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Nota - Por los Caminos de la Puna en V8 - por Osvaldo Rodríguez

Después de un prolongado paréntesis, otra vez estamos a punto de partir, en esta oportunidad con un destino mucho más cercano, Cuzco será nuestra meta, la partida está programada para el día 15 de enero de 2007 y los viajeros seremos, Alberto Latorraga (27), productor de un excelente programa de automovilismo y muy buen cameraman y yo, Osvaldo Rodríguez (64), nuestras diferencias de edades, no parecen ser obstáculo ya que Alberto con su juventud es un tipo muy bien ubicado y con un entusiasmo por el viaje realmente envidiable.
En realidad, este es un viaje “piloto”, donde haremos una filmación documentando el mismo como una manera de fomentar el vínculo entre países si bien limítrofes, alejados turísticamente debido quizás a insondables barreras de prejuicios y temores por lo desconocido y por territorios que parecen extraños y peligrosos para recorrerlos por vía terrestre.
Lo de viaje “piloto”, se refiere a que si cumplimos con las expectativas programadas, ya tenemos otro mucho más ambicioso en carpeta, pero eso ya es otra historia.....
Es una pena que conozcamos más de Europa y de países mucho más alejados, que de estos hermanos países como Bolivia, Perú y Chile, nosotros con nuestro viaje pretendemos colaborar aunque sea en forma mínima en demostrar que el tránsito entre nuestros territorios es perfectamente factible, haciéndolo en un vehículo con 66 años a cuesta, una cupé Ford ‘ 40 que es la que va a ser la responsable de trasladarnos por los hermosos caminos que seguramente vamos a encontrar a nuestro paso.
Solamente con una pequeña revisada ya la máquina estaba lista para emprender el viaje, es así que en la fecha prevista comenzamos nuestro tour.
El asesoramiento del amigo Stephen de Santa Cruz de la Sierra, hizo que antes de la salida cambiáramos el itinerario ya que la idea primitiva era salir por Pocitos/Yacuiba, pero debido a que había problemas sociales con cortes de ruta entre Santa Cruz y Cochabamba, siguiendo su consejo y con la esperanza de que los problemas finalizaran mientras estuviéramos llegando, decidimos salir por el Paso de Jama, haciendo el recorrido al revés de cómo lo teníamos planeado al principio, de todas maneras, el camino sería el mismo, solo que en otro sentido.

Lunes 15 de enero, las 10:00 horas, luego de las habituales despedidas y recibo de consejos, salimos de La Falda con destino Tucumán, primera escala fijada para el nuevo viaje.


Luego de un trayecto sin ningún tipo de inconvenientes con una parada en el cruce de Frías para filmar una inmensa bandera argentina que saludaba nuestro paso agitada en su magnífico mástil, hicimos un reabastecimiento tanto para el auto como para nuestros estómagos, arribamos a la meta alojándonos en el motel de ACA. Dejamos el auto a buen recaudo en el hotel y nos trasladamos al centro de la ciudad para caminar un buen rato bajo una intensa lluvia, la misma que nos acompañó buena parte del camino.
La cena no fue nada folclórica, pero sí muy sabrosa, un exquisito calzone en una buena cervecería frente a la plaza.

Martes 16 de enero, amaneció lloviendo, eso no cambió nuestra idea de visitar la zona de la histórica casa de la Independencia, policías inmutables no nos permitieron acceder con el auto al frente de la casa ya que es zona peatonal, quizás con algo de voluntad lo podrían haber hecho, pero no tuvimos el suficiente poder de convencimiento o quizás la gran cantidad de agua caída nos quitaba fuerzas........
Rondando el mediodía ya estábamos entrando a Salta (bien llamada “La Linda”), allí tuvimos la primera sorpresa del viaje, Diego, un amigo de Alberto, nos esperaba con un móvil policial el que nos escoltó hasta la plaza central con un recibimiento inesperado y se nos permitió sacar fotos y filmar en lugares totalmente vedados para otros.


Fuimos a almorzar junto con nuestro amigo a un restaurante típico del lugar y siguiendo sus consejos disfrutamos de un menú realmente típico de la región.
El tiempo había mejorado algo y nos animamos a seguir viaje hacia Jujuy por el camino de cornisa, apenas nos alejamos de Salta, ya sin posibilidades de volver, la niebla se hizo presente obligándonos a reducir la velocidad y a extremar las precauciones para evitar accidentes, sobre todo debido a la gran cantidad de animales en la ruta.
Llegamos a Jujuy con casi 1000 kilómetros recorridos tranquilamente y con apetito suficiente como para dar cuenta de un buen cordero horneado bien regado por un tinto regional, con el acompañamiento de un conjunto de cuerdas, percusión y vientos acorde con el lugar.

Miércoles 17 de enero, después de un sencillo desayuno en la hostería, reanudamos el viaje, Purmamarca, la puerta del Paso de Jama nos esperaba, gran cantidad de mochileros llenan las estrechas calles de esa curiosa localidad rodeada de montañas y recostada en su legendario Cerro de los 7 Colores.
Aquí y allá se ven jóvenes con sus cargas a cuesta, tomando mate, habitaciones donde otros asoman adormilados y otros más todavía no atinaron levantarse, víctimas quizás de las prolongadas guitarreadas nocturnas.
Encaramos francamente el paso, hoy totalmente asfaltado, es así que comenzamos a subir, pasamos por las salinas, lugar mágico, si los hay, mucho turismo, algunos se internan unos 1000 metros para observar de cerca la cosecha de sal, otros nos conformamos con verla de lejos y con ver las esculturas que los mineros/artistas hacen con el mineral.
Nos topamos con la Cuesta o Puerta de Lipán, llegamos a alturas de 4200 metros, lo que hace nuestra marcha algo más lenta, pero el V8 se las aguanta bien, solo algo de temperatura, pero nada preocupante.
Paramos en Susques, averiguamos sobre el tema aduana y migraciones ya que en mi viaje anterior las oficinas estaban allí, nos indican que todo trámite se hace en Jama, último puesto antes de Chile.
Alberto aprovecha para hacer una nota con un camionero admirador de nuestro vehículo.
Luego de recorrer 130 kms. de montaña, llegamos a Jama, donde se encuentra un complejo que alberga las oficinas de migraciones, gendarmería y migraciones, apenas comenzamos con el tramiterío, apareció el jefe de la aduana, un individuo parecido a algo como un Rambo del subdesarrollo, vestido como para encarar una guerra y que se paseaba con un mastín que hacía juego con el personaje, este sujeto no entendió razones y no nos dejó cruzar la frontera aduciendo que nuestro auto era de colección y por tal era patrimonio del país o sea que no pudimos salir por más que empleamos toda nuestra retórica para lograrlo.
Sus pretensiones era que regresáramos a Jujuy para allí hacer el trámite correspondiente en la oficina aduanera de la ciudad, para ello, debíamos regresar 250 kms. de cordillera con el consiguiente gasto, la demora y el cansancio que esto significaba, al fin, regresamos a Susques, ya casi de noche, la encargada de esa oficina, nos citó para la mañana siguiente con el compromiso de que nos iba a solucionar el problema, mientras tanto, buscamos un hotel donde pernoctar dándole tiempo a Alberto para que se recuperara de los efectos del soroche (mal de la Puna), mal que lo afectó por haberse movido demasiado desoyendo los consejos de realizar movimientos lentos para evitar inconvenientes.

Jueves 18 de enero, bien temprano, ya estábamos haciendo guardia en la oficina aduanera, apenas llegó la responsable, iniciamos los trámites, nos hicieron sacar fotocopias de toda mi papelería personal y la del vehículo, así como fotos del auto de frente y de costado, y además firmar un documento donde me comprometía a traerlo de vuelta, bajo pena de una multa de valor indescifrable, ya que estaba relacionada con el valor internacional del vehículo.
No nos quedaba otra opción que aceptar las condiciones, además no era nuestra intención dejar el auto en ningún lado, fue así que pudimos retornar a la ruta.
Cuando arribamos nuevamente a Jama, el frustrado Rambo, no sabía que hacer con los papeles que le pusimos adelante, los recibió, los archivó y el inútil papelerío, tan inútil como el mismo funcionario, seguramente fue a dar a un cajón para no salir nunca más.
Olvidaba que otro empleado de segunda línea, el que también objetó nuestra salida de manera vehemente, cuando fuimos por segunda vez, ni siquiera levantó la cabeza ante nuestra presencia, quizás avergonzado por su actitud del día anterior. En lo personal, después de varios pasos internacionales en mi haber, asumo estas actitudes como provenientes de gente inferior que al poseer autoridad, no se sabe manejar y se siente con poder para decidir, sin estar capacitada para ocupar ese cargo, lástima por todos nosotros, ya que son la primera imagen que se recibe al entrar a un país o al hacer trámites de egreso, como argentinos lo entendemos, pero para los extranjeros no es el mejor recuerdo que les podemos brindar.
Pero, bueno, debemos tomarlo como una anécdota más del viaje.
Dejamos atrás Jama y continuamos encarando cuestas y pendientes, la cuesta de Pacana (4600 msnm), fue otro desafío para el noble V8, solo un par de paradas para darle un descanso y pudimos arribar a San Pedro de Atacama, llegamos con lo justo, sin hacer uso del tanque de reserva luego de 280 kms. sin puestos de combustible, nótese que digo puestos ya que las tradicionales estaciones de servicio a las que estamos acostumbrados dejaron de serlo para convertirse en solamente surtidores sin ningún otro tipo de atenciones.
Luego de llenar el tanque y vaciar nuestros bolsillo ya que el combustible cuesta por estos lados casi el doble que en Argentina, dimos un paseo por la pintoresca localidad, mientras yo manejaba, con volante a la derecha, Alberto aprovechaba para filmar, de repente un oficial nos detuvo de manera brusca, pensando que Alberto, sentado a la izquierda iba filmando y manejando, apenas se percató de su error, una sonrisa apareció en su cara, diciendo “como me embromaron.........”.
El desierto nos acompaña, estamos en lª 2ª Región que abarca Antofagasta y Calama, zona minera por excelencia, nos detenemos en la ciudad de Calama en un hotel simple pero confortable.

Viernes 19 de enero, sin apuro, a las 10:00 pusimos rumbo a Iquique, hicimos un alto en Tocopilla ciudad costera, donde se encuentran las mayores plantas de energía chilena con dos importantes centrales termoeléctricas que proveen de electricidad a una buena parte del país.
Como no podía ser de otra manera, los trenes mineros son eléctricos y circulan al borde de las montañas, por momentos muy por debajo de la ruta y al rato a 200 ó 300 metros sobre nosotros, casi imposibles de divisar a las alturas.
La entrada a Tocopilla es una larga pendiente sinuosa que otra vez más puso a prueba el estado del V8, debimos utilizar mucho la caja de marchas para no esforzar el sistema de frenos.
Los buenos pescados de la zona nos tentaron para hacer una parada en un restaurante típico costero donde nos atendieron muy bien y donde recargamos nuestras propias baterías con exquisitos y abundantes platillos.
Mientras estábamos grabando una nota en la costanera, se nos arrimaron varios muchachos atraídos por el vehículo y por los movimientos propios de la filmación; luego se prestaron divertidos a ser partícipes en la nota, por ellos nos enteramos que además de producir energía y productos minerales, existen fábricas de harinas de pescado que exportan en su totalidad, los barcos pesqueros no necesitan arrimarse a la costa sino que con acercarse a unos 200 metros se encuentran con boyas en las que hay amarradas bocas de gruesas mangueras que conducen el pescado a las procesadoras.
Los 620 kms. que separan a Calama de Iquique son muy buenos, la ruta bordea el Pacífico, pero si bien la carretera es excelente, el paisaje resulta monótono ya que es casi totalmente desértico, solo montañas, médanos y mar.
Cruzamos el primer túnel, vientos muy fuertes levantaban nubes de arena que dificultan la visión y cubren partes de la ruta con un peligroso manto que dificulta el manejo.
Las playas son casi desoladas y pedregosas con curiosos sitios distantes entre sí con algunas construcciones bastante precarias allí donde era posible el ingreso al mar, encontramos tipo pequeños countries del subdesarrollo y otros muchos sectores con grupos de carpas con familias que van a pasar largas y sumamente económicas temporadas veraniegas si bien lejos del bullicio, muy lejos de todo y sin ningún tipo de infraestructura, llámese abastecimiento o servicios.
Ya en las cercanías de Iquique divisamos primero el aeropuerto que se encuentra paralelo a la ruta, entre ella y el mar y poco más adelante una cancha de golf muy particular, el césped brilla por su ausencia, es toda de color entre amarronado y gris, solo en partes cuesta adivinar los sectores de hoyos, solo identificados con marcas en el suelo, aquí el “green”, es “gray”……….
El arribo a Iquique se asemeja a la entrada a un oasis, todo el verde que se pueda imaginar, construcciones nuevas por todos lados, personalmente había estado hacía doce años y actualmente no tiene nada que ver con lo que recordaba de este lugar.
Luego de alojarnos en un muy buen hotel, fuimos a dar una caminata por la concurrida costanera donde un mundo de gente disfrutaba de la hermosa noche y de los diversos entretenimientos y espectáculos brindados, visitamos el casino haciendo un pequeño aporte a sus arcas, y después de disfrutar de una frugal cena/show, nos permitimos un bien ganado descanso.

Sábado 20 de enero, un buen desayuno servido en el último piso del hotel con una vista magnífica fue un excelente comienzo para nuestro sexto día de viaje. Con un neto rumbo Norte, salimos de Iquique por un camino muy seguro de mano única, si bien con subidas muy pronunciadas.
Estamos a poco más de 300 kilómetros de Tacna, destino fijado para ese día, parece una meta muy poco ambiciosa, pero debemos tener en cuenta que lo nuestro es un paseo y que la ruta tiene muchas subidas y bajadas, luego de una pendiente de 17 km encaramos una larga cuesta donde el motor levantó mucha temperatura, perdiendo casi la totalidad del líquido refrigerante, un camionero acudió a nuestra ayuda y pudimos seguir otro trecho donde otra vez el motor dijo basta, estábamos en un camino auxiliar ya que estaban haciendo obras de reparaciones, de repente, de la nada, surgió un ¡camión aguatero!, se detuvo y nos proveyó de toda el agua que necesitamos con lo cual pudimos proseguir nuestro interrumpido viaje.
Pasamos por Arica y ya en unos pocos kilómetros más nos encontramos en la frontera con Perú.
Los trámites que nos parecieron algo complicados para poder salir de Chile, se multiplicaron cuando entramos a Perú, papeles, más papeles, fotocopias de esos papeles, Sanidad, Senasa, seguros, etc., etc., cuando tuvimos todo, de acuerdo a lo que nos solicitaron, nos dejaron pasar sin mirarlos ya que los funcionarios que debían controlarlos se quedaron boquiabiertos con el auto y nos hicieron seguir viaje sin problemas.
Ya con nuestros primeros 2500 km de recorrido llegamos a Tacna con el solo cambio del condensador en la misma frontera Chile - Perú.
Tacna nos recibió con sus hermosas calles arboladas, los autos que circulan dejan bastante que desear, paramos en un hotel céntrico de primera y nos dejamos tentar por un ofrecimiento de una parrillada, ya que cuando uno viaja, a veces se extrañan los sabores habituales, luego de esa parrillada, los seguimos extrañando aún más, porque esta consistía en un par de minichorizos y dos pares de transparentes y resecas costeletas de vaca y cerdo las que comimos solamente porque era lo único que había.
Si bien no las visitamos ya que consideramos haber hecho nuestro aporte en Iquique, en Tacna hay más salas de juego que farmacias o cualquier otro tipo de negocio, están sembradas por todo el centro de a una o dos por cuadra.

Domingo 21 de enero, partimos hacia Arequipa, la ruta atraviesa una feria regional increíble, debemos transitar a paso de hombre y cuidando de no atropellar a nadie. Las estaciones de servicio, solo despachan combustibles y se llaman “Grifos”. Las rutas son muy buenas, pagamos nuestro primer peaje en el extranjero.
Ahora sí, estamos en el medio de la cordillera, viajamos en forma permanente dentro de ella, curvas y más curvas, cuestas y pendientes pronunciadas, no alcanzan para doblegar al noble Ford, sus 8 cilindros suenan de maravillas.
Todavía con el sol alto llegamos a Arequipa “La ciudad blanca”, llamada así porque todos los edificios principales están hechos de sillar, piedra blanquecina volcánica muy abundante en la región.


Algo llamativo: hay personas con teléfonos celulares actuando de teléfono público, los tienen colgados del cuello con una cadena y los ofrecen para hacer llamadas con un costo muy conveniente.
Parece que la ciudad no es del todo segura, las sillas de los restaurantes, sobre todo en las cercanas a la calle tienen cadenas para sujetar las carteras para que no se vayan solas por allí..........
Nos alojamos en un hotel apenas pasable, pero con una muy buena cochera, ya en nuestro viaje anterior paramos en el mismo y nos resultó aceptable por estar muy cercano a la parte céntrica y por estar en una zona segura.

Lunes 22 de enero, al abandonar Arequipa nos detenemos en un taller de electricidad para reponer el condensador de repuesto, allí nos encontramos con un personaje singular, no podía creer lo que estaba viendo, no cesaba de elogiarnos el auto, le hicimos una nota donde se explayó con total espontaneidad con un lenguaje muy simple pero a su vez con una calidez que nos llenó de emoción.
Un marco de cordilleras nevadas nos acompaña en este día, al detenernos a grabar a orillas de un pequeño pero espectacular lago, se detuvieron dos chicos, uno argentino y otro chileno que viajaban en un escarabajo haciendo un recorrido similar al nuestro, con ellos continuamos viaje aprovechando para hacer unas tomas desde su auto.
Teníamos dos destinos pensados para esta etapa, Puno o Juliaca, ya que llegar a Cusco significaría viajar buena parte de noche y eso no estaba en nuestros planes.
Entramos a Juliaca apenas pasado el mediodía, buscamos un sitio donde comer algo y entramos a un restaurante de aspecto aceptable, ordenamos los platos y dimos buena cuenta de ellos, haciendo caso omiso a la poca higiene que observamos en el baño y al pasar por la cocina.
En Juliaca experimentamos por vez primera la locura del tránsito, entremezclado y muy difícil de describir, los tricitaxis (Triciclos a pedal con un asiento delantero para pasajeros) y las mototaxis (De tres ruedas con un asiento trasero cubierto para pasajeros).
Tratando de explicar este pandemonio, vale decir que estos vehículos circulan por todos lados, en todas direcciones, entre autos, camiones de gran porte, etc., etc., con los pasajeros a veces serenos, otras con los ojos desorbitados previendo algún impacto y aferrados a los bordes del frágil medio de transporte.
Por pura suerte no nos llevamos alguno por delante a pesar de que en varias ocasiones estuvimos al borde de hacerlo.
Nuestra salida de Juliaca se asemejó a una huida, para rematarla nos detuvo una patrulla con diversas exigencias, cinturones, el porqué del volante a la derecha, y no recuerdo que otras cosas, por último nos indicaron que nos correspondía una multa de 340 Soles, alrededor de u$s 100, los apabullamos con papelería incluida nuestra Tarjeta Azul de Vehículo de Colección, con lo que pudimos zafar de la seudo multa, ya que lo que nos reclamaban en realidad era un aporte privado......
Pensando en lo que nos costó atravesar Juliaca con sus inexistentes reglas de tránsito, fue realmente ridículo que nos exigieran algo a nosotros, pero en este tipo de viaje debemos estar prevenidos para estas contingencias, son las reglas del juego.
Ya atardeciendo, nos separamos de nuestros circunstanciales compañeros de travesía e ingresamos a Ayamiri, pequeña localidad agrícola ganadera de 17000 habitantes, una lluvia persistente nos acompañaba.
Esta ciudad a pesar de ser chica, cuenta con su propio caos de tricitaxis y mototaxis que se mueven de manera totalmente desordenada debajo del aguacero con los pasajeros apenas cubiertos en plásticos para resguardo de su salud.
El hotel, tres estrellas peruanas, era bastante confortable, con ventanales a la calle donde podíamos observar el paso de una importante procesión de la Virgen de La Candelaria con una importante banda incluida, la que no dejaba de ejecutar el programa a pesar de la intensa lluvia que caía a su paso.
Arreglamos con la gente del hotel que pensábamos retirarnos temprano para continuar nuestro itinerario y guardamos el auto en una cochera que hacía las veces de depósito de bebidas.
Como era imposible caminar debido a la lluvia, nos encaminamos a comer al único sitio cercano posible, un pequeño bar cercano a nuestro alojamiento, allí nos atendieron amablemente, pero el aspecto del lugar nos quitó el apetito, con lo que pedimos café con leche, pan y queso, con eso nos conformaríamos, nos atendió un personaje muy particular, parecía un niño, pero podría tener entre 10 y 40 años, como remate, en una mano nos traía la vajilla y lo pedido mientras en la otra traía un hueso de costetela que iba royendo como para no perder todo su tiempo en nosotros.
Terminamos nuestra más que frugal cena y nos retiramos a descansar para la próxima etapa con la idea de salir bien temprano.

Martes 23 de enero, de acuerdo a lo planeado, bien temprano ya estábamos listos para la partida, nos dirigimos a la cochera donde nos encontramos con que nuestro auto estaba literalmente sepultado detrás de una montaña de cajones de cerveza, con un inmenso camión semirremolque bloqueando la salida y un grupo de cargadores indolentes que hacían caso omiso a nuestros reclamos.
Fuimos a protestar a la conserjería y recién pudimos presentar la queja después de despertar con mucho esfuerzo a la persona que dormía a pierna suelta detrás del mostrador, luego de lograr que se despertara y de exigirle una solución, solo conseguimos como respuesta un encogimiento de hombros y el consejo de que nos armáramos de paciencia que antes del mediodía íbamos a poder partir.
La emprendimos contra los responsables de la carga y descarga los que se las arreglaron para abrir un sendero entre los cajones para permitirnos continuar luego de más de una hora de esperas y maniobras, aguantando la indiferencia y las burlas que hacían entre ellos refiriéndose a nosotros, cosa que no nos importó demasiado, ya que nosotros seguimos con nuestro fabuloso viaje mientras ellos seguramente siguen cargando y descargando cajones de cerveza.
A las 07:00 hora local, con 3200 kilómetros recorridos y a casi 4000 metros de altura (3960 para ser exactos), salimos a la ruta, debemos hacernos el desayuno ya que no había ningún sitio aceptable abierto donde poder hacerlo y los que estaban disponibles eran de un aspecto poco recomendable.
La ruta es hermosa, se atraviesan poblaciones pequeñas con un marco de montañas espectacular ya en esta zona el verde de los valles se convierte en una constante, es así que después de haber viajado tanto por la árida Puna, este paisaje es un regalo para la vista.


A media tarde entramos a Cusco, es una ciudad importante y extensa, pero nuestra meta era alojarnos en el casco histórico, lo que hacemos en un hotel simple pero acogedor, lo primero que ofrecen es un servicio permanente de termos con té de coca para alivio del mal de la Puna o soroche.
Contratamos con una empresa el viaje a Machu Picchu, es un tour bastante caro ya que cuesta u$s 140 por persona con todos los servicios incluidos, pasajes y entradas a la ciudadela, pocos peruanos se pueden dar el gusto de hacerlo, pero existen otros servicios más económicos, pero en horarios y condiciones que no nos son favorables.
El hotel está ubicado en una de las calles principales del centro histórico, justo donde convergen todos los transportes públicos del lugar, son pequeñas e innumerables combis conducidas por el demonio, con una persona asomada por la puerta abierta informando a gritos del recorrido del vehículo, y haciendo subir a todos dentro de las mismas, da la sensación de que son elastizadas ya que no tienen límite de capacidad, mientras haya alguien dispuesto a subir, lo suben, sea como sea.
Otro medio de transporte popular son los taxis, casi en su totalidad Daewo Tyco, minúsculos autos con motores de 700 cm con un consumo de 10 litros cada 200 km, realmente económicos y con un costo de mantenimiento sumamente bajo ya que los repuestos se consiguen en cualquier parte y son baratísimos.
Fuimos a caminar un rato por la plaza central para asombrarnos una vez más de la importante y preservada arquitectura de estos lugares, los edificios son verdaderas obras de arte, esta es una de esas ciudades que yo llamo “con ángel”, preciosa, con un encanto supremo, realmente un tesoro que debemos resguardar para los que nos sucedan.
Nos duele tener que rechazar tanto ofrecimiento de manualidades y artesanías, pero es imposible poder conformar al ejército de personas que permanentemente siguen a los turistas tratando de vender sus productos.
Cenamos en el primer piso de un muy buen restaurante con una vista preciosa de la ciudad.

Miércoles 24 de enero, demasiado temprano para nuestro gusto nos pasan a buscar por el hotel, suponíamos que en una Komby si no de lujo, al menos de buen nivel, no fue así, tuvimos que introducirnos en un pequeño taxi con todo el equipo de filmación, por suerte la estación estaba muy cerca, de no ser así, el pobre Alberto con sus casi dos metros de altura habría quedado incrustado dentro del mini vehículo.
Un crisol de nacionalidades está reunido a la espera de la partida, se entremezclan los idiomas, los guías se esfuerzan en ordenar a los viajeros, y al cabo de una espera razonable partimos hacia nuestro destino.
Los primeros tramos del viaje se hacen en forma muy lenta ya que el tren debe atravesar la cadena montañosa que bordea la ciudad, es así que debe utilizar varias veces el recurso del zigzag para superar las elevaciones.
Recibimos la advertencia de mantener las ventanillas cerradas y de no hacer exhibición de los equipos ya que se transita por una zona marginal y se corre el riesgo de arrebatos por parte de algún descuidista.
El trayecto transcurre en medio de un paisaje espectacular, casi en forma permanente al lado del caudaloso río Urubamba, y con un marco de montañas imponente con algunas cascadas elevadas que producen asombro ya que cuesta entender el origen de esas aguas que brotan entre las piedras a semejantes alturas, seguramente existe una explicación técnica y precisa, pero esos ríos que vienen casi del cielo provocan exclamaciones de asombro por parte de los turistas.
Llegamos a Aguas Calientes, pequeña población, punta de rieles, donde como su nombre lo indica existen fuentes de aguas termales, nos cuesta atravesar un laberíntico mercado artesanal para poder llegar a los pequeños ómnibus que nos van a llevar a la mítica ciudadela, todo está perfectamente organizado para comodidad de los visitantes.
Partimos hacia la cima de la montaña por un estrecho camino de tierra lodosa, existen sitios donde los micros deben ceder el paso a los que suben ya que el sendero solo permite el paso de vehículo por vez, pero los choferes practican su oficio a la perfección, ya que conocen cada rincón del camino, así que son raros los accidentes, pero no imposibles, así que más de uno se encomienda a su santo de cabecera.
Describir Machu Picchu, excede las pretensiones de este relato, pero esto no quita que comente de lo cuidado que se encuentra todo y la calidad de los guías, todos hablan dos o tres idiomas como mínimo.


Solamente con pensar en el lugar que estamos, las comodidades de que hacían uso los habitantes de este sitio, su organización, los sistemas de riego, las comunicaciones, resulta inexplicable la desaparición de ese Imperio.
Mientras estábamos grabando al borde de la montaña con todo el equipo desplegado, una pareja de llamas se entregaban a un juego amoroso, en un momento comenzaron a correr alrededor nuestro saltando sobre los equipos con el riesgo de arrojarlos al vacío, lo que casi provoca un infarto a Alberto, por suerte todo quedó allí, sin ningún tipo de daños ni para nosotros ni para el material.
Si bien la subida desde la estación hasta la ciudadela fue alarmante, el descenso no lo fue menos, al contrario, en mi opinión los choferes confían demasiado en su experiencia y en el material rodante, tanto así que en algunos sectores le imprimen una velocidad no acorde con lo peligroso del estrecho camino.
Amenizando el viaje, hay niños vestidos a la usanza indígena, a pesar del frío reinante, que descienden por senderos saludando al pasaje con un good bye poco folclórico logrando reunirse con buenas propinas al finalizar el recorrido.
Otra mezcolanza de idiomas nos acompaña de regreso, nos sentamos entre un estadounidense y un finlandés, los dos hablan bastante bien castellano y aprovechamos para conocer algo más de otras culturas.
Llegamos ya de noche pero con tiempo suficiente para dar un paseo por la ciudad.

Jueves 25 de enero, por costumbre, y para llevar más ordenado este cuaderno de bitácora, nombro los días, solo por costumbre, ya que cuando uno anda de viaje y paseando los días son todos iguales, a quién le importa si es lunes o domingo........
Nos despedimos de nuestra acogedora ciudad de Cusco, ya emprendiendo el regreso, pero, salvo unos pocos kilómetros, viajando por diferentes rutas y ciudades desconocidas para nosotros con lo que nos augurábamos un retorno muy interesante.
Luego de aprovisionarnos para el viaje, retornamos al camino, desandamos la ruta a Juliaca y pusimos rumbo a Puno, ciudad que se encuentra en la costa del Lago Titicaca, el lago navegable más alto del mundo, la ruta es muy buena y el auto marcha a la perfección a pesar de que se viaja bastante a alturas superiores a los 4000 metros.
Llegamos a nuestro destino bien temprano por la tarde, con tiempo suficiente para contratar una excursión a las islas de los Uros, aborígenes que habitan en islas flotantes de totora desde tiempo inmemorial.
La Van que nos trasladó al puerto estaba conducida por otro Kamikaze, en estas regiones se acostumbra manejar de manera casi suicida, no se entiende como no hay más accidentes.
El paseo superó mis expectativas, luego de una navegación de poco más de media hora desembarcamos en una de las islas, la gente nos recibe muy cordialmente y nos brindan un cúmulo de informaciones acerca de su habitat y de sus costumbres.


El agua del lago es prácticamente pura ya que el nivel de contaminación, apenas llega al 5 %, es de una transparencia sorprendente.
Excelente el hotel donde paramos, creería que el mejor hasta ahora, nos comentan en conserjería que la dueña es cordobesa, acorde con la calidad del hotel, nos permitimos regalarnos una buena cena en un restaurante cercano, es así que dimos buena cuenta de una bien preparada alpaca con papines al horno regada por un suave vino tinto chileno.

Viernes 26 de enero, el desayuno buffet estaba muy acorde con la categoría del hotel, los jugos de fruta fresca, los fiambres, quesos, tortas, huevos, salchichas, panes, dulces, etc., etc., ocupaban una larga mesa a la que visitamos repetidamente antes de partir, por las dudas tuviéramos que hacer algún obligado ayuno posterior.
Las claras aguas del lago Titicaca nos acompañan con un espléndido marco de montañas, finalizamos nuestra visita a Perú, haciendo migraciones y aduana muy fácilmente, lo mismo nos sucede al entrar a Bolivia, el único problema que tenemos es que el sistema informático boliviano no reconoce el año del auto, es así que luego de hacer unas consultas, lo hacen ingresar como 2000, haciendo la salvedad de manera manual que el año real del auto es 1940.
Pasamos por Copacabana, bonita ciudad costera donde se venera precisamente a la Virgen de Copacabana, virgen por la cual los bolivianos profesan una profunda devoción, tanto así que nos encontramos con un par de autos cubiertos de flores con patentes argentinas conducidos por bolivianos de Buenos Aires que fueron a bendecirlos recorriendo para ello larguísimas distancias.
Nos topamos con la localidad de San Pedro de Tiquina, donde se debe abordar una de las balsas que cruzan los vehículos hasta San Pablo de Tiquina, precisamente por el estrecho de Tiquina, es una navegación de menos de media hora la que se hace en embarcaciones, quizás seguras, pero que no inspiran absolutamente nada de confianza, pero es el único medio disponible, así que allí vamos........


El tránsito de balsas es constante y el trayecto que se cubre sobre las quietas y cristalinas aguas del lago se hace sin sobresaltos.
Los animales sueltos son una constante, en una de las cerradas y peligrosas curvas, se nos adelanta una pickup con la mala fortuna de que a la salida de la misma se hallaba cruzando un robusto toro, el que la embistió provocándole un profundo rayón en su lateral derecho, menudo trabajo le costaría al conductor explicar que un toro los chocó a ellos y no al revés......
Continuamos viajando por arriba de los 4000 metros, no sabemos si a causa de unas pastillas que consumimos, las Sorochi Pills o por estar acostumbrándose nuestros cuerpos a la altura no tenemos problemas físicos, pero entrando a La Paz, el que sufre nuevamente problemas de altura es el V8; La Paz está enclavada en un sitio muy particular, tiene dos millones de habitantes, la mitad vive en El Alto, en las laderas de las montañas que la circundan, la otra mitad vive en un profundo valle, para donde uno mire se ven las montañas cubiertas de viviendas sin espacios libres entre ellas, el tránsito es alucinante, lento y agresivo a la vez.
Apenas pudimos alejarnos algo del suplicio del tránsito, nos ubicamos en un muy cómodo hotel justo frente al estadio de La Paz, pusimos el auto a buen resguardo y salimos a dar un pequeño paseo.
Estábamos en un lugar si bien algo retirado del centro, no por eso muy tranquilo. Se ven muy pocos autos particulares, las reinas de las calles son pequeñas Kombys que se mueven sin seguir ningún tipo de planificación y a grandes velocidades, arrancan, frenan, doblan y levantan pasajeros, donde y cuando se les ocurre haciendo caso omiso a las indicaciones de la policía de tránsito que con gritos los intiman a circular debidamente. Otros pocos y vetustos colectivos colaboran a hacer del movimiento vehicular algo demencial y no apto para cardíacos.
Al observar las pequeñas Kombys, causa asombro cómo logran embutir tanta gente en tan poco lugar, solo se ve una multitud de cabezas que pareciera que nunca podrán salir enteras de allí.
Aquí también los servicios de transporte llevan una persona que a los gritos anuncia el recorrido de los mismos.
Cenamos en el hotel, dejando por indicaciones de Alberto, bromista el joven, una generosa propina, la que luego me dijo, resultó ser el inservible ticket de uno de los tantos peajes.

Sábado 27 de enero, un buen desayuno buffet dio comienzo a nuestro día, acompañado por música de Los Nocheros, Soledad y El Chaqueño, el hotel de La Paz, nos despide bien, no así sus calles ya que el tránsito a pesar de ser temprano parece no haberse detenido a tomar un respiro, la Kombys se mueven por todos lados, los semáforos son solo adornos de colores en las esquinas, tanto así que al detenernos en uno por estar en rojo, varios se acordaron de nuestras madres y de otros de nuestros seres queridos.
El pobre Ford sufrió nuevamente los problemas del intenso tránsito y del hecho que el agua hierve a mucha menor temperatura con lo que tuvimos que detenernos un par de veces para completar el radiador.
El anuncio de una ruta solo en pendiente y recta, fue solo eso un anuncio, el camino sigue dentro de los 4000 metros y entre montañas.
Los sitios donde comer algo no eran nada confiables, así que una vez más nos conformamos con un par de sándwiches para paliar el apetito.
Si bien no nos consideramos cobardes, para comer en ciertos lugares se necesita más un espíritu suicida que de valentía.
A pesar de que viajábamos asesorados por un amigo de Santa Cruz en cuanto a que los problemas sociales en la zona se habían solucionado, cuando llegamos a Cochabamba era tal el amontonamiento de gente, policía y vehículos que nuestra lógica nos indicó que algo raro estaba sucediendo, un motín, un levantamiento popular o algo peor.
Entre los vapores que largaba nuestro motor, consultamos a uno de los policías que inútilmente trataba de poner orden en el caos del tránsito, el que nos informó que no pasaba nada anormal, que esto era así nomás, que ingresáramos a la ciudad ya que estaba todo bien, como todos los días..........
Superando la locura del ingreso, nos esperaba algo peor todavía ya que en la zona hotelera había una feria popular imposible de atravesar en vehículos, por suerte pudimos alejarnos algo y contratamos un taxi para que nos guiara a otra zona donde alojarnos, con muy buena voluntad nos llevó a varios hoteles y terminamos en un excelente Apart-Hotel.
Cochabamba es muy linda, la zona donde estamos es preciosa, muy diferente a lo que conocimos hasta ahora de Bolivia, no por nada los del Oriente boliviano adoptan una posición separatista del Occidente, de la pobreza de la Puna, estamos a un Este rico y moderno al que le cuesta compartir sus posesiones.
Nos obsequiamos con una muy buena cena en un restaurante cercano al hotel y aprovechamos para caminar algo.
Los precios y tarifas son muy convenientes para nuestro dinero ya que son bien accesibles, cercanos a los de Perú y mucho más bajos que en Chile.
En el hotel conocimos a una familia, Gustavo Quiroga, su esposa, sus hijos y su perra que se mudaban a Santa Cruz por trabajo, conocedores de la región, nos informaron del camino a seguir para llegar allá.
Cabe destacar que uniendo Cochabamba con Santa Cruz, existen dos alternativas, una es la ruta Nueva y otra es la Vieja, la Nueva que es la más aconsejable por ser toda pavimentada, lamentablemente estaba cortada porque un alud (estamos en plena época de lluvias) había llevado parte del camino, así que no quedaba otra opción que utilizar la ruta Vieja.

Domingo 28 de enero, ya el ruido que hacía nos venía anunciando su rotura, es así que con los primeros 4300 kilómetros de recorrido el velocímetro dijo basta, no consideramos su reparación ya que bien podemos viajar sin él.
De acuerdo a las indicaciones de Gustavo, salimos de Cochabamba por la ruta Vieja, los primeros 200 kilómetros aproximadamente son de pavimento en regular estado, la llovizna nos acompaña en un marco montañoso, luego debemos atravesar la región de La Siberia, estimo que no se equivocaron para nada en ponerle ese nombre, la llovizna nos sigue acompañando, la ruta, ya que hay que llamarla de alguna manera, se transforma en un camino lodoso al borde de precipicios los que por suerte y gracias a la intensa niebla no podemos ver en su total profundidad, son unos 150 kilómetros de camino de terror, para completarla, de la nada aparecen puestos de peaje que son pequeñas casuchas de lata desde donde manejan una soga con trapos colgando impidiendo el paso de los vehículos hasta que no hagan efectivo el pago de una tasa si bien no elevada, inentendible, ya que para pagar se debe descender del rodado en medio del lodo con los pantalones arremangados en una situación realmente ridícula y con la imposibilidad de presentar una queja a nadie ya que nadie se hace cargo de nada por estos lados, es inútil presentar un reclamo, si se quiere pasar, solo queda el recurso de pagar.
Como mudas advertencias, y a lo largo de toda la ruta, ramilletes de cruces que recuerdan accidentes sucedidos, nos recomiendan ser prudentes y muy cuidadosos en el manejo si es que queremos llegar enteros a destino.
Una vez que pasamos lo peor del camino, ya pisando nuevamente el asfalto, el V8 comenzaba a mejorar el promedio, nuestros planes de llegar a Santa Cruz parecían a punto de cumplirse, de repente nos cruzamos con la 4 x 4 de los Quiroga los que nos hacen señas para que nos detengamos, allí nos indican que unos kilómetros más adelante la ruta está cortada porque un aluvión se llevó parte del camino y que es imposible pasar por el momento.
Ya estaba llegando la noche y nos regresamos hasta el último pueblo, Pampagrande, vecino a Vallegrande, zona donde mataron al Che.


Estamos en una zona serrana, con mucha vegetación, el pueblo es pequeño, con pocas opciones para alojamiento, mejor dicho una sola ya que hay un solo hotel, o sea que allí nos quedamos.
El hotel está regenteado por la cooperativa del lugar y está razonablemente limpio, con solo un par de baños para las 10 ó 12 habitaciones, pero no había mucho para elegir.
Nuestros deseos de cenar algo, no se vieron satisfechos en la localidad ya que no había nada, o sea que debimos viajar unos 10 kilómetros, hasta Los Negros, donde dimos buena cuenta de un “asadito” de chancho muy sabroso acompañado de unas cuantas botellas de cerveza como para ayudar a pasar el momento.
Como todavía era algo temprano, y nos habíamos quedado con ganas de algún postre, fuimos al club del lugar y en el quiosco conseguimos unos bombones helados los que degustamos en la plaza acompañándolos de un buen whisky que nos acompañaba para estas ocasiones.
La escena: Un pueblo de 700 habitantes, una noche espléndida, la pequeña plaza del pequeño poblado, rodeados por el lodo y nosotros tomando whisky y comiendo bombones a la luz de unos pálidos focos, nada mal.
Llegada la noche, un sereno anuncia por medio de un silbato la entrada de todo vehículo extraño al lugar.

Lunes 29 de enero, bien temprano ya estamos levantados y dispuestos a continuar nuestro viaje, consultamos y nos informan que ya vino un ómnibus del oriente, señal de que ya el camino estaba despejado, al salir a la ruta, dudamos de la veracidad de la información ya que no nos cruzamos con ningún vehículo. Nuestros temores se confirmaron cuando nos encontramos con el tapón, cientos de camiones, ómnibus y muchos vehículos pequeños, los que estaban algunos desde la mañana anterior esperando que vinieran las máquinas viales a solucionar los destrozos provocados por el aluvión, para empeorarla más, se formaron dos filas de vehículos, la mayoría de gran porte, los que obstruían totalmente el paso, ni los que estaban del lado nuestro ni los del lado opuesto querían retroceder, así que hasta que no vino personal del ejército no se pudo desatar el nudo, ya estábamos entregados a una espera que nadie sabía cuando iba a finalizar, la terquedad de unos pocos hacía que la totalidad de la columna de más de tres kilómetros estuviera atascada sin poder avanzar ni siquiera de a unos pocos metros.
La espera se hizo interminable, la gente deambulando por la ruta, sin tener idea de cuando tendríamos la posibilidad de pasar, sin ningún tipo de servicios, toda la foresta se convirtió en baños públicos, cada cual se las arreglaba como podía; por suerte nosotros disponíamos de un equipo de calentador a gas, café instantáneo y leche en polvo, con los que preparamos un desayuno que compartimos con los Quiroga y con alguno más de la fila, a todos nos pareció el más exquisito desayuno jamás tomado.
Como remate para nosotros, en la camioneta justo delante nuestro, se trasladaba un grupo religioso, uno de sus integrantes se adueñó de un megáfono y subido al techo del vehículo comenzó con una arenga densa y monótona que se prolongó durante mucho más tiempo que el que hubiéramos deseado.
Luego de más de cinco horas demorados, por fin pudimos continuar viaje, seguimos entre montañas, pero descendiendo, la ruta es muy estrecha, en estado regular y el apuro de los camioneros y choferes de ómnibus nos hace tomar distancia de ellos, se sobrepasan en lugares donde es muy peligroso hacerlo con el consiguiente peligro para ellos y para los inadvertidos que vengan en sentido contrario, por las dudas tratamos de mantenernos alejados para no ser parte de una casi anunciada colisión.
Llegamos temprano por la tarde a Santa Cruz y nos comunicamos con Stephen para que nos recomendara algún mecánico donde revisar un ruido en la transmisión y de paso hacerle un service de rutina al auto con un cambio de aceite bien merecido y una controlada al tren delantero ya que los caminos recorridos lo castigaron duramente.
Stephen, no sólo nos recomendó el lugar, sino que nos vino a buscar a las afueras de Santa Cruz y nos acompañó hasta el taller de un socio del Club de Autos Antiguos de Santa Cruz, Luis Gutiérrez, Luchín, el que junto con su padre tienen un gran establecimiento y además una gran vocación de servicio y amor por los autos antiguos, nos atienden muy cordialmente y se dedican de lleno a repasar los detalles para que podamos seguir nuestro viaje.
El mismo Luchín nos lleva a un hotel cercano al centro es de categoría 4*, muy confortable y bien ubicado, mientras esperamos que nos vengan a buscar para ir a cenar al restaurante de Stephen, nos castigamos en la pileta disfrutando del lugar y de un par de sándwiches y unas cervezas como para soportar la espera.
La cena convocó a un buen grupo de amigos deseosos de conocernos y de escuchar algunas historias del viaje, nos hicieron sentir muy bien, como si nos conocieran desde siempre.

Martes 30 de enero, el excelente desayuno del hotel me permite hacer más llevadera la estadía, a última hora estaría listo el auto.
Alberto aprovecha para dormir hasta el mediodía, parece que trae cansancio acumulado luego del complicado día de la víspera, yo me fui a caminar por el centro bajo una lluvia persistente e interminable.
Estamos a solo.....?, 2000 kilómetros de Córdoba, pero con un ligero inconveniente, a mitad de camino entre Santa Cruz y Yacuiba, en Camiri, una localidad gasífera del sur boliviano, un grupo importante de piqueteros, si se los puede llamar así, cortaron ayer mismo la única ruta que une esta región con Argentina.
De cualquier modo, este día lo teníamos destinado a que nos revisaran el auto ya que escuchábamos un zumbido y algunos ruidos de algo suelto, también le debíamos al noble Ford un cambio de aceite, un engrase profundo y un desbarrado ya que habíamos viajado tanto por caminos lodosos que no se alcanzaba a adivinar ni siquiera el color de la pintura, ni hablar de las partes inferiores, era todo una masa de barro que para lo único que servía era para agregar más peso inútil al vehículo.
A pesar de que aquí se maneja algo mejor que en la zona occidental de Bolivia, de ninguna manera se hace de la forma en que estamos acostumbrados, las reglas de tránsito, o no existen, o son ignoradas por todos con el consiguiente peligro para todos.
Las noticias que se manejan sobre el corte, no son nada alentadoras, lo que parecía que iba a ser algo intrascendente, se está complicando, el corte es total, nadie puede cruzarlo, los ómnibus de transporte de pasajeros hacen trasbordo de los mismos al borde del puente cortado, e intercambian de vehículo con la consiguiente molestia para los viajeros ya que deben caminar largas distancias con niños y bultos a veces muy pesados para poder seguir viajando a su destino.
Al mediodía, otro amigo, Gabriel, nos invitó a su casa para lo cual envió un vehículo a recogernos, en su casa, nos recibió Julieta, su simpática esposa argentina y compartimos un excelente momento en su grata compañía.
Este segundo día en Santa Cruz, lo tuvimos muy ocupado ya que por la tarde nuestro nuevo grupo de amigos organizó una reunión con los autos en el taller de Luchín a la que concurrieron los medios más importantes de Santa Cruz, gráficos, radio y TV.
Nuestro auto estaba irreconocible, de la masa de barro que dejamos en el taller, nos encontramos con un auto brillante y lustroso por donde lo miraran, con el aceite cambiado, bien engrasado y revisado, listo para seguir viaje, para rematarla, nos cobraron u$s 20, ni siquiera el costo de los materiales empleados, pese a nuestra insistencia no hubo manera de que aceptaran más dinero. Alberto aprovechó para hacer varias notas para su programa con los autos.
Nuestro segundo y ocupado día finalizó en una zona muy paqueta adonde nos llevaron ya que nos pasaron a buscar por el hotel, no dejaron de brindarnos atenciones en ningún momento, tanto así que Julieta, la esposa de Gabriel, insistía además en brindarnos alojamiento en su casa, definitivamente no aceptamos, pero para dejarla tranquila ya que no nos deja decirle que no, le dijimos que lo íbamos a tener en cuenta.

Miércoles 31 de enero, desde temprano nos ponemos a la escucha de buenas noticias con respecto al corte, mejor dicho, me pongo, porque Alberto parece que viene con sueño atrasado y recién cerca del mediodía da señales de vida.......
Las buenas noticias no llegan y si no podemos partir antes del mediodía, deberemos esperar el día siguiente ya que estas rutas son muy peligrosas en horarios nocturnos.
Mientras doy buena cuenta de un excelente desayuno buffet, me pongo a charlar con una joven pareja de Gral. Cabrera que se alojaba en el mismo hotel y están ansiosos por llegar a su casa, desoyendo mis consejos deciden salir después del mediodía para el lado de Cochabamba con la intención de regresar por Chile, haciendo unos 2500 kilómetros de más, de los cuales, la parte hasta Cochabamba es durísima.
Nuestro tercer día en Santa Cruz transcurre demasiado tranquilo para nuestro gusto, pero no nos queda otra que esperar.

Jueves 1 de febrero, sin novedades todavía, vamos a desayunar, en el bar del hotel estaban Patricio y Marisa, la pareja de Gral. Cabrera que salió hacia Cochabamba el día anterior por el Camino Viejo, luego de viajar varias horas se encontraron con que un alud había ocasionado un derrumbe de magnitud y debieron regresar a Santa Cruz, llegando a la madrugada destruidos por el viaje.
Otro día de obligado descanso, desayuno, caminata al centro, almuerzo y siesta. Por la tarde salimos a dar una vuelta y de regreso al hotel nos encontramos con un descomunal revuelo, ejército, policía, periodistas y seguridad por todos lados, era que el presidente Evo Morales se encontraba dando una conferencia de prensa en los salones del hotel.
Seguimos pegados a los noticieros esperando buenas nuevas respecto al corte en Camiri, pero cada vez la cosa se complica aún más, ya hay varios heridos y la tensión no cede, hay centenares de vehículos varados, muchos de ellos con productos perecederos ya en el límite de vencerse gran cantidad de camiones cisterna con gasoil ya que prácticamente todo el gasoil de esta zona procede de Argentina dado que el tipo de petróleo de esta región es más apto para producir combustibles livianos.
La ciudad de Santa Cruz está programada de una manera muy particular siguiendo un patrón de anillos concéntricos lo que la hace complicada para nosotros hasta que la empezamos a entender, luego de eso se torna muy fácil llegar a cualquier parte de manera ágil y sin complicaciones.

Viernes 2 de febrero, bien temprano estamos a la escucha de buenas nuevas, se anuncia una reunión de comités a las 15:00 horas, la situación está al límite, los camioneros amenazan con tomar represalias, Camiri carece de combustibles, no tiene servicios ni de recolección de residuos ni de ambulancias.
El hotel en que estamos es excelente, la tarifa original de u$s 45, la redujeron de entrada en un 10%, pero luego de un par de días y ante otro pedido de ajuste, nos dieron otra habitación, a mi juicio mejor que la anterior y por solo u$s 35 con el 10 % de bonificación, realmente accesible.
El comité se reunió recién a las 16:30 horas pero en lugar de decidir el levantamiento del bloqueo, resolvieron tomar varias válvulas de gas del gasoducto que conduce el gas a Brasil y cerrarlas. La situación sigue empeorando y en esas condiciones no hay diálogo posible.
Otro día de descanso obligado en Santa Cruz, de todas maneras no la pasamos tan mal ya que por la noche, luego de cenar y de jugar Bowling nos encontramos justo en la esquina del hotel con una banda que estaba ensayando para los próximos carnavales, fue así que entre cervezas, whiskys y champagne nos quedamos hasta bien entrada la madrugada en una noche mágica disfrutando de lo más típico y auténtico de la movida santacruceña.

Sábado 3 de febrero, hace mucho calor, quizás la temperatura no sea muy alta, pero la humedad es impresionante.
Sigue el corte sin miras de solucionarse, todos aseguran que tiene que terminar, pero nadie se aventura a poner fechas.
Nuestros amigos del Club de Autos Antiguos, están más preocupados que nosotros mismos, ya que no saben como hacer para colaborar con nuestro viaje, averiguan por todos los medios por alguna opción posible evitando el paso por Camiri, pero solo se les ocurre un camino de tierra no muy recomendable para esta época del año y mal señalizado, esto estaría solucionado ya que nos pueden conseguir un baqueano para que nos guíe, lo que no nos pueden asegurar es si el noble V8 sea apto para esos tipos de senderos, pero es la única alternativa potable hasta ahora, decidimos esperar algo más a ver si levantan el bloqueo.
Los sábados por la tarde, acostumbran reunirse en un parque con los autos, allá vamos, la barra nos atiende de primera, conocimos a otro de los miembros, Humberto Roca, poseedor de varios vehículos, el que haciéndose eco de nuestro problema nos pone a disposición un Jeep Toyota 4 x 4 con trailer, para que podamos pasar por el camino alternativo en caso de que el Ford se quedara encajado, la oferta era con chofer incluido por supuesto ya que había que devolver el vehículo luego, pero lo del chofer fue rechazado de plano por Mario ya que se ofreció a conducirlo y retornarlo poniéndose a nuestra disposición todo el tiempo necesario, si entre domingo y lunes por la mañana no teníamos buenas noticias, el martes a primera hora salíamos rumbo a Argentina.
Stephen fue el anfitrión de ese sábado, un excelente asado en su casa con una mejor compañía cerró esa noche.

Domingo 4 de febrero, Humberto Roca padre y Humberto Roca hijo, nos pasaron a recoger por el hotel a las 09:00 en punto en un Jeep Toyota muy similar al Hummer, espectacular, cuando voy a subir, luego de dejar las llaves de la habitación en conserjería, no hallaba donde sentarme ya que solo quedaba libre el asiento del conductor, ante mi duda, Humberto me indicó que ese era mi asiento, no podía creer estar sentado al volante de semejante vehículo, realmente soñado.
Fuimos al desierto centro de la ciudad, por ser domingo, donde en el subsuelo de un edificio tiene una gran cantidad de autos antiguos, a partir de los ´60, es así que nuestros ojos se paseaban de un Escarabajo a un New Beattle, de un Mustang del ´68 a un Mustang 2007, pasando por un Cadillac ´80, V8, diesel, tracción delantera, toda una rareza; Corvettes, Mini Cooper, 2 CV, etc., etc..
Luego de regodearnos con tantas bellezas mecánicas, aceptamos la invitación para ir a almorzar a la casa de nuestro anfitrión, para agasajarnos aún más, viajamos más de 50 kilómetros para comprar la comida, vamos a un pequeño pueblo en las afueras de Santa Cruz, donde hay gran cantidad de puestos que se especializan en comidas en base de cerdo, es así como cargamos porciones como para un regimiento de distintos platos realmente sabrosos y muy típicos de la región; carga también ya volviendo unos helados en palito, picolés, tradicionales, en otro pueblo más cercano comprados en una heladería histórica del lugar que ostenta una gran placa de bronce en el frente señalando la importancia de ese comercio.
La calidez y sencillez de la familia Roca es destacable, nos atendieron y nos hicieron sentir como de la familia, solamente los que viajamos en forma frecuente sabemos del valor que tiene ser atendidos así a tanta distancia del lugar donde uno reside, no se trata solo de ser invitados con una comida sino de algo mucho más profundo; esto nos pasó además con todo el resto de nuestros nuevos amigos del Club de Autos Antiguos de Santa Cruz.
Aceptado el ofrecimiento del 4 x 4 para el día siguiente, seguimos en contacto con Mario, quien ya tiene todo organizado para ir a retirar el vehículo, seguimos atentos a toda la información sobre el corte.

Lunes 5 de febrero, no lo podemos creer, se levantó el bloqueo!!!!!!! Llamamos a Mario y lo liberamos de su compromiso, luego de agradecerle por todas las molestias que se había tomado, les avisamos a todos y partimos de inmediato, a las 08:00 ya estamos en camino rumbo a casa.
Las trancas, peajes, continúan una tras otras, hay que descender del vehículo para pagar, a veces, “a voluntad”, otras con recibos, algunas trancas son VIP, ya que los trapos que cuelgan de las sogas son limpios, otras son sucios colgajos de colores indefinidos, pero en todas hay que pagar.
Durante las primeras dos horas de viaje no nos cruzamos con ningún vehículo, lo que nos empieza a preocupar, pero en uno de los peajes nos confirman que sí, que el corte está liberado, al poco rato ya nos empezamos a cruzar con los camiones, decenas de ellos ansiosos por llegar a destino circulan rumbo Norte a grandes velocidades, por lo que debemos tomar todas las precauciones para que nuestro viaje culmine felizmente.
El espectáculo del cruce de Camiri es desolador, residuos, escombros y escasez de lo más indispensable reinan en la localidad, el ejército está por todas partes, apenas podemos cargar combustible y comprar agua, nada más, ni siquiera un paquete de galletitas había donde paramos.
Continuamos el viaje ya pasada la zona de conflicto, la ruta es muy buena, siguen las trancas y más trancas, una de las más curiosas está situada a la entrada de un puente ferroviario por el que se debe circular, es muy largo, de unos 300 metros y se circula sobre unos tablones que están arriba de los durmientes, para remate, hay que esperar que el paso esté libre del otro lado ya que se puede pasar de un solo vehículo a la vez dado que no admite más de uno, eso nos demora un buen rato ya que hasta que no pasen los de un lado, no puede ingresar otro al puente, dado que no existe ningún tipo de señalización ni ordenamiento, sencillamente de terror, para colmo de males, hace un calor tremendo y la larga espera convierte a nuestro motor en una caldera a punto de explotar, solo varios litros de agua aplacan algo la temperatura del V8.
Al fin llegamos a la frontera Yacuiba/Pocitos, el trámite de salida fue bastante sencillo, pero el de entrada nos llevó más de dos horas, un calor agobiante y largos y engorrosos trámites nos recibieron al regreso.
Por suerte la revisión que nos hicieron fue muy Light ya que a la mayoría les hacían vaciar todo el vehículo, a nosotros solo nos miraron por arriba, no nos preocupaba por lo que traíamos, sino por lo engorroso de bajar todo y volverlo a cargar.
El jefe de gendarmes era cordobés y conocía el programa Km X, así que por ese lado se alivianó la cosa.
No queríamos quedarnos en Pocitos, ya que los pueblos fronterizos por lo general no son los mejores, así que decidimos seguir a Tartagal aunque debiéramos manejar algo de noche.
No fue la mejor de las decisiones, ya que apenas oscurecido, nos metimos en un pozo que atravesaba media calzada donde dejamos buena parte de la suspensión, los dos amortiguadores del lado derecho pasaron a ser historia
Llegados a Tartagal, nos costó conseguir hotel con cochera, al fin nos decidimos por el primero que vimos, aunque no era de lo mejor, para circular por los alfombrados pasillos debía hacerse con un bolso 4 x 4 ya que lo orificios de las alfombras hacían que las ruedas de los bolsos comunes se encajaran en ellos.
Para no equivocarse, Hotel Argentino, Tartagal, no recomendable.

Martes 6 de febrero, intento de desayuno en hotel: Como excusa de que están cambiando de concesionario nos dicen que no tienen ni café ni leche, aceptamos mate cocido con criollos, cuando lo traen y vamos a servirnos azúcar de la azucarera se asoman varias cucarachas que nos hacen desistir de tomar nada en el lugar, terminamos desayunando en una estación de servicios cercana a la rutas, simple, pero sin cucarachas a la vista.
La ruta que continúa es muy buena, ya nos acercamos a destino, poco más de 1000 kilómetros nos separan de casa, pero como es mucho para un solo día, decidimos hacer un alto en Río Hondo, donde arribamos aún de día con suficiente tiempo como para disfrutar de un buen baño en la pileta del hotel, la que estaba totalmente a nuestra disposición ya que estimo que éramos los únicos huéspedes, una helada cerveza y un par de sándwiches hicieron aún más placentera la estadía.
Por la noche, luego de la cena fuimos a hacer nuestro habitual depósito en las arcas del Casino del lugar.

Miércoles 7 de febrero, Recta final, el último tramo de nuestro viaje nos aguardaba, sin problemas lo recorrimos y poco después del mediodía ya estábamos arribando a la gran ciudad, Córdoba nos recibió muy bien, a mí me faltaba el viaje a La Falda, pero este lo hice en mi vehículo de calle ya que dejamos el Ford en manos de nuestro amigo Iván Di Lalla para que le hiciera una recorrida, ajustando las piezas que pudieran haber sufrido algún problema por los malos caminos recorridos.
Así terminó nuestro corto viaje de 7000 kilómetros por hermosos caminos sudamericanos, viajando a través de desiertos interminables, verdes praderas y cordilleras nevadas con cuestas que hicieron sufrir al noble Ford y porqué no decirlo, a nosotros también, fértiles valles nos acompañaron, lo mismo que resecas montañas, fue un viaje espectacular, sin contratiempos que no pudiéramos solucionar nosotros mismos, realmente un viaje para repetir.
Ahora a planear el próximo; destino?, todavía es eso, solo planificación, una parte fundamentalpara que todo salga razonablemente bien y donde se empieza a disfrutar, planeando y soñando, luego en las rutas nos encontraremos con la verdadera realidad, la que por suerte, hasta ahora, no nos defraudó en ninguno de los viajes realizados.

Hasta pronto, Osvaldo Rodríguez

Un intrépido por los caminos de América Unió La Falda y Cuzco en un Ford V8. Corresponsalía LA VOZ DEL INTERIOR
La Falda. Osvaldo Rodríguez, de 64 años y vecino de esta ciudad, tiene dos pasiones a las que hace honor desde siempre: los autos antiguos y su espíritu de aventura.


Este año unió con éxito La Falda con Cuzco (Perú) con una cupé Ford V8 modelo 1940, teniendo como destino final la visita las ruinas de Machu Picchu, a las cuales arribó por tren. En esta oportunidad estuvo acompañado por Alberto Latorraga (27), como copiloto de aventuras. Pero Osvaldo tiene dos travesías anteriores, que lo hicieron famoso en el mundo de los apasionados por los autos antiguos. Por una parte, en 1994 viajó desde esta ciudad hasta Miami, acompañado por otros aventureros, Horacio Reggi y Victorio Strazza, quien abandonó su consultorio de odontólogo para sumarse al viaje en un impecable Ford sedan V8 modelo 1946.
Por otra parte, en 1998, Rodríguez concretó una travesía considerada histórica para este tipo de automóviles. A bordo de una máquina aún más antigua, un Ford modelo 1934, logró unir Ushuaia con Anchorage (Alaska), junto con Horacio Reggi recorriendo miles de kilómetros sin inconvenientes.


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