequios y llamaron a la prensa para que nos hicieran un reportaje. Nos atendieron con una amabilidad formidable, la cual tiró por tierra el concepto que a veces se tiene de los habitantes de los países del Norte. No fue esta la única vez que lo experimentamos ya que en innumerables situaciones tuvimos contacto con las personas y nos demostraron una simpatía y un encanto a los que no estamos acostumbrados.
Volvimos a la ruta, cada día acortamos la distancia a nuestra meta. El camino está en reparaciones y debemos detenernos muy seguido. La mayoría del personal que trabaja en los arreglos son mujeres que celebran nuestro paso con cordialidad y simpatía.
Erramos el cálculo y nos quedamos sin combustible, justo a unos metros de una camioneta que llevaba un bidón auxiliar, nos proveyó de unos litros y pudimos continuar viaje.
Comimos en Haines Junction, justo en el lugar en donde debíamos doblar a la derecha para seguir hacia Anchorage. Por error o descuido, seguimos de largo y debido a la falta de señalización y a que no había a quien preguntar, recién confirmamos el yerro a los 140 kms. o sea que volvíamos a estar muy justos de gasolina para la vuelta.
Aprovechando al máximo las pendientes pudimos llegar hasta un surtidor donde llenamos el tanque y tomamos un café que no nos quisieron cobrar, a punto de retirarnos, nos dimos cuenta que disponían de cabañas para alquilar, tomamos una, sencilla pero confortable, u$s 37.- s/des.
Los dueños, un matrimonio mayor, nos atienden muy amablemente, él es retirado y la esposa es descendiente directa de aborígenes, nos muestra un artículo de un periódico donde figura su abuela aborigen, a los 105 años de edad. Hace 20 años que compraron esta propiedad que consiste en un pequeño bar-comedor con unas 8 cabañas que alquilan en temporada, en invierno cierran y se van a la ciudad. Aquí se encuentran lejos de todo y se debe ser autosuficiente en la mayoría de los productos, no tienen luz de red y para generar corriente tienen dos poderosos grupos electrógenos, además disponen de un snow cat , de una pala barredora y de un taller completo para reparaciones. A las 24:00 estamos jugando ajedrez con luz natural.

Jueves 18 de junio, a las 5:00, Horacio ya está levantado, está muy ansioso y quiere llegar, yo no tengo tanto apuro ya que llegar significa terminar con un sueño. No importa, siempre hay lugar para otro nuevo.
Dejé un mensaje a los dueños del parador, agradeciendo lo bien que nos atendieron y partimos, ya estamos cerca de la frontera con Alaska.
Contrariamente a lo pensado, nos fuimos alejando cada vez más de las cumbres nevadas, no hacía frío y dentro del auto viajábamos en mangas cortas.
Las liebres y ardillas se cruzan en la ruta con total desprecio por sus vidas, son miles de ellas que viven en la seguridad de estas soledades, con infinitos lugares donde guarecerse y agua y alimentos en cantidad.
Cerca del mediodía, salimos de Canadá y entramos nuevamente a los EEUU, por Alaska, nuestra meta, Anchorage estaba dada día más cercana.
Al salir de Canadá ni siquiera nos detuvieron pero para volver a entrar a los EEUU, tuvimos que hacer migraciones pero no trámites aduaneros, en 5”estuvimos libres para proseguir viaje.
Cuando cruzamos la frontera, cruzamos otro huso horario, por lo que ahora tenemos cuatro horas de diferencia con Argentina.
Estábamos en Alaska!!!!!, otra meta cumplida. Nos detuvimos en un lugar muy agradable a comer algo, la especialidad de la casa es el salmón, lo preparan en unas grandes parrillas y sale con sabor ahumado. Nos sirven una especie de bife de salmón King, muy rico, aparte había una barra de ensaladas y postres excelentes.
El sitio era una construcción de madera vidriada con techos de tejas con la sección de las parrillas al aire libre, téngase en cuenta el lugar del mundo en donde nos encontramos, había una gran salamandra en el interior pero nosotros estábamos comiendo debajo de un ventilador de techo dado lo alto de la temperatura.
Seguimos viaje, nos detuvimos a cargar combustible en un lugar de lo más extraño, tipo Far West, con pieles de oso, cornamentas de moose gigantescas, antigüedades y gentes de la zona muy pintorescas.
Pasamos por Toc, ya con rumbo sudoeste, la ruta que estamos transitando no parece ser de los EEUU por lo deteriorada, es muy mala y casi sin banquinas. Nos pasan y nos cruzamos con decenas de motorhomes.
Comenzamos a ver nuevamente montañas coronadas por la nieve cada vez más cerca.
Llegando la hora de descansar, no ya la noche, ya que son las 23:00 y todavía es de día, arribamos a un parador que posee un pequeño hotel, con bar, comedor y barra de bebidas muy acogedor, es simple y caro u$s 55.-, s/desayuno.
Este pequeño complejo en el que trabaja todo un grupo familiar, tiene todo lo que hay que tener para subsistir en esta zona, aeródromo, hidropuerto en un lago aledaño, pickup barrenieves, camión con orugas, cuatriciclos 4x4, 6x6, etc..
Nos cuesta asumir que debemos ir a dormir, son las 24:00 y el sol brilla en el horizonte, no se introduce directamente sino que permanece mucho tiempo recostado sobre él.

Viernes 19 de junio, desayunamos y ponemos proa a nuestro destino final, sólo nos separan 170 kilómetros de Anchorage, ¡170 kms.!. Únicamente un accidente nos podría impedir llegar ya que si se produjera una falla mecánica llegaríamos aunque sea empujando.
Nuevamente viajamos en un marco de montañas nevadas. La ruta está en reparaciones y sufrimos demoras que no nos preocupan a esta altura del camino.
El personal de la compañía pavimentadora está compuesto casi en su totalidad por mujeres, desde las que ordenan el tránsito hasta las que conducen las enormes aplanadoras. Son muy agradables, comunican el paso de nuestro vehículo por radio de uno a otro puesto y nos saludan con simpatía.
Pasamos a la vera del glaciar Matanuska, el día es espléndido, un poco fresco.
En un motel con vista al glaciar, donde nos detuvimos nada más que a tomar algunas fotos, nos encontramos con un grupo de motociclistas, todos con motos de gran cilindrada y de unos 50 a 60 años que venían viajando desde el centro de los EEUU.
Faltando 120 kms. para llegar, se nos cortó la correa del ventilador y la dinamo dejó de cargar. Con toda paciencia y casi sin decir malas palabras, procedimos al engorroso cambio, ya que para cambiarla había que aflojar las patas del motor, de todas maneras lo debíamos hacer, así que cambiamos la correa y continuamos viaje con la dinamo sin funcionar, esperando que quizás el problema hubiese sido por la correa.
Ya se nota que nos acercamos a la civilización, el tránsito aumenta y se ven más viviendas a los lados del camino. Nos detuvimos a comer en un sitio magnífico lleno de carteles ingeniosos.
Por recomendación de nuestro amigo Gustavo Lafont de Buenos Aires, entramos a Wasillia a visitar el Museo del Transporte e Industria de Alaska. El lugar merece un párrafo aparte tanto por las atenciones que nos brindaron como por la cantidad de elementos que posee.
Apenas nos acercamos, el secretario del museo, Patrick Durand, nos recibió cordialmente y él mismo nos guió y nos dio algunos datos. El lugar se trasladó hace poco tiempo a este predio de unas 6 ó 7 hectáreas y se mantiene gracias al aporte de 40 socios protectores y de un sinnúmero de socios voluntarios.
La mayor parte de la colección se halla al aire libre, hay tractores, máquinas agrícolas, autobombas, camiones, helicópteros, aviones de transporte, de caza, autos, equipos ferroviarios, tres o cuatro trenes completos, etc., etc.. En la parte cerrada vemos algunos vehículos, un par de aviones experimentales y un local donde venden toda la memorabilia relacionada con el museo.
Partick, sacó un colectivo Chevrolet 34 todo metálico y en perfecto estado y nos llevó a dar un breve paseo por los alrededores del museo. El pequeño colectivo está equipado, aparte de los neumáticos comunes, con ruedas metálicas para, en caso necesario, poder circular por las vías férreas.
En la población de Palmer, cercana a Wasillia, había al día siguiente un desfile como parte de un festejo llamado Colony Days, una fiesta regional a la que nos invitaron a participar con el vehículo.


Nuestro nuevo amigo, nos conectó con Dennis Allen, presidente del Antique Auto Mushers of Alaska, club de autos antiguos de Alaska con sede en Anchorage.
Dejamos Wasillia con la satisfacción de haber sido recibidos con un calor humano inusual en esta era de la cibernética.
Continuamos viaje, ahora por autopista y llegamos a: ¡ANCHORAGE!. Es una tarde espléndida y no hace frío en absoluto. ¡TAREA CUMPLIDA!.
Entramos por una gran avenida, a la vera vemos un aeródromo civil con una cantidad tal de pequeñas aeronaves como no creo que existan en toda Argentina, téngase en cuenta que Anchorage cuenta con tan sólo 250000 habitantes.
Cambiamos la dinamo en una calle vecinal y un joven de unos 25 años que leyó acerca de nosotros en un diario, se ofreció a colaborar con herramientas y su taller, no lo necesitamos pero insistió tanto que al fin entramos a lavarnos a su casa.
Nos costó conseguir hotel ya que estamos en plena temporada alta, al cabo de andar un rato nos ubicamos en un Econolodge, carísimo y malo, propiedad de unos chinos y con una construcción de segunda, costaba u$s 119.- c/desayuno.
Salimos a caminar y nos encontramos en una plaza con puestos de artesanías muy parecidas a las nuestras y un palco con una orquesta completa de jazz muy buena, con cuyo ritmo muchas parejas danzaban, vuelvo a insistir, pecando de reiterativo, nosotros esperábamos encontrarnos con esquimales en sus iglúes y nos encontramos con este espectáculo al aire libre, a solo unos kilómetros del círculo polar ártico.

Sábado 20 de junio, alrededor de las 5:00, nos despiertan unos pasos, eran personas caminando por el piso superior, de un lado para el otro, posiblemente preparando sus equipajes para retirarse. La construcción era tan precaria que el hotel se movía y crujía de tal manera que nos impidió continuar durmiendo. Después de desayunar fuimos al diario a poner un aviso por la venta del auto, nos preguntan si teníamos autorización del hotel para publicar, les digo que si, pero por un malentendido con un empleado de la recepción, resultó que debíamos dejar la habitación libre esa tarde ya que nos habían alojado sólo por una noche.
Buscamos otro hotel y conseguimos un motel a unos metros del anterior, pasable, con dos habitaciones y más económico, u$s 85.- s/desayuno. Entre que nos ubicamos y volvemos al periódico a poner el aviso, llegamos tarde al desfile en Palmer, pero igual disfrutamos viendo una auténtica fiesta de pueblo con desfile de carros, carretas, autos, camiones, autobombas, animales y conjuntos de personas que desfilaban con ropas típicas de la zona.
Había también una muestra estática de máquinas agrícolas antiguas y una exhibición de motores primitivos a combustión interna en funcionamiento.
Almorzamos en Palmer, muy bien, un Brunch, especie de desayuno muy completo que se sirve los domingos, pero que por ser día festivo lo ofrecían a pesar de ser sábado. El desayuno/almuerzo consistía en un salad bar con platos calientes y fríos y una pierna de cerdo adobada y acaramelada que era una exquisitez.
Volvimos a Anchorage, habíamos quedado con Dennis, en que cenaríamos con el y su esposa; a las 19:00, nos pasa a buscar, Diane y Dennis en su auto y nos llevan a cenar a un restaurante mexicano muy lindo, ellos comieron comida mexicana pero a nosotros nos duraba el atracón del mediodía, así que nada más pedimos sopa de la casa.
Nuestros anfitriones nos llevaron a pasear por los alrededores, pasamos por otro aeródromo tan grande y con tanto movimiento como el que vimos el día anterior, estaba a la orilla de un lago que alberga el mayor hidropuerto del mundo, tal es la cantidad de hidroaviones que cuando están operando, no cesan de desfilar delante de nuestra vista. En invierno el lago se congela y los flotadores son reemplazados por patines para poder seguir en funcionamiento.
Las orillas del lago cobijan familias de gansos, las que por su cantidad, y transformadas en plaga, ponen en peligro la seguridad del vuelo. Para evitar el crecimiento desmedido del número de los gansos, sueltan chanchos cerca de los nidos para que coman los huevos.
En el ’94, un avión de cuatro turbinas se estrelló por culpa de una bandada de gansos, murieron 24 personas.
De regreso al motel, nos encontramos con Giorgio, un italiano de 41 años, un poco más loco que nosotros, viaja en una Vespa 250, salió en enero de Ushuaia y va a viajar tres años financiado por varias empresas que le reúnen u$s 8000.- por mes, él, por todo concepto gasta un promedio de u$s 4000.-, o sea que le queda una bonita cifra para ahorrar, además escribe para un periódico, para una revista y ha editado dos libros.

Domingo 21 de junio, esperamos en el motel, a ver si el aviso surtía efecto, mientras vimos el partido Argentina – Jamaica.
Llamaron un par de personas y a las 10:45 nos pasaron a buscar Dennis y Diane para ir a ¿desayunar?, para nuestros amigos es el desayuno, para nosotros un almuerzo tempranero. Ellos comieron jamón con huevos y papas fritas, mientras nosotros dábamos buena cuenta a un exquisito salmón rosado con vegetales.
Luego de la comida, nos llevaron a pasear por sitios no turísticos, es así que entramos a la base militar, aprovechando la calidad de retirados de nuestros anfitriones, luego dimos un paseo por las afueras y tuvimos la oportunidad de ver un moose, reno gigante que al acercarnos con el auto, presuroso se perdió en el bosque; también fuimos a ver pescar salmones en un río muy cercano al centro de la ciudad.
En el camino de regreso, visitamos la casa de otro socio del club, el que es dueño de un par de Cadillacs modernos y un Cadillac del ’29 que es una pieza única, digna del más exigente de los museos.
A las 16:00 nos dejaron en el motel, averiguamos en la recepción y nos habían dejado un mensaje por el tema del aviso del auto.
Por la tarde, mientras estábamos acomodando el auto en la avenida para que fuera visto por la mayor cantidad de gente posible, se nos acercaron unos periodistas y nos hicieron un reportaje para un diario alemán.
Desde la mañana tuvimos mal tiempo, con lluvias y lloviznas, recién a las 22:00, aclaró y salió un sol espléndido.
Salimos a caminar hasta el centro, quedaba a unas cinco cuadras del motel, y nos metimos en un restaurante y pizzería propiedad de un chileno muy agradable y donde trabajaba un mendocino, aprovechamos para hablar en nuestra lengua después de muchos días.

Lunes 22 de junio, estamos esperando los resultados del aviso, hasta el momento fueron muy pobres.
Es un día espléndido, al mediodía, cansados de esperar al lado del teléfono, nos fuimos a comer algo a lo del amigo chileno, nos atendieron muy bien y los precios eran razonables.
Por la tarde, tuvimos la primera oferta en firme por el auto, u$s 3500.-, nos parece poco y le contestamos que lo vamos a pensar, por las dudas no le dijimos que no en forma definitiva.
Hablando con la gente, nos enteramos que Alaska es el único estado de EEUU que paga por vivir en él; todo residente con más de un año de afincado, recibe regalías del petróleo, en el año ‘ 97, le tocaron u$s 1200.- por persona, los esquimales, aparte de las regalías reciben un pago extra; además tienen propiedades y rentas y el hospital mejor dotado de la región.
Nuestro amigo italiano, Giorgio Betinelli, nos enseña orgulloso su último libro, él lo acaba de recibir por correo ya que recién salía a la venta, es de una calidad excelente tanto por el contenido y la diagramación como por la excelencia del material empleado en la impresión. Está editado en Italia y las fotografías que lo ilustran fueron tomadas por Giorgio, quien apenas aprendió a sacar fotos obligado por los viajes, pero que obtuvo unas tomas excelentes.
Volvimos al centro, en la avenida hay paseos en carruajes tirados por percherones guiados por damas vestidas a la usanza antigua pero comunicadas con modernos handies.

Martes 23 de junio, esperamos inútilmente una oferta mayor por el auto, de no haber alguna otra hasta las 12:00, Dennis era comprador en u$s 3500.-, puntual, al mediodía, me pasó a buscar por el hotel y fuimos primero a la escribanía del banco, luego al registro automotor, de allí nos enviaron a la oficina de la aduana donde tuve que declarar que vendía el auto porque no tenía dinero para el flete de vuelta y regresamos al registro automotor, la cosa es que a las 15:00, luego de tres horas de trámites, Dennis salió con las placas bajo el brazo y yo con los dólares en el bolsillo.
Fuimos a almorzar, a hacer algunas compras y a averiguar por los pasajes
Por la noche volvimos a cenar a lo de nuestro amigo chileno, Tito, allí nos presentó a un taxista sanjuanino, Walter, muy atento y con el que conversamos largo rato, añora mucho a la Argentina.

Miércoles 24 de junio, desayunamos y fuimos a buscar los pasajes de regreso. Horacio se volvió solo al centro y yo me fui a dar una vuelta por el hidropuerto, allí me acerqué a una pequeña compañía y los contraté para dar una vuelta por los alrededores, nunca había volado en hidroavión y fue una nueva y fascinante experiencia, no sólo por el despegue y acuatizaje, sino por la cantidad de hidros que se encontraban en movimiento, uno detrás de otro partiendo y arribando sin cesar, tanto haciendo vuelos de bautismo como llevando y trayendo pasajeros de los rincones más remotos del estado.
De regreso a la ciudad, por pura coincidencia me encontré con Horacio, fuimos a comer algo y lo dejé solo por un rato, intentó pedir su comida al mozo y no se podían entender con el servidor ya que Horacio apenas entiende unas pocas palabras y el mozo no lo entendía y quería explicarle en inglés, hasta que cayeron en cuenta que los dos hablaban castellano ya que el mozo era chileno.
Más tarde, fuimos a cenar con Giorgio a lo de Tito, allí nos encontramos con un joven de unos 30 años, llamado Gustavo que había llegado hacía unos meses en una Honda 750 desde Argentina y que vive en el Empalme Tanti.
Agrandamos la mesa con un par de italianos que estaban de pesca y así todos reunidos nos quedamos hasta pasadas las 24:00, celebrando nuestras nuevas amistades y nuestras despedidas.
Regresamos caminando al motel con Giorgio, estamos a 6 ó 7 cuadras, está muy claro, es de día y da la impresión que nunca oscurece.
En los días que pasamos en Alaska, el poco abrigo que usamos fue más por una cuestión mental y de costumbres que por necesidad ya que solo tuvimos un par de días frescos, no fríos. Los de la zona y algunos turistas europeos andan con ropas de verano.

Jueves 25 de junio, nos levantamos temprano y acomodamos el equipaje ya que a las 9:30 nos pasaba a buscar Walter para llevarnos al Aeropuerto, poniendo fin a nuestra visita a Anchorage y a nuestro paso por Alaska.
Con esto damos por finalizado el Raid y nos dirigimos a Miami, a la casa del querido Carlos Verde donde nos quedaríamos unos días a reponernos del cansancio del viaje y así llegar de vuelta a la Argentina con toda la energía para recomenzar las arduas y olvidadas tareas cotidianas.

Osvaldo J. Rodríguez

Decálogo del viajero de aventuras
1. Disponer de un medio de transporte confiable
2. Llevar los repuestos más elementales
3. Tener hojas de ruta de cada zona a recorrer
4. Llevar siempre combustible suficiente
5. Averiguar antes de la partida, qué vacunas son necesarias y aplicárselas
6. Tener mucha precaución con los alimentos que se ingieran
7. En caso de visitar ciudades grandes, actuar con cautela y previendo sustracciones
8. Respetar todas las indicaciones, recordando que se viaja representando al país
9. No cargar con equipaje inútil
10.Llevar lo más importante: una buena dosis de optimismo y de buena onda, ya que todo tiene solución

NUESTRO RECONOCIMIENTO A:

* Nuestras esposas
* Gobierno de la Provincia de Córdoba
* Municipalidad de La Falda
* Asociación Cordobesa de Coleccionistas de Autos Antiguos
* Servicentro Rally - La Falda
* Natatorios Di Rico
* Inmobiliaria Soya
* Seguros Luis Girardi

Personas e instituciones que de una u otra manera contribuyeron a que este sueño se convirtiera en realidad.

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